Ridley Scott ¿Mediocre presumido o genio justificado?

De personalidad férrea y ególatra, al ya legendario director británico solo le bastaron 6 años para forjar su nombre en los registros míticos del a cinematografía; un debut de marca indeleble y dos consecuentes joyas de la ciencia ficción que han trascendido a través de toda la historia, fueron esenciales para soportar una debacle que tardaría 18 años en sobreponerse. Scott es un autor de géneros, no un director camaleónico que justifique su exquisito estilo en otros rubros a los que sencillamente parece no estar acostumbrado, donde se siente extraño y como pez fuera del agua, es un verdadero y completo inútil.

Con 19 películas en su haber, el sangrón de Ridley sabe que su carrera está a un paso de la borda, y como su Thelma y Louise, no le queda otra que salir avante o sencillamente suicidarse artística y autoralmente hablando ¿Un burro que toca la flauta? ¿Un artista de malas elecciones? ¿Un mamón que no acepta sus errores? ¿Un brillante realizador en depresión? A solo 3 días del estreno de Prometheus, este cazarrecompensas se ha dado a la tarea de analizar con peras y manzanas la obra de Scott bajo su ligera, realista y eficaz regla de rendimiento cinematográfico, la cual nos dará la respuesta final y elemental de ¿Quién es Ridley Scott?

5. Excelsa

4. Buena

3. Mediocre

2. Absurda

1. Cochinada

0. Sin comentarios

Parece increíble, pero en 1977 un ya veterano británico de 40 años mostraría un fenomenal talento con una complejidad disfrazada de bella simpleza, una obra 100% autoral que recurre a la calidad de su libreto para desencadenar un conflicto de época sin precedentes entre dos oficiales franceses en tiempos napoleónicos. Desde aquí, Scott ya mostraba su pericia en la dirección de actores y su oficio artístico para adaptar sus diálogos, recursos técnicos y visuales sobre la marcha, otorgándole el único reconocimiento de relevante importancia en su carrera: una mención honorifica en el Festival de Cannes como el mejor debutante en la escena cinematográfica.

Instantáneamente, y como si ya se le hubiese hecho tarde, Scott entregaría consecutivamente dos joyas que lo posicionarían como uno de los genios más grandes de la ciencia ficción en el rubro cinematográfico. Alien y Blade Runner son dos obras de extrema complejidad espiritual, social y político que inclusive hasta el día de hoy se siguen considerando modernas y de gran culto. Scott revolucionaria la narración del género, innovando a través de un relato claustrofóbico y de gran terror, las técnicas directivas hacia y con sus actores, exponiéndolos a métodos que podrían parecer tortuosos, pero que lograron alcanzar esa reacción y credibilidad necesarios para la trama (mas detalles en el artículo de Alien).

En el caso de Blade Runner, la base e influencia del cine noir evolucionarían en un cuento espiritual futurista donde el derecho a la vida se torna en un peculiar y excelso thriller. Con una ambientación onírica que serviría de referente a muchas otras cintas, Scott expande su oficio al dotar a su film de elementos que engrandecen el cuento corto de Phillip K. Dick, autor original de la obra. Las grandiosas actuaciones (Un Rutger Hauer memorable) también llevarían implícita la polémica del conflicto Harrison Ford Vs. Ridley Scott, el cual desembocó en diferencias creativas y un Director´s Cut infinitivamente superior a su corte original.

3 años después Scott cambiaría el futuro por la fantasía, resultando Legend un producto para muchos de culto, pero también para otros sobrevalorado, siendo sus mejores fortalezas una ambientación majestuosa (recurrente en su filmografía) y un diabólicamente excepcional Tim Curry. Sin duda esta sería el proyecto más atípico de su carrera, y se nota.

La debacle se vendría con dos thrillers del montón, producciones de corte ochentero que solo dejan en claro que a Ridley Scott no le sienta bien el thriller si este no se soporta en la ciencia ficción. Someone to Watch Over Me y Black Rain lastimarían el ego del británico dejándolas en el total olvido, dos producciones absurdas que a pesar de tener dos años de diferencia se asemejan en un tratamiento reciclado tanto en el libreto como en el aspecto visual provisto por el director.

El punto más alto durante una sequia creativa de casi 15 años llegaría en 1991 con Thelma & Louise, una road movie recordable gracias al carisma y la química de sus dos protagonistas y el busto de Susan Sarandon (del cual su servidor esta perdidamente enamorado). Sin embargo y mas allá de las curvas de la veterana actriz y del semi desnudo de un novato Brad Pitt, Scott no puede alcanzar la sencillez narrativa y maestra de Los Duelistas, optando por aceptar la pretenciosidad del libreto en su final, que se siente ajeno a la ultima y somnífera mitad del metraje.

Scott intentaría recuperarse con su característica presuntuosidad, inyectándola en su totalidad en la historia de del descubrimiento de América ¿El resultado? Huir de su proyección y la quema de todas sus copias. El rechazo a su obra haría que Scott pisará fondo; primero con la cochinada de White Squall (con todo y Jeff Bridges a bordo) y después con la que significa la cinta mas atropellada de su carrera, una inexplicable G.I. Jane, donde no solo Demi Moore perdió su cabellera, sino también todos los espectadores que osaron verla en cartelera, pues arrancarse las greñas de desesperación era una de las reacciones más normales ante la magnitud de bodrio observada.

Sin embargo, Scott volvería cual vil Gladiador, ganando el Oscar para su cinta y reivindicándose con el ente comercial y artístico ¿La formula? Una superproducción épica soportada en el actor del momento, un Russell Crowe que, desde ese momento, sería el compadre y fetiche inseparable para el realizador durante los venideros años. Gladiator nos recordaría que si Scott equilibra su presunción en una igualitaria producción, maravillas pueden ver vistas; una cinta redonda que contiene toda dosis necesaria para una nueva época de cine: drama, acción, aventura, conflicto bélico, justificadas en un gran libreto y actuaciones.

Aún no sabemos que fue Hannibal en 2001, pero ese mismo año Black Hawk Down sería una oda al montaje, nuevamente siendo la ambientación y sus fugaces actuaciones (algunas horrendas), elementos que servirían como peldaño para que Scott filmará “guerra” en toda la extensión de la palabra. Una muy buena y disfrutable película que no deja respirar durante más de 120 minutos y en la cual Scott extrañamente sacrifica la calidad en el desempeño histriónico por el mero elemento visual con sorpresivos y buenos resultados.

Pero al buen Ridley le encanta jugar al “sube y baja”, y aún cuando incursionó en un comedia con mediocres resultados con todo y Nicolas Cage (Matchstick Men, 2003), Kingdom of Heaven sería el colmo de la absurdez, al ahora tratar un tema complejo con una simplicidad grosera, actuaciones inverosímiles y un argumento tan cliché, que ni la hermosura de Eva Green pudo salvar. Una historia de dos horas y media que debió haber terminado en una, y ser incluida en un maratón histórico animado de Cartoon Network.

Para este punto, Russell Crowe aun no entendería que la simbiosis con Scott para él no sería nada conveniente, y es que nadie se imaginaba haciendo una comedia romántica a dos famosos malhumorados seres del Hollywood  ¡Esperen! ¡Si lo hicieron! (A Good Year, 2006) ¡Válgame Zeus! Seguiría un doblete de mediocridad encabezado por la momentáneamente aguantable American Gangster, poseedora de uno de los finales mas forzados de su carrera (como si le apurase terminar ya con la pesadilla creativa que lo seguía hundiendo), y Body of Lies, un thriller nuevamente situado en medio oriente que reflejaría la repetición argumental en la que el realizador estaba metido desde hace ya años.

Ni hablar de Robin Hood en 2012, una tremenda cochinada que por fin terminaría la asociación Scott – Crowe, donde este último había dado por fin cuenta que su carrera había sido violenta y brutalmente ultrajada.

19 Largometrajes, entre ellos tres joyas y dos buenas intervenciones, no son suficientes para perdonar el desempeño mediocre de Scott, el cual ha dado cuenta que lo suyo es la ciencia ficción, una fórmula que le ha rendido sus mejores frutos y en la que está dispuesto a retomar su carrera por un largo tiempo (secuelas de Prometheus y Blade Runner ya se han confirmado). La pregunta es ¿Alien, Blade Runner y Gladiator son suficientes para justificar su atropellada y presuntuosa carrera? ¿Será Prometheus la cuarta en unirse a la mencionada y selectiva lista?

Sobre el Autor

Ente veraz y directo creado por un individuo Licenciado en Mercadotecnia y Relaciones Comerciales que siempre anda preocupado por el apoyo y fomento del arte y la cultura de Jalisco. Productor, director y guionista en varios proyectos. Cinéfilo de corazón y crítico crudo por vocación. Sigueme en twitter @El_Fett

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