Las 10 Mejores Películas de Max Von Sydow

Carl Adolf von Sydow, mejor conocido como “Max”, el cruzado, el exorcista, el cuervo de tres ojos, Mesías, archienemigo de Bond y Flash Gordon,  villano, héroe, predilecto esotérico y psicológico de Bergman, falleció el día de ayer a la edad de 90 años. Con una carrera de más de 160 títulos entre el cine y la televisión, sin duda el sueco fue, es y será uno de los más grandes y versátiles actores en la historia del séptimo arte, con un talento que lo llevó a estelarizar un sinfín de producciones entre lo comercial y el cine indie, de autor o llamado “de arte”, haciéndole reconocible entre todos los niveles de audiencia.

Nacido en Lund el 10 de Abril de 1929, Max comenzó su carrera actoral apenas en el colegio cuando a los 12 años formara una compañía amateur de teatro junto a sus compañeros, prosiguiendo con sus estudios de artes dramáticas para 1948, donde se asociaría rápidamente con otras figuras fílmicas suecas tales como Lars Ekborg, Margaretha Kook e Ingrid Thulin. Siendo fluido en los idiomas inglés, sueco, francés, alemán e italiano (incluso hablaba un poco de español, danés y noruego) y resaltando rápidamente en su clase y grupos, “Max” haría su debut fílmico para 1949.

Fue hasta 1955 cuando al conocer a su mentor en el teatro de Malmo, la carrera de aquel aristócrata sueco amante de la actuación despegaría de una manera avasallante. Von Sydow actuaría en 13 películas de Ingmar Bergman, convirtiéndose así en su actor fetiche principal a través de la filmografía del también legendario cineasta.

Con 8 décadas de carrera y una veintena de reconocimientos internacionales de entre los que destacan un par del Festival de Venecia y Cannes, Von Sydow deja una rica filmografía que lo posiciona como una de las leyendas actorales en el cine. Revisamos sus 10 mejores películas.

Que descanse en paz

 

Bonus. Three Days of the Condor (Sydney Pollack, 1975)

Que este bonus sirva también para reivindicar una de las mejores cintas sobre espionaje, donde Pollack a través de Redford y el mismo Von Sydow, encuentra la formalidad necesaria para ejercer un excelente equilibrio entre el drama y la acción, destacando a este par como las fortalezas histriónicas dentro de una relato que sugiere debido a su temática, cierta caricaturización de algunos elementos suscritos a la paranoia socio cultural. Max aquí interpreta a un inolvidable y carismático sicario vendido al mejor postor, en lo que resulta un interesante papel para hacer hincapié en la sustancial carrera que tuvo también como actor de reparto, donde ciertamente amplió sus registros, talentos y paleta de personajes.

 

10. Minority Report (Steven Spielberg, 2002)

Un villano corporativo exquisito en lo que quizá sea la última gran película de Spielberg (sin duda una trepidante obra de acción y ciencia ficción que ha sufrido cierta infravaloración), Von Sydow se convierte en el giro de tuerca de este inteligente y bien adaptado film (de la obra original de K. Dick), pasando de un secundario a convertirse literalmente en el protagónico hacía el clímax, no solo robándole el show a Tom Cruise, sino también surtiendo a la narración de ese dramatismo villanesco necesario para que Spielberg pueda terminar su film de la manera más emotiva posible… todo gracias a Max. Después de aquí el sueco se vería enclaustrado  en una seguidilla de proyectos comerciales gringos, la mayoría de ellos olvidables hasta su participación en GoT.

 

9. El Rostro (Ingmar Bergman, 1958)

Quizá aquí Bergman haya caído un poco en la provocación y/o tentación comercial de aquel tiempo, sin embargo la que también fuera conocida como “El Mago”, es una de las piezas más digeribles, aterradoras y misteriosas del sueco, suscrita a cierto toque fantástico y/o surreal. Uno de los argumentos secretos mejor guardados de su filmografía, es a través del mago e hipnotizador Dr. Vogler (uno de los personajes más memorables de Max), donde Ingmar deposita en esta ocasión su metáfora sobre la liberación y la muerte, este último uno de sus tópicos y obsesiones preferidas. Así mismo el trabajo físico y caracterización de Von Sydow se convierte en un elemento esencial y propositivo para encausar dicha confusión argumental.

 

8. Los emigrantes (Jan Troell, 1971)

Nominada a 5 Oscar (incluyendo mejor película) y ganadora del Globo de Oro a mejor cinta extranjera y mejor actriz dramática para Liv Ullman, este potente y desgarrador drama histórico se hace de la desgracia progresiva al puro estilo del Job bíblico, para encausar una de las “americanizaciones” más enternecedoras de las que se tenga memoria, logrando no solo una excelente ambientación de la Suecia rural del Siglo XIX, sino también una de las odiseas migrantes (y sus efectos) más veraces. Con una duración de poco más de 3 horas, si bien Ullman se acabó llevando todas las palmas, es gracias también a la capacidad y química que mantiene con Sydow la que surte al relato de esa encrucijada dramática y emocional presente desde su inicio.

 

7. Vergüenza (Ingmar Bergman, 1968)

Serán tres películas en línea para dar testimonio sobre la extraordinaria asociación e influencia mutua que tuvo con la también legendaria Ullman. Este incisivo drama anti bélico se convertirá en una de las curiosidades narrativas de Bergman que, al descansar de su constante obsesión espiritual, parece también que lo hace de manera presencial, pues la historia fluye solamente bajo los talentos y la química que surge de Max – Liv, siendo la cámara y hasta la propia narración un simple testigo de la des fortuna de estos dos músicos que al escapar de la guerra, son perseguidos por un destino bélico más trágico. Si bien resulta una de las películas más flojas a nivel directivo de Ingmar (parece más una obra de teatro), es uno de los trabajos dramáticos más complejos de Max

 

6. La Hora del Lobo (Ingmar Bergman, 1968)

La isla como un símbolo de la soledad y de la progresiva demencia, de nuevo Bergman posiciona a Max – Liv en un pedazo de tierra rodeado de mar (el matrimonio Borg), para abordarlos (ahora sí), desde su singular compulsión metafórica sobre la muerte y la deshumanización. De nuevo otra intrusión (esta vez no es bélica, sino mágica y/o esotérica) a la pasividad de un pintor y su esposa, Von Sydow se convierte (una vez más) en la extensión histriónica (y alter ego) de su mentor ante los “demonios” que acechan al artista en lo que es una vertiginosa y oscura impresión de horror psicológico y surreal. Sin duda una de las películas más curiosas y complejas suscritas al género de terror, olvidada incluso por aquellos más adeptos al rubro

 

5. A través del espejo (Ingmar Bergman, 1961)

Un retrato de auto redención de Bergman como padre, el cual se refleja como un ser incapaz de captar las necesidades y problemas de sus críos a través de un escritor distante que pasa unos días con sus hijos, un adolescente y una joven con problemas mentales, casada con un médico que la cuida con un fervor que raya en lo absurdo (aquí entra Sydow en uno de sus personajes secundarios más entrañables al servicio de su mentor). Cuatro personajes atrapados en una cabaña, la estancia desencadena una crisis familiar que exhibe la incompetencia empática y las pobres condiciones psicológicas a causa del distanciamiento patriarcal. Harriet Andersson entrega una demencia entrañable y tierna, este último factor complementado a la perfección por Max

 

4. El Manantial de la Doncella (Ingmar Bergman, 1960)

Oscar, Globo y Cannes para un cuento de princesas “Bergman”;  compendio fílmico que comprende, a partir de una fábula, uno de los temas más trágicos que persisten en la actualidad: el feminicidio: En la Edad Media, una princesa debe viajar al altar de la Virgen para ofrecer su ofrenda, sin embargo su dama de compañía la abandona y se encuentra con dos pastores que la invitan a su casa. La mayor virtud en el rubro de lo “fantástico” del cineasta es ver como de la simpleza argumental emana un relato de sentido crítico que por supuesto, no abandona el aspecto espiritual y provocador del autor. El Rey ha perdido a su hija, a su doncella, a su princesa, siendo Von Sydow el símbolo de impotencia y venganza de aquel padre, de todos los padres.

 

3. Pelle el conquistador (Bille August, 1987)

Una de las más estremecedoras cintas sobre la paternidad, Max debió haber ganado el Oscar por el papel de un padre soltero e inmigrante que, para buscar una mejor vida para él y su hijo, viajan junto con un grupo a una isla danesa donde consiguen trabajo en una granja, pero en condiciones similares a la esclavitud. Los reflectores dramáticos se posan así en la guía paternal y dramática de Von Sydow, en un vaivén de emociones que transforman lo pusilánime en los principios más básicos de la fortaleza humana a través de Pelle, al cual su padre insta a que “si lo desea, puede conquistar el mundo”.  Un guion sólido al servicio de una cátedra actoral en donde Sydow se convierte en un segundo director hacía con la labor también solvente del niño actor Hvenegaard

 

2. The Exorcist (William Friedkin, 1973)

¿Habrá un personaje secundario más legendario que “El Exorcista” en la historia del cine? La llegada de Merrin a la casa de Regan será sin duda la pieza visual más memorable de su carrera, solo equiparable a una fastuosa interpretación que no es resultado de ninguna coincidencia, sino de un entrenamiento y/o comprensión espiritual y demoniaca adquirido durante su comunión con el maestro de dichos temas… Bergman. Digno rival presencial e histriónico para la representación de Satanás más vívida y tétrica en la historia en la pieza de terror por antonomasia, resulta también curioso que los poderes espirituales de Max se hayan incrementado casi 8 años antes cuando interpretara también a Jesús en la no muy buena The Greatest Story Ever Told de 1955

 

1- El Séptimo Sello (Ingmar Bergman, 1957)

Max se transforma en la más perfecta alusión de Bergman, al ser no solo el “alter ego” por antonomasia, sino también el traductor artístico de lo surreal, su provocador estilo y de su más clara obsesión: La Muerte. La Peste Negra asola Europa y un caballero y su leal escudero regresan de Tierra Santa; en el camino el caballero se encuentra con la Muerte que lo reclama, pero el cruzado propone jugar una partida de ajedrez con la esperanza de obtener de Ella no solo la vida, sino las respuestas a dichas obsesiones: la naturaleza de la muerte y la existencia de Dios. El autor se revela a través de Max en un diálogo existencial y espiritual tan oscuro como  entretenido, tan mágico como trágico. Al final el enfrentamiento reflexivo entre el autor y su miedo – amor más profundo desemboca en uno de los mejores giros en la historia del cine.

 

 

 

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Acerca del autor

El Fett   @El_Fett   cinescopia.com

El más realista y cabrón crítico de cine que pueda existir. Ente sin misericordia que tiene el halago de transmitir a los mortales su sentir y sabiduría en el mejor recinto sobre el séptimo arte. Cinéfilo de corazón y crítico crudo por vocación. Alter ego del Licenciado en mercadotecnia y RRPP Oscar M Rodríguez (FB) Sigueme en twitter @El_Fett


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