The Hobbit: un inesperado y aburrido viaje inicial

Podríamos empezar la crítica con el camino más fácil y menos esclarecedor, que algunos que no son críticos apuntan cuando una película carece del clásico ritmo de un inicio estrepitoso, un clímax poderoso y un desenlace lleno de acción. Este “argumento” seria: la película es lenta. Calificativo que no nos dice absolutamente nada. Lo que sí se puede argumentar de la primera parte de esta “nueva trilogía”, es que la cinta es extraña por muchas razones.

Un inicio forzado

 

Peter Jackson cree que la nueva película necesariamente (y esto es uno de los primeros errores de la cinta) tiene que estar en conexión con su trilogía del señor de los anillos. Jackson muestra que esta nueva trilogía carece de conexiones fluidas y opta por forzar las situaciones para (de manera bastante obvia) mostrarnos a calzador los personajes de la vieja trilogía y su relación con este nuevo relato. Pareciera que el director teme, que las nuevas generaciones no conozcan su anterior trabajo en el mundo Tolkien, y hace que los conectivos sean de manera poco elegante y burda. Desde la inclusión de Frodo y su innecesaria aparición, hasta la reunión en Rivendel en donde los personajes están en otra película, con justa razón.

Y esto nos conecta con la ambientación, quien en el periodo de preproducción se hacía mucho hincapié. Pareciera que la producción tiene que estar justificada en términos mercantiles y de manera empresarial (tema que tratare al final) y no de manera relacionada con el argumento y el guion. No había necesidad de mostrarnos, de nuevo la calma de la Comarca, que parece más bien una ambientación de los sesentas que un set para una película del nuevo milenio.

Si el libro no era la quintaesencia en la literatura, no se puede esperar más de la película

El Hobbit (1937) en términos literarios es una obra menor, concebida para entretener a sus hijos, Tolkien muestra un relato bastante parco en términos narrativos en comparación con su obra posterior. La dificultad para traducir de manera fiel o no fiel un relato de estas características a la pantalla, supone un trabajo más amplio y arduo. Esto se nota a la primera hora de iniciar el film. Es por eso que otro fallo del cineasta radica en la inclusión del villano sin un objetivo claro y con el sentido solo de mostrar el cliché del cine de aventuras, en donde debemos de pelear con alguien a fuerzas.

Otro fallo es la escena de los acertijos entre Gollum (forzado y hasta caricaturesco) y Bilbo que es uno de los mementos mas importantes del libro por su belleza en las palabras y que en la cinta brilla mas por la parodia que por un elemento sobresaliente.

Algo que también sorprende en relación a la forma de llevar el relato, es la comodidad y mediocridad de un Howard Shore quien ante secuencias sin emoción no logra darles mas allá de puras descripciones cómodas (el ataque de Smaug a Erebor, o la escena de la patética pelea en donde Thorin casi muere a manos del jefe Trasgo).

De la extrañeza a los aciertos

 

Superando la hora y media de preguntas del tipo ¿Qué está pasando en la pantalla, o que esta exactamente tratando de hacer el director? Uno logra conectar algunos aciertos de la película que hacen que la extrañeza se guarde con cierto recelo. El primero de estos aciertos es la maravillosa elección de casting en especial dos personajes Martin Freeman (Bilbo Bolson) y Richard Armitage (Thorin); quienes sacan a flote más de una escena. Otro de los aciertos es los momentos en donde se deja de lado la testarudez de hacer coincidir las trilogías y nos muestran un relato independiente: la escena del dialogo entre Gandalf y Galadriel quienes aún conservan la fuerza histriónica para trasmitir algo y la escena independiente de Radagast el mago pardo que ante las pocas escenas independientes esto se agradece.

 

La incapacidad de Jackson para volver a ser un filmmaker y convertirse en un empresario del cine

Algo sucede con los directores consagrados en relación a los proyectos de las grandes compañías. Si bien con anterioridad existían y existen, empresarios que se vendieron ente la mediocridad de su propuesta cinematográfica y su exitoso pasó a ser empresarios fílmicos para vender productos visuales (Spielberg, Fincher, Lucas, Cameron, etc.), los verdaderos talentos de corte clásico, han tenido que ceder a la presión de grandes compañías para poder permitirse estar detrás de la cámara. El caso de Guillermo del Toro es un excelente ejemplo de cómo siempre se mantiene en la cuerda floja entre negociar para hacer una obra de autor (El espinazo del diablo, 2001; El laberinto del fauno, 2006) y exigirle un blockbuster (Mimic, 1997; o la futura impresionante Pacific Rim, 2013).

Con Peter Jackson sucede algo extraño, después de consagrarse al final de la trilogía del señor de los anillos como uno de los directores más importantes de Hollywood, nunca logro imponer su visión de autor y creativo y sucumbió ante los caprichos de las exigencias empresariales (basta ver porque este proyecto se volvió trilogía y no un doblete como inicialmente él había propuesto). Podríamos decir que en manos de un del Toro el proyecto sacrificaría elementos conectivos, pero que sin duda ganaría en elementos visuales y narrativos.

Para finalizar, no hay que ser tan rudos, a pesar de todo lo anterior la película no es desechable, es más bien intrascendente para una mitología tan vasta y grande como la del señor de los anillos y su incursión por el cine; pero es más innecesaria para un Peter Jackson que ante las críticas que le lloverán por este último trabajo deberá replantear su carrera en términos de si quiere seguir siendo un empresario y pillo de corbata, o un filmmaker como el que era antes.

Sobre el Autor

Soy lo que escribo. Ya realicé la Prueba Voight-Kampff, y pasé. Cursé un diplomado en historia y análisis de cine. Cinéfilo de corazón, guionista, crítico políticamente incorrecto. Amante del buen rock. And all this science I don't understand It's just my job five days a week. Visitame: http://thetimeisgone.blogspot.com/

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