Frankenweenie: ¡Niños! Les presento al absurdo Tim Burton

Ya hemos hablado hasta el cansancio de Tim Burton, un director que lamentablemente ha confirmado su estatus de artista de momentos, sin la suficiente calidad autoral y narrativa para justificar su variada y constante filmografía que desde hace ya muchos años ha caído en la repetición y podredumbre argumental. Batman, Bettlejuice, Edward Scissorhands, Big Fish y Ed Wood ya han quedado atrás como referentes de lo que alguna vez fue y como base para la consecuente serie de refritos en lo que se ha convertido su carrera.

Su poca valía artística y vergüenza cinematográfica quizá se deban a una serie de acontecimientos y mitos que han rodeado su vida (su matrimonio, su ya absurda y comercial asociación con Johnny Depp y/o su adhesión al mundo Disney), sin embargo, sus últimas dos cintas han confirmado lo innegable: Tim Burton es un mal director, un cáncer del séptimo arte que busca a través de meros esfuerzos comerciales seguir vigente aún cuando estos carezcan de toda pericia y madurez en el lenguaje cinematográfico.

De esas dos se desprende Frankenweenie, una animación en stop-motion, remake de una idea original del director que llevó a cabo en formato cortometraje al principio de su carrera y en donde demuestra que ya no le es posible mantener una línea narrativa lógica, coherente y capaz de convencer a la industria y espectadores de que al menos estamos ante aquel que dirigió Ed Wood y/o Batman.

 

Lo que bien empieza mal acaba

Así como su carrera, los tratamientos de Dark Shadows y Frankenweenie son una perfecta analogía de su declive como autor; centrándonos en esta última, Burton, a pesar de desarrollar y demostrar el dominio sobre su relato en ¾ de su metraje, pareciera hacia el final que en su afán de pretender todo, termina por destruir una historia incluso conmovedora y respetuosa de la obra original de donde proviene.

Estamos ante la clásica historia de Frankenstein de Mary Shelley, centrada esta vez en un suburbio americano en donde un niño ermitaño y amante de la ciencia termina por revivir a su perro después de que este es trágicamente atropellado. Al principio el cuento resulta ser ágil, una plausible adaptación para que los niños conozcan a través de la magia del cine uno de los más conocidos relatos de la literatura y adentrarlos en un universo crudo y sombrío, pero también amable y divertido; todo esto mientras se desarrolla la llegada de un nuevo maestro, la competencia entre los estudiantes y la esperada llegada de la feria de ciencias (la cual nunca llegará).

Estos factores hacen que el adulto incrédulo ya del director pueda dejar pasar los pecados y repetitivos estereotipos burtonianos: vemos a extractos infantiles de Johnny Depp, a la Winona Ryder de Bettlejuice y Edward Scissorhands, a los personajes y ambientación de esta última y ¡Esperen! También a su mismo argumento. A pesar de esto, todo se deja pasar gracias a la naturaleza de la historia y del formato, su buena decisión en traducirlo a blanco y negro y con una de las técnicas de animación, aún en estos días, no solo características del realizador, sino también honorables por su manufactura artesanal.

Ok Burton, sabemos ya que esto es un refrito 3×1 (Frankenstein, Edward Scissorhands y el homónimo cortometraje) hecho y dirigido para que el infante que no conoce tu mediocridad fílmica pueda ser atrapado entre tus manos atadas por Mickey Mouse ¿Disfrutable? Si ¿Conmovedora? En momentos ¿Dominada? Todo parecía así hasta el final.

Un producto fílmico debe analizarse como tal, ya sea si es un film de corte adulto o infantil, siendo lo que hace Burton abominable para la conclusión de su cuento oscuro e infantil. No teniendo suficiente reciclando 3 de sus temas preferidos una vez más, el realizador sencillamente denota que no conoce como terminar su film, decidiendo dar un giro abrupto y grotesco, grosero para la inteligencia y coherencia de un guion y que hace que la misma Shelley se retuerza en su tumba. Burton decide que esto no será más una adaptación de Frankenstein, sino que también lo será de Godzilla, de El Mago de Oz, de los Gremlins y de Drácula, colocando y explotando elementos que pretenden hacer un homenaje a la cultura fílmica de las ya mencionadas criaturas, pero que resultan en una ensalada asquerosa que rompe toda la lógica del libreto, inclusive, la misma creación del motif (Frankenweenie) de la cinta.

El niño puede no conocer la filmografía burtoniana, pero con todo y la saturación de gags cómicos, toda una sala, infantes y adultos por igual, puede llegarse a preguntar ¿Qué carajos es lo que estamos viendo? ¿A qué hora una tortuga se convirtió en Godzilla? (Créanme que por un momento pensé que se podía convertir en una tortuga ninja) El mensaje de amor queda sobrepasado por lo ridículo de estos elementos en donde criaturas muertas gracias a la electricidad reviven y hacen una especie de remembranza a monstruos y bestias de antaño en el cine a través de un relato que ha perdido todo su encanto y mensaje central ¡Patético!

No obstante a Burton le hace falta rematar su brillante idea, suponiendo que nadie notará que la secuencia final de persecución en un molino ardiendo en llamas ya se ha explotado (en el cortometraje de original también se puede apreciar con limitados recursos) en otra de sus mediocres cintas (Sleepy Hollow), el realizador forzará todo los cabos sueltos para llevarnos a un hasta cierto punto comprensible y esperado final en la misma línea argumental que olvidó 20 minutos atrás. Burton concluye con el objetivo de su reciclaje ¡Tomarnos el pelo nuevamente a todos!

 

¿Hay que verla?

Demasiadas oportunidades se le han brindado al director. Sin embargo, lo cálido y conocido de su formato podrán acarrear a algún enamorado noventero en la búsqueda de que sus escuincles conozcan a través del cine un cuento clásico ¡Totalmente justificable! Sin embargo, hay que tener todas las reservas con esta cinta circunstancial que solo busco a través del refrito de escenas, causar una especie de reivindicación entre los viejos conocidos y conocimiento entre los nuevos espectadores, los cuales también han de ser educados por sus padres para saber que la filmografía de Burton es embaucadora y terriblemente mediocre, con el sano permiso de ahondar entre aquellas obras que lo catalogan aún en estos tiempos como uno de los mas sobrevalorados cineastas de la industria.

Que te vaya bien Tim Burton ¡Tu muerte cinematográfica está firmada con tu autógrafo en stop-motion y blanco y negro!

Sobre el Autor

Ente veraz y directo creado por un individuo Licenciado en Mercadotecnia y Relaciones Comerciales que siempre anda preocupado por el apoyo y fomento del arte y la cultura de Jalisco. Productor, director y guionista en varios proyectos. Cinéfilo de corazón y crítico crudo por vocación. Sigueme en twitter @El_Fett

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