Rock of Ages: La estupidez de toda una generación

Primera escena, la protagonista viajando en un autobús abre su maleta, ve sus discos y suspira; después saca una foto de ella con su abuela y suspira; prosigue a dar vuelta a la misma foto con un mensaje escrito de su abuela y… suspira; comienza el acto musical ¡Alguien incendie la sala de una vez! No ha pasado un minuto de metraje y la carencia visual, actoral y directiva nos dejan claro que no habrá luz de esperanza ni ningún cuestionamiento de que Rock of Ages será el bodrio más sonado del verano y quizá uno de los peores musicales de la historia.

Es inverosímil que alguien piense que todo producto teatral se pueda adaptar al cine, pero más increíble resulta ver una adaptación pura de la falta de buen gusto, ajena a un lenguaje cinematográfico y explotadora de los estereotipos americanos mas vergonzosos que como plaga, invaden no solo el medio televisivo, sino también la escena teatral, la radio y ahora el cine, confirmando una fórmula que no necesita un guion, ni actuaciones, ni siquiera una decente ambientación, sino solamente títeres que la misma industria intenta posicionar como los nuevos dioses de una generación que simplemente esta rendida ante la moda, dejando de lado el aspecto cultural y artístico en su totalidad.

Rock of Ages es una preocupante alarma no solo del estado del cine actual, sino también del social.

 

Videoclip of Ages

Empezando por un formato narrativo que nos remite a producciones televisivas, el coreógrafo Shankman solo se encarga de poner en posición una serie de bailables que no necesitan dirección fílmica, así la figura que debería imponer un lenguaje cinematográfico no existe, debido a que sencillamente no hay nada que dirigir más que un videoclip musical pop de larga duración.

Podrida desde los cimientos, existe libreto dirigido a dos cosas; la primera, copiar un relato y fórmula narrativa bajo el típico cuadro romántico fugaz que tendrá su conflicto y resolución predecibles (pareciera una nueva adaptación de Footlose pero ahora centrada en la ciudad); la segunda, acribillar la estructura del libreto musical incluso poniendo hasta 3 números seguidos con 2 diálogos de intervalo, haciendo que el ejercicio visual se convierta en una especie de programación de poco menos de 90 minutos en el canal Disney dedicado a los Jonas Brothers.

Lástima, lo que podría haber sido una buena sátira y homenaje a una generación rica en cultura musical, se queda como una extensión más de un capítulo de High School Musical o Glee que ni siquiera respeta o es coherente con su época, con una ambientación también convertida en una especie de 80’s pop, mas coloridos que los 60’s, con exteriores de los 90’s y vestuarios que bueno, al menos concuerdan en algunos casos, dejando de lado la ropa de marca actual y de imagen retro que carga la protagonista desde sus primeras escenas y que usted consumidora inepta puede adquirir en su centro comercial preferido ¡Ahora!

 

Estereotipos americanos preocupantes

El timing de la cinta es sencillamente horrendo. Pareciera que en su afán por meter el mayor numero de clips musicales, a Shankman no le alcanza el tiempo para crear al menos un creíble y natural curso de una historia romántica, lo cual nos lleva a una incómoda realidad: el estereotipo del joven americano, el cual recae principalmente en el personaje de Julianne Hough, muy bella bailarina que debería ser disecada para que nunca volviera a aparecer delante de una cámara, una vomitiva actriz que basa “su talento” en la belleza física y que es la analogía perfecta de una generación estúpida, comercial y material que puede aceptar como cine el relato de una ranchera mas profesionalmente maquillada que cualquier diva de Hollywood, consiguiendo trabajo minutos después de pisar la ciudad, para después enamorarse, revolcarse, celebrar extraña y casualmente su cumpleaños, desenamorarse y solucionar su conflicto ¡En menos de dos semanas! Si, las mismas dos semanas en la que se desarrollan todos los eventos de la película de una forma absurda e ingenua que nos remonta a la manera más idiota de cómo llevar a cabo una película para idiotas, con diálogos sacados de cualquier incipiente telenovela y soportados en las ya mencionadas adaptaciones al pop de la música ochentera.

Por otro lado tenemos a la contraparte Diego Boneta, cantante mexicano que sin duda ha logrado su sueño al entrar en las grandes ligas de la sandez argumental, actoral y audiovisual, otro modelo de cera puesto a cantar sin necesidad de una dirección ni capacidad histriónica.

Las caricaturas hechas de actores como Alec Baldwin, Paul Giamatti (el más salvable), Catherine Zeta Jones y Tom Cruise son sencillamente vergonzosas, a pesar de que logran los momentos más aceptables dentro de la narrativa con diálogos y actuaciones ganados por la experiencia y no gracias al libreto  ni a la dirección de coreografías en sus números musicales. Estos histriones llegan a reflejar perfectamente que la película nunca se decide por ser un videoclip pop Disney o un chiste visual hecho deliberadamente

La ficción, la narrativa y cualquier cuadro dramático dejan de servir a cualquier lenguaje cinematográfico para llevar a cabo una especie de historias cruzadas  sin orden cronológico que alarmantemente solo encajan y son consecuentes gracias a la consecución de pistas musicales. Poniéndolo como un ejemplo claro, la desesperación y sorpresa es similar a ver una hamburguesa con carne de pollo y res y en medio el pan, con cátsup y mayonesa encima de ella como betún, se sabe que se quiso hacer una hamburguesa, pero no lo es, es una deformidad incongruente en su forma y orden de preparación.

 

Alarmante déficit cultural, social y audiovisual

Ya lo comenté antes. La generación americana juvenil actual, esa que controla la demanda y oferta, que rige el consumismo mundial y que se orienta lejos de la calidad artística en todo rubro es la que ha causado una peculiar plaga de relatos fantásticos, absurdos e imbéciles  centrados en sus sueños más mojados de adolescencia, relatos que solo necesitan el modelo y de paso, destruir cultura visual y musical de las pasadas décadas para adaptarlas a sus mentes donde todo suena y se mueve igual.

Es penoso ver como bajo esta fórmula la música metal, blues, rock, progresivo, jazz, soul y twist, entre muchos otros, se convierten en pop, para la consecuente justificación de vida social de la generación. Un argumento tan inverosímil como aquel que dice que Twilight al menos hace leer a los escuincles defecados de la moda y de la lógica y coherencia que necesita al menos un producto musical, cinematográfico y/o literario.

Es penoso como ver que a un joven como Diego Boneta en una entrevista en televisión mexicana ya se le cataloga por los medios como un súper talento exportado para el mundo del cine y del arte (Katy Jurado, Anthony Quinn, Carlos Santana, Alfonso Cuarón  y muchísimos mas deben estar revolcándose en vida o en su tumba). Se le aplaude al escuincle su esfuerzo y perseverancia por alcanzar el estúpido sueño americano de bailar y cantar para la idiota generación mezquina, pero por favor, su industria nacional no puede rebajarse así y no ser autocrítica teniendo estos ejemplos de estereotipos y de bajeza artística y cinematográfica.

 

¿Hay que verla?

Quizá el intento de hacer cine más mundano, asqueroso y vendido que he visto en al menos 5 años. Estimados cinéfilos, que no les jodan su tiempo y su criterio. Ahora que, si usted pertenece a la generación referida y le queda el saco, por favor, váyase a empalagar de porquería artística, visual y musical ¡Pero de ya!

Sobre el Autor

Ente veraz y directo creado por un individuo Licenciado en Mercadotecnia y Relaciones Comerciales que siempre anda preocupado por el apoyo y fomento del arte y la cultura de Jalisco. Productor, director y guionista en varios proyectos. Cinéfilo de corazón y crítico crudo por vocación. Sigueme en twitter @El_Fett

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