A la caza de: Joel Schumacher

Quizá el ente mas demente de Hollywood después de nuestro preferido James Cameron, sea esta rata de alcantarilla, que si bien se había mantenido a flote con un par de decentes películas, en términos generales se ha escondido en el anonimato comercial para no ser descubierto y aclamado como uno de los peores directores en la historia del cine. Lo cierto es que Joel, a pesar de hacerse querer matar recientemente diciendo que Val Kilmer fue el mejor Batman, es un insecto menor en Hollywood que ya nadie quiere aplastar ¿Será por misericordia? ¿Será porque la mancha en la suela del zapato puede costar más? ¡No! Sino por el simple hecho que el veterano realizador se ha encargado de enterrarse a él mismo desde ya hace algunos años.

A pesar de que la reputación del pobre Joel vale menos que la comida que guardo en mis encías después de 3 días, muchos de ustedes me han pedido darle cacería (Son crueles lectores, muy crueles), pues no vaya a ser que se levante de su tumba y nos sorprenda con otra porquería monumental haciéndole parecido a esa palomita atorada entre los dientes, tan molesta, que no se quita ni acabándonos la pasta dental.

Definitivamente los premios Razzie se deberían llamar los “Joel Schumacher”. Veamos porque en nuestra cacería mensual a este “director” neoyorquino de más de 20 films

El buen Joel comenzó su experiencia cinematográfica hasta los 37 años con algunos guiones  sin pies ni cabeza que respondían a algunas comedias  y musicales centrados en la cultura afroamericana, de hecho, fue el culpable de la adaptación neoyorquina musical vomitiva de El Mago de Oz llamada The Wiz (1978), que también le otorgó un chicle pegado en el zapato al que a diferencia de él, si llegara a convertirse en una leyenda: Sidney Lumet.

Para 1981 Joel estaba listo para comenzar su nefasto paso como director con otra comedia llamada The Incredible Shrinking Woman, film de mucha pena y nada de gloria que aún se usa como relleno televisivo en canales de paga por las mañanas (para que nadie corra el peligro de observarla). Le seguiría una película protagonizada por el mismísimo Mr. T (D.C. Cab, 1983) y otra llamada St. Elmo´s Fire, que alcanzó cierta notoriedad gracias al grupo de escuincles mediocres conocidos como “Brat Pack”.

Aún cuando muchos afirman que su siguiente película es una joya juvenil ochentera, la triste realidad es que The Lost Boys es el equivalente ochentero de basuras comerciales como Twilight; respondiendo a la demanda de la generación X, Joel no escatimó en romper para la época el misticismo vampírico, ofreciéndolo de sacrificio con un libreto que se asemeja a un programa de variedad cómica. Si bien el film lanzó a Kiefer Sutherland al género sombrío que le otorgaría  cierta popularidad como histrión, el realizador acabaría la década con la confirmación de su quehacer cinematográfico falto de toda calidad, centrándose ahora en la comedia romántica con el infumable Ted Danson en Cousins.

Los 90’s de Schumacher se asemejan a un tallo de pasto nacido del estiércol; la primera buena noticia es que el maestro de la cochinada fílmica dio cuenta, después de varios fracasos, que la comedia no era lo suyo (¿¡En serio?!), entonces, por arte de magia aparece su primera incursión ajena al género donde de nuevo el protagonismo juvenil ambienta una historia de horror SF sin buenos resultados; Flatliners o Línea Mortal para los no bilingües (¡WTF!), de nuevo se convertiría en una película muy sobrevalorada que cautivó a la todavía prolífica generación X amante de los peinados altos.  Sin embargo, y después de insistir con otra burda comedia romántica con todo y Julia “engaño de actuación” Roberts (Dying Young, 1991), Schumacher por fin daría pie con bola y procrearía su único decente film.

Falling Down de 1993 significaría el único acierto de su carrera, una especie de thriller y road movie que sigue el iracundo día de un Michael Douglas encabritado por todo. El trabajo más redondo del realizador en el cual se agradecen las excelentes participaciones del mencionado protagonista y de Robert Duvall, el cual encarna al detective encargado de perseguir a ese perro sin correa. Al menos Schumacher nos enseñó que hacer si en McDonalds no nos quieren dar desayuno después de medio día, y con estilo.

Para 1994, el buen Joel repetiría en el thriller quedando muy lejos de la genialidad y frescura de su anterior “Día de Furia”, ya que The Client de 1994 solo auguraría el comienzo del fin.

Si bien Burton en sus añejos buenos tiempos había rescatado la figura de Batman de la comicidad televisiva y fílmica para posicionarlo con el respeto merecido como una figura sombría con un par de films de bueno a decente,  el buen maestro Schumacher se encargó de tirar todo a la jodida y regresar al murciélago a las épocas de Adam West, con un extra de toque épico de ridiculez presentando hasta la bati tarjeta de crédito ¡Pero qué falta de decencia! Así Batman Forever (1995) y Batman & Robin (1997) se convirtieron en quizá las peores películas adaptadas del comic. Como mención aparte, la última fue nominada a 11 Razzie, ganando uno para la insoportable Alicia Silverstone.

Entre las mencionadas aberraciones, el director se encargó del thriller Time to Kill (1996), el cual junto a la consecuente 8MM (1999), denotaría un aspecto y efecto cósmico interesante en su filmografía que hasta ahora no había sido tan obvio y esclarecedor. Como la mierda, Schumacher atraía moscas, característica que no solo hundían a sus films en disparates redundantes, sino que le daban oportunidad a escobas y trapeadores andantes tales como Nicolas Cage y Sandra Bullock  de pararse en pantalla a quemar lo ya destruido.

Ni siquiera Robert De Niro, Philip Seymour Hoffman o Anthony Hopkins podrían solventarle sus horrendas comedias de acción (Flawless en 1999 y Bad Company en 2002), así que Joel se dedicaría nuevamente a contratar ladrillos actorales como Colin Farrell para protagonizar el film bélico Tigerland y la asquerosa y aburrida Phone Booth de 2002. Esta última en particular representó un intenso dolor de cabeza al tener que aguantar la faceta de modelo de pasarela de Farrell y el ritmo de la narración, que como disco rayado, se reiniciaba cada 10 minutos.

Muchos podrían decir que su siguiente drama Veronica Guerin podría ser su más aceptable cinta, sin embargo aquí la que prevalece es solamente Cate Blanchett, la cual en base a la investigación sobre su personaje, ella misma estructuró una actuación que sobresalía inmensamente del mismo film, así que Joel se quedó en solo un peldaño para que la actriz consiguiera una nominación al Globo de Oro. Por si esto no fuera suficiente humillación, el director se haría cargo de su producción más espectacular, un musical adaptado de la obra y novela de The Phantom of the Opera con resultados funestos (solo resaltando el escote de Minnie Driver), una grosería que nunca se definió entre el drama, el romance e inclusive en el chiste de su puesta en escena.

Acostumbrado a joder todo lo que dirige, produce o escribe, desgraciadamente sería Schumacher el que acabaría con la temporada actoral de Jim Carrey, el cual venía sobresaliendo histriónicamente tras The Truman Show, Man on the Moon o Eternal Sunshine of a Spotless Mind, sin embargo con The Number 23, la mencionada racha se terminaría para al parecer nunca más regresar. Podríamos decir que el trance de calidad actoral de Carrey fue saboteado, ultrajado y brutalmente violado por Joel Schumacher.

Tardaría dos años en volver con un trío de cintas que discriminaban completamente al arte. El thriller de horror Town Creek (2009), el thriller de acción Twelve (2010) y por ultimo su más reciente Trespass (2011), las cuales solo se convirtieron en la confirmación de la pregunta ¿Quién carajos es Joel Schumacher? Y ¿Por qué Nicole Kidman acepta trabajar con él? Dos cuestionamientos que se resuelven fácilmente, y es que Joel quizá no sea recordado por ser uno de los directores más horrendos que han pisado la faz de la tierra, pues no hay necesidad, un bicho menor, absurdo y de un cine desastroso, que será solamente recordado como se merece, como el que le puso pezones a Batman.

Pobrecito, inclusive cuando quiere tomar relevancia diciendo una que otra sandez a la luz pública ya nadie le hace caso. A sus casi ya 73 años (cumple años este mes), Schumacher debería pensar en el retiro, pero al parecer las productoras también le tienen lástima mientras lo dejan filmar otra segura idiotez. Al menos durante el año en curso y 2013 no tendremos que soportarlo, así que mientras se mantenga escondido, este despreciable ser no necesita ser torturado brutalmente, sino solamente dejarlo vivir en su mediocridad.

Dedicado para todos aquellos que pidieron su cabeza, recuerden que el cazarrecompensas no busca millones, sino simplemente sus comentarios y peticiones ¿A quién quieren dar cacería?

 

Sobre el Autor

Ente veraz y directo creado por un individuo Licenciado en Mercadotecnia y Relaciones Comerciales que siempre anda preocupado por el apoyo y fomento del arte y la cultura de Jalisco. Productor, director y guionista en varios proyectos. Cinéfilo de corazón y crítico crudo por vocación. Sigueme en twitter @El_Fett

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