Arden pantallas con el Fuego de Guillermo Arriaga

Si bien nos regaló la célebre Babel, desde Los Tres Entierros de Melquíades Estrada Guillermo Arriaga no nos ofrecía una película tan conmovedora.

Con el incandescente sello personal de historias cronológicamente fracturadas al que nos tiene acostumbrados, el mexicano – orgullosamente nacido en la Colonia Unidad modelo del D.F. – supera la prueba de la primer película dirigida: se saca la espina y achicharra con “Fuego” (The Burning Plain, 2008) a cualquier director que pertenezca a su filmografía pasada.

El incendio de un tráiler a la mitad del desierto enciende una intersección de historias de amor cuyo combustible son las grandes actuaciones. Los motivos de los personajes son tan claros y humanos que, tras una chispeante travesía por el presente y el pasado, el hilo de la narración completa adquiere una profundidad digna de Arriaga.

En su mejor interpretación desde Monster, Charlize Theron resplandece con el personaje pivotal de la obra: Sylvia, una desconsolada gerente de restaurante en Oregon que sofoca la combustión del pasado a través de sexo desordenado con extraños y dolor físico autoinducido. También brillante, Kim Bassinger incendia en el papel de Gina, viviendo la pasión de un amor prohibido y bicultural cuyas consecuencias inflamarán la trama. A su vez, José María Yazpik se une al magnífico grupo de intérpretes (Jennifer Lawrence, J.D. Pardo y John Corbett) perfilándose como el actor nacional del año – tras participar en la también quemante Abel–, en esta ocasión interpretando a Carlos, un mexicano que avanza la historia vestido como estereotipo: bigote, inglés mal pronunciado y un inevitable dejo de romanticismo.

Importante notar la maestría del director para detonar en los actores las emociones que crepitan durante los silencios. Arriaga confiesa su técnica: por ejemplo, hizo pensar a Theron en el olor de la leche materna que su personaje nunca dió a la hija que abandonó. Así, uno de nuestros chilangos más internacionales logra la temperatura dramática necesaria para inflamar la pantalla aún sin diálogos.

La hermosura de la historia radica en que, tras las llamas de distintas formas de amor –entre madres e hijas, entre parejas, entre amigos, entre amantes secretos– aprendemos que el fuego también cauteriza. La segunda oportunidad, el perdón y la reconstrucción personal hacen de Fuego una cinta abrasadora e inolvidable, que seguramente enorgullecerá y complacerá a todos los mexicanos que esperaron durante dos años el regreso del maestro Arriaga.

Sobre el Autor

Mexicano, de formación en relaciones internacionales con especialidad en estudios sobre integración europea, cuenta con experiencia en el seguimiento y operación de negocios internacionales desde Asia y Europa hacia Iberoamérica. Cinéfilo y políglota, ha publicado en diversos medios iberoamericanos. Actualmente se dedica a la creatividad enfocada a la mercadotecnia digital. Desde 2005 codifica personalmente el blog http://demimanoatusojos.blogspot.com.

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