Las 10 Mejores Películas de Ignacio López Tarso

La estrella más longeva de la época de oro del cine mexicano, Don Ignacio López Tarso, nace un día como hoy de 1925 en la Ciudad de México.  Leyenda del cine, la televisión y el teatro, la propia vida de Don Ignacio es material para una obra shakesperiana, comenzando su odisea en el barrio de Analco de la ciudad de Guadalajara, cuando de niño quedara impresionado al ver como se apagaban las luces y emergían los actores en una carpa callejera de teatro al que su padre lo llevó. Aquel niño vería reflejado su destino aquel día, pero tendría que pasar muchos sacrificios para que dicha meta llegara a concretarse.

Debido a su precaria situación económica – familiar, Ignacio López López tendría que abandonar los estudios y verse forzado a ingresar al seminario. Aunque estaba convencido que no era su vocación, pasó algunos años dentro de la educación teológica, combinando sus quehaceres con libros de teatro y poesía que solo alimentaban más tanto su esperanza como su conocimiento y bagaje artístico y cultural. Abandonaría su “sacerdocio” a los 20 años y de nuevo forzado por sus circunstancias, ingreso al Colegio Militar donde alcanzaría el rango de Sargento primero, pero incluso previo a su promoción como “militar destacado” que presumiría un más alto rango, Ignacio abandonó también dicho destino, ahora mejor optando por el “sueño americano” y viajando a California para recolectar naranjas y volver con muchos dólares, pero en dicha aventura se caería de espalda para solo lesionarse la columna y regresar a México, como el bien lo dice: “con muchos dolores en lugar dólares”, pasando un año en cama para su recuperación

Pero el destino estaba sellado, pues en su cama labraría el camino que lo llevaría a ser actor. Leyendo  las obras del Maestro teatral Xavier Villaurrutia, al recuperarse de sus dolencias Ignacio viajaría inmediatamente a rendir respeto a quién le habría dado nuevas fuerzas, pero la admiración se intercambiaría, pues sería Villaurrutia quien quedara admirado por los conocimientos, el léxico y la presencia de aquel joven de 24 años, al que dejaría primero de oyente y después de alumno formal en sus clases. Villaurrutia moriría un año después, pero ahora López Tarso (quien ya cambiaría su nombre a raíz de recomendación de su primer maestro y en honor a Pablo de Tarso, o Saulo, personaje con el que se encariñó en el seminario) quedaría en manos de los más grandes maestros teatrales, debutando profesionalmente a los 27 años bajo el cobijo principalmente de Shakespeare, y el resto sería historia…

Su talento nato, su elegancia histriónica, voz y léxicos imponentes (como muchos de sus maestros le describirían) poco a poco lo llevarían a protagonizar grandes obras, convirtiéndolo en uno de los más grandes talento de su generación. El paso al cine así era inevitable, pero Don Ignacio, sargento primero y gran actor, no quedaría tan conforme en su debut en 1954, declarando que los papeles en el cine eran mucho menos relevantes que en el Teatro. Tras trabajar en otros papeles de reparto najo las órdenes de Luis Buñuel y El Indio Fernández, esa idea cambiaría cuando en 1959 Ignacio protagonizara una de las más grandes joyas del cine mexicano: Macario

Más de 30 obras teatrales y más de 100 créditos dentro del cine y la televisión (Don Ignacio también sería parte del comienzo y clímax de la “telenovela” mexicana), López Tarso también se ha distinguido por grabar varios discos declamando versos y corridos, sobre todos sobre la Revolución Mexicana, tema que le apasiona y del que es gran estudioso, convirtiendo a estas grabaciones en parte de dicho folclor.

Aún en activo, galardonado nacional y e internacionalmente, celebremos los 96 años de Ignacio López Tarso con sus mejores películas

Introducción de El Fett

 

10 – Los Hermanos del Hierro (Ismael Rodríguez, 1961) Por El Fett

De una pequeña pero sustancial participación, esta es una de mis preferidas actuaciones de Don Ignacio, un pistolero errante que funge como guía y padre adoptivo (algo así como un Yoda del salvaje oeste mexicano) de dos hermanos pistoleros que persiguen el corazón de una misma mujer. Un western complejo, sádico y romántico, que puede equipararse sin problema a las piezas europeas o estadounidenses y que en su innovación hacía con la idiosincrasia mexicana, trasgrede a la figura de la madre para situarla como villana, haciendo que esta ágil y desembocada cacería termine en una previsible pero genial y metafórica tragedia. Don Ignacio aquí funge como un fantasmal Eastwood mexicano

 

9 – Los Albañiles (Jorge Fons, 1976) Por Cat Movie Lee

Fuera de los papeles y convencionalismos en los que el gran López Tarso encarna la figura de un desamparado, en “Los Albañiles” se apodera de toda la mugre, el alcohol, la marihuana y la pederastia que representan a Don Jesús, un velador quien en los primeros minutos y bajo el seguimiento de la cámara del gran Alex Phillips Jr. es asesinado a tubazos por una mano desconocida. Ganadora del Oso de Plata, esta obra original de Vicente Leñero, fue llevada a la pantalla por el desaparecido Jorge Fons, convirtiéndose en una de esas extrañas piezas de nuestro cine que se odia o se ama, pues la clara alegoría a ese destino fatalista que parece fascinar al mexicano (nacimos jodidos y jodidos moriremos) y que paradójicamente sigue retratando nuestro carácter, pareció no encajar en el gusto del espectador, ni en el de antaño, ni en el de hoy.

 

8 – La vida inútil de Pito Pérez (Roberto Gavaldón, 1970) Por Flaco Cachubi

En la tercera adaptación cinematográfica de la novela homónima de José Rubén Romero, el primer actor, Don Ignacio López Tarso, reinventó al personaje del título, brindando una actuación más teatral y dramática que la de sus antecesores: Manuel Medel y Germán Valdés Tin Tán, actores con una vis cómica natural. De esta forma, su sola interpretación le da a ésta versión, un cariz diferente que, si bien disminuye un poco el tono jocoso de la obra original, conserva la esencia de las aventuras y desventuras del vagabundo, teporocho e hijo pródigo de Santa Clara del Cobre, en su andar por varios pueblos de Michoacán.

 

7- El Gallo de Oro (Roberto Gavaldón, 1964) Por Edgar del Valle

Basada en un cuento de Juan Rulfo y con el guion del propio director, de Carlos Fuentes y Gabriel García Márquez, nos encontramos ante una buena película y con atinadas actuaciones. El gallo de oro se encuentra en la posición número 41 de la lista realizada por la revista SOMOS dentro de las 100 mejores películas del cine, pero también denota que el Gallo de Gavaldón era López Tarso, que aquí interpreta a un humilde pregonero que recibe un gallo dorado moribundo al cual logra revivir con sus cuidados. El gallo -que es de pelea – vence a uno del gallero que posteriormente pretende comprárselo, a lo cual este se niega, pero sólo el enamoramiento de una mujer “La caponera”, podrá convencerlo.

 

6 – Rapiña (Carlos Enrique Taboada, 1975) Por El Fett

Quizá vaya a decir algo muy cuestionable e incluso grosero para los fans del terror mexicano, pero las cintas sobre dicho género que realizó Taboada me parecen sobrevaloradas, indicios de lo “mejorcito” que pudo hacer México en dicho rubro. Por otro lado el talento directivo de Taboada era innegable, incluso cuando este trabajaba fuera del terror para dirigirse hacia el thriller, como en este muy olvidado caso, donde la avaricia parece instruir a la sociedad mexicana, corrompiéndola bajo un excelente libreto y actuaciones (Tarso de nuevo brillante) que sin duda marcó influencia para las metáforas sociales de la actualidad dentro de un clasismo y características muy marcadas dentro de los estratos nacionales. Muy adelantada su tiempo

 

5 – Cri Cri el grillito cantor (Tito Davison, 1963) Por El Fett

Una infaltable de la familia mexicana y testimonio de su folclor en torno a quizá el símbolo musical – infantil más afamado de todo México, Francisco Gabilondo Soler, mejor conocido como Cri Cri. Aunque muchos de sus pasajes de ficción real rayan en el melodrama y son muy equiparables a la fórmulas de antaño y de manual del subgénero de la biopic, la narrativa cuenta con esa idiosincrasia del cine nacional y dos valores agregados: el primero, la excelente personificación de López Tarso como el cantautor; la segunda, las inolvidables secuencias de animación adornadas con la obra de Cri Cri e incluso con la colaboración de Walt Disney en la secuencia de Los Tres Cochinitos ¿a poco no recordaron su infancia?

 

4 – La Rosa Blanca (Roberto Gavaldón, 1961)

Un dato tan curioso como trágico en esta cinta no es solo el destino del personaje que López Tarso interpreta (un símbolo y/o extensión de la opresión capitalista sobre los terratenientes originales, obligados y sacrificados con el objetivo de adquirir sus propiedades), sino también el hecho de que su proyección estuvo prohibida durante ¡11 años! ¿Por qué? Por ser un testimonio sobre la verdadera historia dela “expropiación petrolera”, preludio a la misma de los años 30 y en dónde por cuestiones políticas se prefirió mejor no exhibir las falsedades que dictan los libros de texto y los gobiernos en turno. López Tarso lograría hacerse de su primer Ariel como mejor actor (el segundo sería solo honorífico en 2007)

 

3 -El Profeta Mimi (José Estrada, 1973) Por Edgar del Valle

La cinta está basada libremente en hecho reales sucedidos en el aquel entonces Distrito Federal, relacionadas a dos asesinos seriales: Goyo Cárdenas y Higinio Sobera de la flor, famosos en su época. La película, filmada en locaciones del Centro Histórico, como la Plaza de Santo Domingo y la colonia Guerrero, narra la historia de Ángel Peñafiel “Mimi” (López Tarso), un hombre maduro que debido a un trauma ocasionado por haber sido el asesino de su padre y una prostituta que lo acompañaba, y al exagerado fanatismo religioso de su madre (quien asume la culpabilidad del homicidio), se convierte en un asesino serial de prostitutas con la finalidad de redimirlas. Como siempre  y para no variar nos encontramos con una soberbia actuación de uno de los mejores actores del cine mexicano, que lo hizo acreedor a una nominación al Ariel como mejor actor.

 

2- Macario (Roberto Gavaldón, 1960) El Fett

Nuestro legendario Macario, símbolo de la pobreza, el infortunio y de nuestra íntima conexión – relación con el más allá. El primer gran papel de López Tarso sería esta épica fantasía hacia la figura que nos define como cultura: la muerte. En la conversión surreal y espiritual de Macario convergen todas las creencias populares y simbologías de nuestra raza, dirigidas con soltura por un Gavaldón que sitúa al ángel de la muerte como un ser tan complejo para el adulto como simplista y didáctico para un niño, mismas características de la interpretación de Don Ignacio, haciendo de aquel indígena un tan entrañable como trágico estandarte del cine y de la cultura nacional. La fábula del Día de Muertos por excelencia

 

1 – El Hombre de Papel (Ismael Rodríguez, 1963) El Fett

Un cuento de hadas a la usanza de México, sui generis y único en captar la desesperanza y la aventura, la ternura y la tragedia con los mismos niveles de emotividad y calidad narrativa. La odisea de un hombre mudo por conquistar a una mujer y así poder cumplir su principal objetivo: tener un hijo, es magistralmente interpretada y dirigida por Ignacio e Ismael, que derivan en una montaña rusa de sentimiento de principio y a fin y en dónde se respira en cada momento ese eterna característica “aspiracional” que define al mexicano. Al mismo nivel narrativo que Macario, pero con un López Tarso mucho más maduro, interpretando a un conmovedor personaje con un amplio registro dramático y con una habilidad gesticular rica en emociones.

Etiquetas:  

Acerca del autor

Cinescopia   @Cinescopia   cinescopia.com

Equipo editorial de Cinescopia.


Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

*

*

*