Las 10 Mejores Películas de John Wayne

La mitificación y personificación del mayor género americano, el western, llegaría de la mano de un muchacho de clase baja nacido en Iowa con el nombre de Marion Robert Morrison, hijo de descendientes irlandeses quienes en 1911 se mudaron a California para forjar el destino de aquel fornido primogénito al que le fue dado el apodo de Big Duke (que evolucionó a The Duke para la posterior leyenda), debido a su amistad con el perro de sus vecinos en Glendale: Little Duke

Debido a su situación económica, Duke fue admitido con una beca deportiva y escolar en la Universidad de California, en donde rápidamente se distinguió por ser social, muy popular y sobre todo un excelente jugador de futbol americano, prometedora carrera que desgraciadamente fue truncada debido a una lesión que a la postre lo haría abandonar los estudios debido a la revocación del subsidio colegial.

Pero en aquel salvaje oeste parecía todo tener un porqué. Debido a su fama de jugador estudiantil, la estrella americana del western Tom Mix le ofreció un trabajo temporal en los estudios de filmación en intercambio por algunas entradas para los partidos de americano. Tras su salida del colegio y trabajando ya de extra y secundario en algunos filmes del cine mudo, su alta figura, su presencia intimidante, su afable personalidad y ese peculiar caminado (al parecer consecuencia de aquella lesión), llamó inmediatamente la atención de los estudios Columbia y Fox y en especial del director Raoul Walsh, el cual sugirió cambiar su “nombre – apodo” usado en aquel tiempo, Duke Morrison, por el de Anthony Wayne, en alegoría al legendario general de la Guerra Civil estadounidense. Finalmente el productor Winfield Sheehan pensaría que “Anthony” sonaba demasiado “italiano”, dejando definitivamente el “John Wayne” para su primer gran película y protagónico: The Big Trail (1930), uno de los mayores primeros hits del cine sonoro que terminó por concebir el mito de Wayne, comenzando por el género al que le regalaría no solo su persona, sino su imagen y total esencia: el western.

El resto sería historia, John Wayne se convertiría en el actor con más protagónicos en la historia, con 142 de sus 153 trabajos cinematográficos. Su figura pública como una de las mayores estrellas de Hollywood se vería complementada por su alto y contrastado activismo político, en donde se convirtió en uno de los mayores iconos republicanos en apoyo continuo a los sistemas segregativos del Senador McCarthy en contra del partido comunista, siendo también un polémico racista creyente de la “supremacía blanca” (Aunque también se hacía rodear de muchos actores hispanos a los que consideraba compañeros y amigos) , currículo que incluso lo llevó a ser considerado para una candidatura por la presidencia de su país, la cual rechazó considerando que la ciudadanía no podría tomar en serio a un actor en la Casa Blanca..

El eterno socio histriónico de John Ford, Wayne conceptualizaría una marca alrededor de sus papeles, creando una figura homogénea dentro del western que lo llevaría a estelarizar algunas de las más grandes joyas del género. La fragmentación de su relación con Ford debido a las circunstancias emocionales y laborales que lo hicieron no enlistarse para la Segunda Guerra Mundial (situación de la que siempre se arrepentiría de su vida contrariada a su personalidad altamente patriótica), coincidentemente irían de la mano con una evolución interpretativa que lo llevarían a madurar sus roles hasta ganar el Oscar en 1970.

Contrario a lo que se piensa, Wayne entregó a lo largo de su vida una gama interpretativa entre varios géneros además del western, desde el drama y el noir, hasta la aventura y la comedia, también The Duke fue una figura relevante en el cine bélico posterior a la Segunda Guerra.

Como muchos de sus compañeros actores (Un poco más de 40 entre cast y crew), Wayne contrajo cáncer  debido a la alta dosis de radiación a la que se había expuesto en 1956 durante el rodaje de la película The Conqueror, la cual se filmó cerca de un campo de pruebas nucleares en Utah. Su estado de salud se fue deteriorando siéndole diagnosticado cáncer de pulmón y estómago, este último llevándolo a la muerte en 1979.

El prototipo del hombre duro, el vaquero por excelencia y el conservador republicano, pidió que en su epitafio se escribiera lo que en español podemos traducir como “Feo, fuerte y formal”. Recordamos al muy querido y polémico mito del cine americano con sus 10 mejores películas

 

10. El Dorado (Howard Hawks, 1967)

Algo raro pasa aquí, y es que Hawks parece reciclar su previa Rio Bravo (1959), pero con un poco de más espectacularidad, humor y ligereza, lo cual le permite tomar a un Wayne más maduro y suelto para que este sea el complemento de un Robert Mitchum roba cámara. Aunque a Wayne en términos generales se le debería revalorar como histrión, bien es cierto que su cuestionable calidad era en ocasiones soportada por sus compañeros de reparto con mucho más carácter y credibilidad dramática. Resaltan algunas secuencias memorables dignas de enmarcar como piezas sueltas de lo mejor de Hawks, con precisa tensión y manejo del humor y de la acción, así como la química actoral, muy divertida y desenfrenada entre WayneMitchum y un joven James Caan

 

9. Red River (Howard Hawks, 1948)

Una épica odisea que sin lugar a dudas se ha convertido en el mejor ejercicio fílmico sobre el asentamiento del viejo oeste, y a su vez, uno de los clímax actorales de Wayne al salir de la mencionada homogeneidad heroica para enfrascarse en un personaje repleto de matices que lo hacen converger con su poco conocida y visitada faceta antagónica.  El primer western de Hawks y el lanzamiento de Montgomery Clift, Wayne funge como el padre adoptivo (tanto actoral como narrativo) foco de una interacción paternalista compleja dentro de una progresión de tensas aventuras que enriquecen dicha química hasta su tope emocional, en esa legendaria secuencia donde The Duke amenaza acabar con su sentimiento de traición

 

8. She Wore a Yellow Ribbon (John Ford, 1949)

De contrariadas opiniones, la cinta más colorida y moralina de Ford es un vehículo para dos lucimientos: el primero, la narración estética, nostálgica y reflexiva sobre el paso del tiempo en el oeste americano, la cercanía a la muerte y la proyección de la grandeza hacia el elemento de la caballería de aquella conquista salvaje; la segunda, una conmovedora actuación de Wayne que de nuevo demuestra el porqué de su revaloración, dejando entrever trazos dramáticos que hacen a su personaje uno de los más queridos e íntimos de su filmografía. Es entendible que el lento ritmo y algunas libertades artísticas de Ford (ensañándose más con la forma que con el contexto) lastimen a sus fanáticos y le den de comer a sus detractores, pero el listón amarillo tiene un encanto único.

 

7. The Shootist (Don Siegel, 1976)

Así como Unforgiven fue para Eastwood el compendio y despedida a su figura en el western, The Shootist fue para Wayne literalmente la ceremonia final no solo a su icono uniforme, sino también al estilo y tono del género que reinó durante 5 décadas. Enfundado en un pistolero retirado que regresa a su pueblo natal para morir en paz, Wayne parece adoptar el papel de una forma distinta, en esta ocasión más veraz y emocional quizá debido a sensible proximidad de su despedida, marcando a esta como su última aparición fílmica antes de su muerte en 1979. Un homenaje que Siegel rinde a toda la generación Wayne, Hawks, Curtiz y Ford, sorprende ver que en este rito western desfilan grandes compañeros de Wayne como James Stewart y Lauren Bacall

 

6. True Grit (Henry Hathaway, 1969)

Quizá se lo merecía antes por The Searchers o por The Quiet Man, pero la Academia en toda su gracia y conocimiento decidió otorgarle su Oscar por el que si bien no fue su mejor papel, si su más recordado y querido, el de un ex federal mercenario, borracho, cojo, viejo y tuerto de métodos muy cuestionables que va por el asesino del padre de una niña que insiste en acompañarlo en dicha travesía. Los Coen hicieron un remake hace pocos años que no salió tan bien librado, y aunque la revitalización lógicamente muestra más pericia técnica, el encanto y el tono ligero de la original la hacen una obra entrañable y hasta infravalorada del género, donde Wayne compila en Rooster a todos su catálogo anti heroico de 40 años de experiencia.

 

5. The Quiet Man (John Ford, 1952)

Y dejemos el western de lado para descubrir al Wayne romántico – cómico. A la orden de Ford, la historia de un boxeador irlandés que regresa a su pueblo para enamorar a la chica difícil, hermana de su rival, se convierte en una curiosidad cautivadora dentro de su carrera, donde proyecta gran seguridad y talento al no serle ajeno el tono humorístico usado también en su faceta como pistolero ¿Qué hubiera pasado si hubiera estelarizado más éxitos como este? Seguramente una mejor estima de sus cualidades, que como ya hemos mencionado, suelen maximizarse a través de la química con sus compañeros ¿Recuerdan aquella escena en E.T.? Parece entonces que Wayne es una especie de ingrediente secreto para encausar comuniones actorales inolvidables

 

4. Rio Bravo (Howard Hawks, 1959)

A pesar de agilizar y modificar algunos de sus elementos del mismo relato en El Dorado, la mejor de la trilogía de los “Ríos” de Howard Hawks sigue siendo este amigable western donde Wayne hace mancuerna con un Dean Martin prodigioso. Suspenso, aventura, romance, comedia y hasta números musicales (a cargo del mismo Martin y de Ricky Nelson) dentro de una interacción de personajes entrañable, el manual de género y un Wayne montado en todo su macho dominando el personaje de pies a cabeza, suscribe una emocionante aventura que no deja de lado también cierto tono erótico en la piel de la hermosa Angie Dickinson, sin duda la más coqueta,  recia y hermosa “chica Wayne” de la historia. Un manjar de personalidades en un muy divertido western

 

3. The Man Who Shot Liberty Valance (John Ford, 1962)

Algo inusual en la carrera de Wayne, lo cual simplemente se resume en ocupar un rol secundario. Opacado en argumento y libreto por el protagónico de James Stewart, Duke logra un solvente complemento en una especie de rivalidad y asociación con el de su amigo y co estrella, quedándose con el papel del “macho”, valiente e ignorante pistolero en peligro de extinción debido a la llegada de la civilización al salvaje oeste, una que traía consigo un discurso político y reflexivo sobre el honor y la justicia. Un western trasgresor y metafórico, donde Ford acaba con la figura del pistolero sin ley en manos del discurso, como si el argumento educacional y político, mensajes del film, fuera ahora más letal que las balas. Un Wayne reservado y sin reproches

 

2. Stagecoach (John Ford, 1939)

Fue hasta ese momento, a 9 años de su debut como protagonista en el cine, donde John Wayne saltó a la fama gracias a esa entrada, esa que lo enmarca en un catedrático plano americano yendo hacía un primero, que incluso es imagen para ejemplificar y enseñar la más básica comprensión de los planos dentro de las escuelas de comunicación. Otro rol secundario con ciertos aires protagónicos, el joven mercenario Ringo es el eje de esta aventura donde 9 personajes convergen dentro y fuera de una diligencia. Mucho ayudó la fastuosa fotografía de la cinta, la cual catapultó a aquella figura alta y renca como el icono que ahora todos conocemos: The Duke. Memorable aquella escena donde se acerca a su amada bajo la luz de la luna

 

  1. The Searchers (John Ford, 1956)

No hay duda. No hay imagen más icónica de John Wayne que la que engalana la portada de esta columna y la secuencia previa, final de uno de los mejores westerns de la historia a cargo de su socio y maestro Ford y con el cual definió su antihéroe errante por antonomasia. A pesar del tono tragicómico de los westerns de aquella época, The Searchers es un cruel retrato de la adversidad entre los pueblos que habitaban el salvaje oeste, teniendo en medio de esta masacre y robo de tierras a aquella sombra mercenaria que ha perdurado en la historia; Tom Mix, Gary Cooper, John Wayne y Clint Eastwood, los nómadas pistoleros y aventureros con diferentes reinados y épocas, siendo el que nos atañe en este homenaje la estructura carnal más acorde al prototipo americano ideal. Ver alejarse de aquel marco al lobo solitario es sin duda una de las escenas más memorables del séptimo arte, un gozo audio visual

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Acerca del autor

El Fett   @El_Fett   cinescopia.com

El más realista y cabrón crítico de cine que pueda existir. Ente sin misericordia que tiene el halago de transmitir a los mortales su sentir y sabiduría en el mejor recinto sobre el séptimo arte. Cinéfilo de corazón y crítico crudo por vocación. Alter ego del Licenciado en mercadotecnia y RRPP Oscar M Rodríguez (FB) Sigueme en twitter @El_Fett


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