Unmade Beds, volver al hogar cuando se está perdido

Estoy solo, y no hay nadie en el espejo

Jorge Luis Borges

Adolecer, crecer, creer, consentir, buscar… y no encontrar. Una de las cintas canadienses que adolece de esa extraña enfermedad que obliga a llamar “cine de arte” a todo lo que no esté plagado de efectos especiales y esté diseñado para embotar los sentidos y alcanzar un nivel de despersonalización casi a nivel zombie, y por lo tanto, diseñado para alejar a las audiencias de las salas de cine cerró a Unmade Beds todas las puertas para entrar al mundo maintream.

Para mí, quizá una de las comedias más trascendentales e íntimas de los últimos 10 años por lo menos, comparable con The Breakfast Club, El Niño es Nuestro o incluso Melody, Unmade Beds narra la historia de Axl (Fernando Tielve) un adolescente español que decide ir a Londres en busca de su padre.

Con la fuerza de la ilusión Axl emprende su viaje hacia un país desconocido (igual que su padre). Con esta sencilla premisa la cinta escapa de ser un road movie o un dramón espectacular que ayude a cortarse las venas si se ve en el momento incorrecto.

Durante la búsqueda de su padre Axl conoce a una extravagante pareja conformada por Vera (Débora François) y X Ray Man (Michiel Huisman) quienes al verle desprotegido le invitan a mudarse con ellos en lo que Axl encuentra a su padre.

Envueltos en un ambiente casi onírico, el improbable trío establece una relación tan íntima como (aparentemente) destructiva, llena de excesos pero cercados por una hermosura irreal, o al menos eso parece a los ojos de un Axl perdido y hambriento de encontrar una identidad propia, modelos a seguir… un hogar.

Los personajes se pierden en sí mismos y se entregan a una bacanal hedonista forzosamente finita, inconscientes de lo que les rodea y esclavos en todo momento de sus propios instintos, bailar, comer y amar quizá habría sido un título más adecuado, si no fuera porque después de cada festín hay que limpiar el desorden, resíduos de sueños fincados en la fantasía, en la irrealidad, en el deseo. Una cama no tendida es una cama que denota desinterés, depresión, desilusión por vivir, la realidad que contrasta con la realidad.

Con el sueño termina la fiesta, con la resaca enfrentamos la realidad, cuando se va el amor hay que enfrentar el desamor, hay que crecer para continuar o volver a una cama sin hacer para continuar soñando, para evadir la realidad. Crecer, buscar, dolerse y encontrarse son tareas que se emprenden al dejar la mano de los padres para vivir una adolescencia que inicia a los 15 años y termina en la tumba.

Axl debe salir de su refugio eventual que ya saboreaba permanente para encontrarse con su padre. Ha tejido una estrategia para conocerlo, acecha con inexperta intuición pero paciente como un gato. Ha llegado el momento de revelar a su procreador su incómoda identidad, ha llegado el momento de dejar de huir y aprender a crecer…

Sobre el Autor

No voy al cine miércoles ni domingos, no veo blockbusters. Mis reseñas se basan en mi experiencia de vida.

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