Quentin Tarantino ¿Un influenciado o un influyente?

Pocos son los autores que crean un estilo, pero también son pocos los que reinstauran otros, y definitivamente Quentin es una bizarra y grandiosa combinación de ambos. Aunque algunos son sus detractores, uno de los directores americanos más emblemáticos de la historia es también poseedor de un carisma y un excentricismo que lo hacen punto de referencia no solo para la industria fílmica comercial de Hollywood, sino también para los círculos más estrictos y refinados de la crítica, los festivales más prestigiosos (Donde ha competido y ganado en algunas ocasiones) y hasta para el mercado del videohome.

Todas estas características no son extrañas al conocer su origen independiente, pero lo que sí es de aplaudir, es que Tarantino a través de su carrera fílmica se ha convertido en una especie de director influenciado que influencia a las nuevas generaciones, haciendo que todos sus relatos sean una amalgama exquisita de muchos estilos y géneros cinematográficos. Incluso, quizá se le deba al oriundo de Tennesse el acuñar el termino noir para toda una generación que buscaba su identidad artística, social y cultural en la década de los 90’s y, que al pasar de los años, lo haya confirmado al también congeniar dichas bases artísticas en géneros cómo el bélico, el de artes marciales y sobre todo el western.

Un amante de la violencia y su estética en el cine, también punto de referencia para sus tramas, Tarantino suele, mientras rinde su homenaje, retomar esos recursos casi ya en desuso para a través de una variada gama de elementos audiovisuales, crear un desarrollo único que a la fecha le han servido como referente ya de un estilo narrativo, por lo tanto podemos decir que el director es un homenajeado que homenajea constantemente en cada uno de sus films.

Veamos por lo tanto si Tarantino, tildado en veces de ser un autor copia de otros géneros con solo el tema de venganza por contar, supera la regla del cazarrecompensas. Ocho son sus largometrajes y con el ya próximo estreno de Django Unchained en suelo latino, se hace justo y necesario analizar su obra (incluyendo esta última).

5. Excelsa

4. Buena

3. Mediocre

2. Absurda

1. Cochinada

0. Sin comentarios

Como si se tratase de la estructura de uno de sus personajes, hay que conocer los orígenes de su persona para comprender su cine. Criado por su madre y de descendencia italiana e irlandesa, el primer acercamiento que Quentin tuvo con el arte fueron sus clases de teatro (de influencia sobreexpuesta en su cine), sin embargo el joven de 15 años en el transcurso del abandono de su s estudios para centrarse al 100% en sus clases de actuación en Toluca Lake, comenzó a sentir una extraña fascinación por las películas de kung fu que fue adquiriendo y coleccionando mientras trabajaba en un videoclub en Manhattan Beach, zona de gran afluencia interracial.

Con sus objetivos claros de convertirse en un cineasta pero con las limitantes económicas de su condición, para 1991 Tarantino y su amigo y colega Roger Avery ya preparaban una producción adepta a sus estatus, el guion llevaba como nombre Reservoir Dogs, el cual antes de ser llevado a cabo por todos los amigos de barrio del futuro cineasta, fue a caer en las manos del productor Lawrence Bender y el actor Harvey Keitel, los cuales le propusieron llevarlo a cabo de manera profesional y contando con un mediano presupuesto y un gran elenco. El film instantáneamente se convirtió en un clásico tras su proyección en el Festival de Sundance, donde incluso algunos espectadores tuvieron que salir de la sala gracias a la memorable secuencia de la oreja cercenada, digna ejemplificación del estilo de su autor que hasta la fecha nunca ha traicionado.

Así, Reservoir Dogs exploraría la primera gran tendencia e influencia de Tarantino, la escena teatral, al dotar al relato de inteligentes y hábiles diálogos en largas secuencias de conversación que serían sencillamente magistrales gracias también al ritmo impreso por el director, su exquisito sentido del humor y su vasta sapiencia musical. Un evento de gran suspenso se desarrolla frente al atraco fallido de una serie de gánsteres que solo responden a nombres claves que hacen alusión a colores; es esa contrariedad (ladrones vestidos de blanco y negro que responden a nombres de colores) la que Quentin explota en todo su narrativa, dejando que la pisque del personaje actúe por si sola en una irónicamente divertida y sencilla oda al crimen y a la violencia. Aún con el corte independiente y los bajos recursos hay quienes aseguran que esta es su más grande obra, lo cual su servidor no termina comprender pues, si, es magnífica, pero cuando se le compara con lo que vino dos años después…

La fama de Tarantino se maximizaría de manera impresionante y, antes de viajar a Holanda para dedicarse a idear su sinfonía y legado por excelencia, dejaría en manos del ya fallecido Tony Scott y de Oliver Stone dos guiones que incluso había terminado antes de Reservoir Dogs. El primero, True Romance significaría para Scott indiscutiblemente su mejor film; el segundo, Natural Born Killers, sería maliciado por Oliver Stone, entregando aún muy buenos resultados, pero alejándose del planteamiento original de Tarantino.

1994 sería el año para la temprana consolidación del director, con un film que evocaría y al mismo tiempo resucitaría el más limpio concepto noir que se haya visto en mucho tiempo. La obra maestra de Tarantino originaria también su influencia en el cine, con un desarrollo narrativo de historias entrecruzadas en una fábula criminal perfectamente estructurada, con personajes hasta hoy de culto y una dosis de violencia y humor equilibrados con el manejo del suspenso y el erotismo (Aquí se desprende el fetiche por los pies de sus féminas), dignos de un director que pareciera haber tenido 20 años en el negocio, con un manejo soberbio de todos sus elementos, un increíble manejo de actores y sus ya típicos diálogos que pueden convertir una simple conversación sobre comida rápida o masajes en los pies en momentos memorables.

Pulp Fiction se llevaría la Palma de Oro en Cannes y le entregaría el reconocimiento de Hollywood a través del Oscar y Globo de Oro a su original y fresco guion. El cine no sería el mismo después de 1994, pues la formula intentaría ser recreada de distintas formas, pero nunca equiparada.

Dándose el lujo de escribir y actuar para su compadre Robert Rodriguez, Tarantino caería en ligero bache en 1997 con su próxima cinta de corte gansteril Jackie Brown, un fallido intento por recrear el mismo su fórmula anterior, pero que veía su principal desventaja en la fuente original (la novela Rum Punch), la cual no resultó ser del todo adaptable para su tono y estilo, desembocando en una proliferación de personajes que al final desmeritaron su corte final y la narrativa en general.

Sin perder su nacionalismo y sin alejarse de su tema gansteril, Tarantino ahondaría ahora en ese género que tanto le sirvió  en su juventud para no solo conocer otros recursos técnicos sobre el lenguaje cinematográfico casi prescindibles para la industria de occidente, sino también para fomentar toda la tonalidad de su filmografía. Después de un largo exilio y junto a su siempre amor platónico Uma Thurman, visualizaría una historia atípica para el estándar americano, simple sinopsis de venganza, pero maravillosa en su forma y compleja en su contenido. De 2003 a 2004 dividiría el relato en dos volúmenes, Kill Bill se convertiría en su única saga en donde el cineasta desplegaría una serie de clichés y técnicas que si bien servirán para un serio homenaje al subgénero de artes marciales, también confirmarían su independencia autoral sin dejar de lado sus ya características variables (violencia, venganza, pies femeninos, kung fu). El primer volumen sería ensalzado por una gran desempeño de Thurman en el protagónico, el manejo preciosista en su amplia paleta de colores servidos para la violencia, sus largas secuencias de pelea respetando el estilo audiovisual de oriente y un soundtrack imponente, sin embargo, fue el segundo capítulo el que mostró y obvió por fin la verdadera gran influencia en su cine: el western; Tarantino construye una odisea del vengador clásica ya en el género donde nuevamente Thurman termina por estructurar su personaje, pero que ve en su excelso corte final la explosión y estructuración de las figuras antagónicas y un guion sumamente inteligente que esconde lo cliché y meramente “normal” de su argumento y lo transforma en toda una experiencia cinematográfica. Un verdadero logro para el cine y su filmografía equiparable a su Pulp Fiction.

3 años pasarían y Tarantino viviría una época de excesos y esparcimientos, primero disfrutando dirigir un segmento de Sin City y después construyendo un proyecto junto con Robert Rodríguez que buscaba servir de homenaje al cine serie b y las funciones 2×1 de media noche. El proyecto se llamó Grindhouse, siendo el segmento sobre un doble de riesgo que gustaba de asesinar a las féminas a bordo de su automóvil el ideal para el cineasta, sin embargo, Death Proof resultó ser el ejercicio más flojo de su carrera, centrando su hasta ese momento escondida pretensión narrativa en aburridos y redundantes diálogos entre sus protagonistas que causan que el film para su segunda mitad sea semejante a una potente pastilla para dormir después de una más que atractiva presentación de su asesino protagonizado por Kurt Russell.

Quizá la naturaleza de su género y formato sean el porqué del absurdo en el que cayó Death Proof, pero su siguiente film revelaría el pecado de su vida artística: la pretensión, principal arma para armar un guion que se había reservado y terminado desde antes de Kill Bill y con el cual entregaría una buena película, pero con ciertas deficiencias en su desarrollo. Inglorious Basterds sería llamada por él mismo como “su mejor obra” (haciéndole alusión en el último dialogo del film), pero la realidad dista de lo dicho. Su séptima cinta gozaría de una de las mejores actuaciones del nuevo milenio y, aunque su relato recae y se justifica en una fantasía bélica sobre la muerte de Adolf Hitler de manos de un comando especial de judíos americanos, Tarantino relegaría a esos mismos protagonistas a un término secundario, dejando la esencia de su nombre solo en la moraleja (por así decirlo) de su final, pero perdiendo el equilibrio entre sus 3 historias cruzadas que al final solo sirven para construir secuencias de verdadera tensión, memorables cuadros que ven su pináculo tanto en la actuación de Cristoph Waltz, como en los nuevamente utilizadas largas escenas con diálogos y resoluciones sumamente inteligentes. Digamos que, su mismo original y fresco guion fue demasiado para su  adaptación a la pantalla ¿Irónico no?

Como todo autor calculador y obsesivo por alcanzar lo excelso en cada uno de sus films, Tarantino esperaría 3 años más, esta vez para retomar su origen nunca antes tomado y en donde se fundamentan todas sus influencias. No es coincidencia entonces que Django Unchained sea una plataforma para todo el despliegue de su estilo que ve su penitencia en los excesos de su tonalidad para abordar el western. Un film nuevamente con un guion monumental y actuaciones memorables (Mención honorifica para quizá el mejor papel de DiCaprio, que demuestra nuevamente la labor de actores del director), pero que en su tratamiento en pantalla grande nuevamente se nota redundante, con abuso de sus recursos ya característicos y con muchos rellenos narrativos que obedecen a una cierta y desgraciada verdad: como un buen y clásico western, su historia es lineal y no de historias cruzadas ¿Curioso no? Por lo tanto no es ninguna coincidencia que la mejor virtud de Django se resuma nuevamente a las escenas donde sus personajes sentados y con una mesa de por medio enfrentan y/o explotan el conflicto final, pero en donde también hay que agradecer que el director se arriesga a presentar una gran secuencia de acción, tiroteo y suspenso de también de gran ritmo y posterior buen desenlace haciendo claro homenaje a sus orígenes italianos.

¿Repetitivo? ¿Pretencioso? ¿Excéntrico? ¿Fetichista? Quizá los cuatro, pero en la regla del cazarrecompensas y gracias a su estilo único y su buen manejo de personajes, Tarantino obtiene un 3.8, un buen director en manos de su pretenciosidad e independencia narrativa. Su mejor tiempo y la creación de su mito quedo en los 90’s, pero su influencia aún perdura, siendo también un obvio influenciado.

 

Sobre el Autor

Ente veraz y directo creado por un individuo Licenciado en Mercadotecnia y Relaciones Comerciales que siempre anda preocupado por el apoyo y fomento del arte y la cultura de Jalisco. Productor, director y guionista en varios proyectos. Cinéfilo de corazón y crítico crudo por vocación. Sigueme en twitter @El_Fett

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