Argo: Exactitud sin perfección

La confirmación de una hasta hace pocos años escondida genialidad, Argo es muestra de exactitud cinematográfica, un film tan correcto en muchos ámbitos que su misma manufactura la hace difícil de reseñar, pero que al mismo tiempo es una exquisitez apreciar. Con esta, su tercer cinta en el banquillo de director, un tal Ben Affleck reafirma que nos tomó a todos el pelo cuando hace mas de 20 años tomo una faceta falsa como actor, dejándonos en claro que lo único que pretendía era hacerse poco a poco camino hacia el guion y posteriormente hacia la dirección, posición que le sienta bastante bien, como si el banquillo lo hubiera estado esperando por un largo tiempo.

Sin embargo, al parecer el cineasta no aprende su error, cayendo en la pretensión de su actuación, elemento ya recurrente que parece más un berrinche y que ha demeritado algunos aspectos de su obra y, que en esta ocasión, se convierte en la principal barrera para que su cinta no alcance la perfección buscada. Si, desgraciadamente Affleck sigue actuando, pero no es la suficiente excusa para no regocijarse y por un mínimo lapso de tiempo reconciliarse con Hollywood, al hacer mancuerna espectadora con un autor que conoce su oficio y plasma su arte de una manera fresca, con un estilo y tono diferenciados y una cinta de gran valía.

 

La curiosa dirección de Ben Affleck

Basada en hechos reales, Argo carga su mitología en el mismo título, una producción cinematográfica falsa diseñada por la CIA y algunas figuras de la industria fílmica a finales de los 70’s y comienzos de los 80’s, para rescatar a 6 rehenes americanos de Irán con la colaboración de la embajada canadiense. Un interesante apartado histórico relatado por el periodística Joshuah Bearman, que ve en la figura del guionista Chris Terrio una adaptación respetuosa, que separa eficazmente los dos escenarios (Hollywood y revolución) y no se pierde en sub tramas innecesarias dotando a Affleck del material debido para plasmar un ágil film.

Hay que aplaudir el origen de la idea, con una producción donde resaltan las figuras del mismo Affleck y George Clooney, que buscaron una historia de interés y poco conocida para sobre de ella agregar el arte del cine.

Las mayores virtudes de Argo son sin duda su ritmo y la conexión de sus historias, perfecto engranaje ahora construido por el cineasta que hace que el relato fluya de manera natural en dos planteamientos narrativos: el cómico, que se cimenta en el glamour de Hollywood y la ficticia producción cinematográfica (que también sirve como un entrañable homenaje a las películas de ciencia ficción de la época), y el dramático, centrado en la planeación y operación de inteligencia por parte de la CIA para sacar de suelo hostil a sus rehenes.

Hay que separar al director del actor, el primero hace que las historias se comulguen perfectamente, con participaciones precisas y en donde la introducción y el desarrollo están narrados en función del clímax y su conclusión, por lo tanto, estamos ante una cinta inteligentemente construida para alcanzar la emotividad en su acto final, a través de un trepidante suspenso y solventado en un trabajo de montaje excelso que transmiten la desesperación, el miedo y la adrenalina, y que logra la empatía necesaria hacia con los involucrados. La pericia del cineasta se denota en este mencionado acto final, haciendo que el escenario cobre vida y colocando a todos sus elementos en el lugar exacto y con el timing indicado.

Affleck redondea su trabajo con una dirección de actores precisa que, aunque quisiéramos que se extendiera a sí mismo, alcanza a explotar a la mayoría de sus histriones sorteando ciertas estructuras de identidades gracias a que la misma tridimensionalidad está basada en la operación en si y no en sus personajes, aspecto que se obvia cómo erróneo cuando se aborda a medias tintas, como en el caso del protagónico.

Mención aparte para la fotografía, que se adhiere al explosivo y peligroso ritmo de su historia, pero también resaltando los colores americanos en escena. Por otro lado la banda sonora es sensacional, con ciertas pistas que distinguen la época y se convierten en el deleite auditivo del también amante del rock y los finales musicales de los 70’s

 

La desgraciada actuación de Ben Affleck

Si tuviéramos que escoger uno de los planteamientos en el apartado actoral, tendríamos que seleccionar aquel en donde la falsa película se va desarrollando, ya que el director consigue mas solvencia histriónica gracias a las participaciones de John Goodman (que aún así se muestra un poco desmotivado) y de un excelso Alan Arkin, el cual carga con el peso histriónico de toda la cinta en el papel del productor y artífice de la falsa Argo. La veracidad alcanzada por este par de experimentados camaleones da al Hollywood de aquella época la credibilidad necesaria para el desarrollo de la trama.

Por otro lado, la planeación de la operación se ve ensalzada por Bryan Cranston, el progreso de esta gracias a las victimas rehenes, pero en todo esto Affleck parece una roca andante, en carne de un Tony Mendez que se queda a medias entre la estructuración de su personaje y su accionar hacia con el motif de la trama. Debemos agradecer al Affleck director que su cautivante relato solventa al Affleck actor, que a diferencia de todos sus colegas y dirigidos, no logra pizca de credibilidad como un agente de la CIA encargado de una operación arriesgada teniendo como peligro a toda una ciudad furiosa con su nacionalidad. Esta falta de talento en el rubro incluso hace que los primeros actos del film carezcan de peso en comparación a su extraordinaria conclusión. Definitivamente el sorpresivo y grato director debería pensar seriamente en dejar de actuar.

¿Hay que verla?

A pesar del berrinche actoral, el libreto y la misma dirección funcionan, Affleck mantiene la atención haciendo una correcta película, pero no extraordinaria, un film que clama por mostrar las bondades del lenguaje cinematográfico a través de un autor con oficio y en búsqueda de la trascendencia, la cual no se ve nada lejana con un film que muestra la madurez en sus recursos narrativos, en su eficaz manejo del suspenso, en su magnífica transmisión de desesperanza y que, con las reglas establecidas de Hollywood (que incluyen ciertos clichés de la vida americana), muy seguramente estará en la mira de Oscar y de muchos círculos de critica en las próximas ceremonias de premiación.

En conclusión, una eficaz cinta, la madurez de Ben como director y la antesala a una muy posible entrada a las ligas mayores de los directores americanos.

Sobre el Autor

Ente veraz y directo creado por un individuo Licenciado en Mercadotecnia y Relaciones Comerciales que siempre anda preocupado por el apoyo y fomento del arte y la cultura de Jalisco. Productor, director y guionista en varios proyectos. Cinéfilo de corazón y crítico crudo por vocación. Sigueme en twitter @El_Fett

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