Las 50 Mejores Ganadoras de la Palma de Oro de Cannes

Cannes, la festividad más grande del cine, y sin duda el punto máximo en cuanto calidad fílmica se refiere desde 1939, con sus varias e imprescindibles ganadoras, las cuales forjan uno de los mejores círculos en la historia del celuloide.

Un poco de historia, Cannes no nació grande, siendo incluso la sombra de Venecia y Berlín en una especie de guerra y/o extensión de la tensión y conflicto entre dichas naciones. Poco importaban las películas, sino quién era más importante en todos y cada uno de los rubros, y uno de ellos era el cine. Así pues, mientras los organizadores de Cannes comenzaban detrás de Venecia en 1939, el mismo día de la inauguración, 1 de septiembre de aquel año, las tropas alemanas entran a Polonia y el Festival es cancelado, dándole por default el primer gran premio a Union Pacific de Cecil B. DeMille (en esa edición se supone también competirían entre si El Mago de Oz, Goodbye Mr Chips, y una selección de lo mejor del cie francés en aquellos momentos).

Tras la primera y súbita cancelación y debido a la Segunda Guerra Mundial, Cannes resucitaría hasta 1946, haciendo una múltiple premiación de su gran premio a 11 películas producidas entre 1943 y 1946, destacando entre ellas María Candelaria de Emilio Fernández (México), Brief Encounter de David Lean (Reino Unido), The Lost Weeekend de Billy Wilder (Estados Unidos), y Roma Ciudad Abierta de Roberto Rossellini (Italia).

Tras la escasez de producciones, resultado de la Guerra (algo similar con la que pasa ahora con el COVID-19), Cannes para 1947 decide celebrar una edición muy extraña y particular, donde nuevamente toma producciones de la década para dividirlas en premios especiales por rubro o por “tema”, por ejemplo premiando como mejor comedia musical a Ziegfeld Follies (1945) de Vincent Minnelli, y a Dumbo de 1941, como la mejor animación.

De nuevo para 1948 y 1950 el festival se cancelaría por falta de fondos, pero el año intermedio, 1949, sería el primero en instaurar a una ganadora por edición (aunque los empates podrían darse, siendo 11 en la historia, el último de ellos en 1997), siendo The Third Man de Carol Reed la premiada con el Gran Premio del Festival.

Dicho gran premio cambiaría su nombre para 1954, siendo entregada por primera vez un año después (1955 con Marty) la conocida “Palma de Oro”, la cual prevalece hasta nuestros días. Como dato curioso y como ya lo veremos en la siguiente entrega de este gran especial de Cannes, el Gran Premio del Jurado (o actualmente solo Premio del Jurado), sería instaurado hasta 1967, como un “segundo lugar” del Festival.

Anterior a su cancelación por la pandemia en 2020, Cannes sería cancelado también en 1968, año de las protestas estudiantiles contra el sistema capitalista y las organizaciones políticas.

Siendo 99 las películas galardonadas en Cannes (este año será la 100), es el objetivo de este conteo hacer la selección de las 50 mejores en la opinión de su servidor, tomando en cuenta ya sea el Gran Premio del Festival y/o la Palma de Oro. Ya habrá tiempo para un mejor Cannes en 2021, pero por el momento podemos deleitarnos con su historia a través de estas 50 joyitas:

 

Bonus  – Dumbo (Sam Armstrong, Norman Ferguson, Wilfred Jackson, Jack Kinney, Bill Roberts, Ben Sharpsteen, Estados Unidos, 1941)

POR EL FETT

De alto contenido social incrustado con analogías y metáforas que refieren al racismo, al sistema laboral, el alcoholismo, la pérdida matriarcal y finalmente a la discapacidad, esta revolucionaria joya animada se ha encargado de traumatizar y enamorar a cuatro generaciones desde su estreno en 1941, una contrariedad tan efectiva como emocional y esbozo histórico de un Disney surrealista y escabroso, testigo de un estudio experimental que jugaba con simbolismos de alta complejidad acordes a un tiempo violento, de guerra y de supervivencia del arte. Dumbo es el principio de la estabilidad, del cautivante musical y del trauma paternofilial en el mágico mundo de Disney.

 

Bonus – Crossfire (Edward Dmytryk, Estados Unidos, 1948)

POR EDGAR DEL VALLE

Película dirigida por Edward Dmytryk en 1947- Una película del cine negro característico de la época, en donde un hombre aparece muerto y en su fallecimiento se encuentran tres soldados involucrados;  Ryan nos ofrece un papel de complejidades psicológicas y alteraciones mentales emblemáticas, perfecta para interpretar uno de los mejores  papeles de villano dentro de la época dorada del cine negro en Hollywood. La película obtendría 5 nominaciones al Oscar, ganando un premio especial en Cannes como “cinta social”, en aquel confuso año en el que se dieron varias ganadoras dentro de distintos géneros o temas. Aún así, no deja de ser una gran y crítica película sobre la corrupción militar

 

 

50 – I, Daniel Blake (Ken Loach, Reino Unido, 2016)

POR EL FETT

La segunda Palma llegaría de uno de los dramas más desgarradores, anti sindicales y sociales de su filmografía, un doble retrato sobre la pobreza y las condiciones laborales precarias a los que son sometidos gran parte de la población británica. Casi documental, Loach explora los barrios bajos de esta medio – bajo estrato para de construir la esperanza de un mejor mañana, viendo en Blake un héroe callejero que frente a la desesperación, saldrá a las calles a gritar y clamar por sus derechos. De un tono muy personal, la figura de Blake y de la contra parte femenina en una madre soltera que debe mantener a sus dos hijos, son precisamente las perfectas extensiones de su símbolos trágicos heroicos, alcanzando aquí una catarsis social de tremenda empatía.

 

49 – Elephant (Gus Van Sant, Estados Unidos, 2003)

POR EL FETT

Volvemos a tocar el tema de las masacres escolares (mas actual que nunca) de la mano, psique y técnica de Van Sant, en la que si bien quizá no es su mejor cinta, si es su más grande experimento narrativo, al convertir una “ficción basada en hecho reales” en un cuasi documental retrato sobre la construcción de los dos perpetradores. Lo interesante de esta cinta es que no hay una respuesta cuando de manera propositiva se pretende llegar una, siendo en realidad una especie de “pregunta retórica” tan extensa como sustancial, tan tensa como trágica y tan triste como espeluznante. Van Sant parece no comprender, pero si tratar con ahínco y mucha honestidad de contestar esa pregunta sin respuesta.

 

48 – Un Hombre y Una Mujer (Claude Lelouch, Francia, 1965)

POR EDGAR DEL VALLE

El legendario actor francés encarna a un corredor de autos viudo que se enamora de una escritora, durante un encuentro en el internado al que asisten sus respectivos hijos. Drama romántico que con el paso de los años se convirtió de culto. Fue ganadora del premio Oscar mejor película de habla no inglesa y guion original, además de 4 nominaciones; 2 globos de Oro: mejor película de no habla inglesa y mejor actriz (Aimée) y la Palma de Oro en el Festival de Cannes, entre otros premios. El tema musical se convirtió en un himno para los enamorados. Una cinta de condición imprescindible en cualquier lista de romance

 

47 – La Classe Operaia Va In Paradiso (Elio Petri, Italia, 1971) 

POR EDGAR DEL VALLE

La historia de un obrero (Volonté) que, obligado por las infames condiciones del lugar donde trabaja, y a pesar de no desearlo, se convierte en un sindicalista. Una obra y actuación de este magnifico actor que fue muy valorada en su momento, al grado de estar considerada con una de las grandes cintas del cine italiano, siendo premiada con la Palma de Oro en el Festival de Cannes. La propaganda comunista del film es obvia, pero su sentido aleccionador no desmerita su valor narrativo, gracias en mucha parte a la pasional actuación de su protagonista y a la buena construcción de su personaje. Los principios de los 70 fueron enmarcados por propuestas de este tipo dentro de Cannes, confirmando al Festival como una especie de catalizador social.

 

46 – Il Caso Mattei (Francesco Rosi, Italia, 1972)

POR EDGAR DEL VALLE

Película sobre el extraño fallecimiento de Enrico Mattei (Gian María Volonté), uno de los hombres más importantes de la Italia de la posguerra, que colaboró para sacar de la ruina a su país, cuya muerte fue atribuida a interés políticos financieros. El caso es relatado meticulosamente por Rosi, mostrando la imagen positiva del personaje principal, sin dejar de reconocer sus defectos. La película compartió el Gran Premio con Los trabajadores van al cielo en el Festival de Cine de Cannes de 1972. Como dato curioso, la estrella actoral italiana Gian Maria Volontè fue el actor principal en ambas películas. Sin duda la mejor película de este gran y olvidado director italiano.

 

45 – María Candelaria (Emilio Fernández, México, 1944)

POR EL FETT

La cruz de “El Indio” era pesada. De él no solo dependía el “cine mexicano”, sino el colectivo artístico que forjó con Dolores del Rio, Pedro Armendáriz y Gabriel Figueroa, los cuáles lograron captar las tragedias más notorias y románticas de nuestro cine, historia y evolución social, situándose por lo general en cuadros amorosos que terminarán con el desmembramiento de una o varias de sus partes; en este caso concreto, de una india de Xochimilco víctima de la degradación, encasillamiento y linchamiento de su comunidad. La ganadora de Cannes causó polémica debido al estatuto del comportamiento salvaje de los pueblos mexicanos, pero nada que no pueda ser perdonado gracias a la gran presencia de la inmensa Dolores, la Candelaria.

 

44 – Sex, Lies and Videotape (Steven Soderbergh, Estados Unidos, 1989)

POR EL FETT

Primera película ¡Y zas! Palma de Oro en Cannes ¿Merecido? Cuestionable quizá, pero afirmativo. La gran diferencia con sus otras obras es que a pesar de su obvia novatez narrativa, Soderbergh exhibe un pasional retrato literalmente sobre sexo, mentiras y grabaciones, que notó una chispa de originalidad en un entorno “mini” coral y con un ingrediente erótico y actoral sobresaliente. Posiblemente estemos hablando de una de los mejores debuts de todos los tiempos, obra de un chico de 26 años, impresa de un ritmo dominante, intrigante, mórbido e inteligente, y todo esto filmado en tan solo ¡una semana! Un ejemplo de que no se necesita la gran producción para hacer una gran obra, sino tan solo originalidad y muchos huevos, digo… agallas.

 

43 – Les Parapluies de Cherbourg (Jacques Demy, 1964)

POR KIM TOBIAS

Tras superar los primeros 15 minutos de conmoción (en donde tendrás que darte cuenta que la película es completamente cantada) el resto de la historia te transporta a una odisea sentimental donde el protagonista es el primer amor. La bella Deneuve interpreta a  una chica enamorada de un mecánico con el que sueña con casarse a pesar de que su madre se opone por considerarla a ella muy joven y a él muy pobre. Los jóvenes tendrán que lidiar con la partida del chico para hacer el servicio militar fuera del país. Dividido en tres actos, cautiva por el ensamble ideal que logra entre musicalización y sentimientos, brindándonos una pieza que realza por su armonía nata en cada uno de sus encuadres y cuya historia logra la difícil misión de trascender en el tiempo y en el corazón.

 

42 – Fahrenheit 9/11 (Michael Moore, Estados Unidos, 2004)

POR EL FETT

Tras el fastuoso ejercicio de Columbine (que prácticamente puso en la mira al formato documental en un contexto fílmico comercial e internacional), Moore se abalanzó sobre el gobierno estadounidense con su proyecto más arriesgado y trasgresor, una cruenta investigación sobre el trágico 9/11 desde la perspectiva anti gubernamental que lo caracteriza, dotado de un excelente montaje, narración de hechos y posicionamiento de personajes reales como si se tratasen de complejos personajes de ficción, elementos suficientes para de nuevo encausar un thriller político de trasfondo histórico y narrativo sustancial que recibió según los asistentes, una ovación de 20 minutos durante su presentación y posterior victoria en Cannes.

 

41 – M*A*S*H (Robert Altman, Estados Unidos, 1970)

POR EL FETT

No suelo hacer esto, pero creo que la mejor definición sobre esta gran comedia negra se encuentra en las palabras del único e incomparable Roger Ebert: “Por lo general las comedias quieren que nos riamos de cosas que no son realmente divertidas, pero en esta nos reímos precisamente porque no son divertidas. No reímos por no llorar”. Es una película difícil de ver, no porque no sea interesante o entretenida (de hecho lo es, y en demasía), sino por su ruptura narrativa, una salida del molde única e irrepetible que se burla de todo: guerra, política, sociedad, sin que los tópicos sean ajenos a la realidad. Una obra maestra que fue condecorada con la Palma de Oro de Cannes y que marcó el inicio de un gran cineasta.

 

40 – All that Jazz (Bob Fosse, EStados Unidos, 1979)

POR EL FETT

Musical de abolengo que marcaría un parteaguas en el tono dramático de las consecuentes “biopics” y films de su género; la historia del propio Bob Fosse ejecutada sin concesión a través de su misma dirección, más allá de buscar una redención pareciera que el individuo quisiera revivir y/o explotar su lujuria y excesos ahora en un diferente plano… el cine, de ahí la naturalidad dentro de su extravagancia en una película que valió 4 Oscar y unas de las mejores interpretaciones de Roy Schreider y la siempre exquisita Jessica Lange. Al igual que Rocketman 40 años después, la maduración musical vendría de la mano del conflicto emocional y lascivo de su protagonista, con todo y Palma de Oro.

 

39 – The Conversation (Francis Ford Coppola, 1974)

POR EL FETT

Infravalorada obra que daría a Coppola la primera de sus dos Palmas, y que se vio eclipsada en el mundo occidental solo por existir en medio de las primeras dos obras de El Padrino, vaya paquetito ¿no lo creen? Y que aun así se establece como uno de los vehículos de suspenso más honestos e hipnotizadores de la década de los 70. La película es un solo de Gene Hackman (aunque destaca la presencia de John Cazale), que se adhiere de manera fiel al estereotipo “paternalista” y deshumanizador de Coppola dentro de un thriller de espionaje que siempre dice más de lo que parece, y en donde el director de nuevo no tiene ninguna concesión hacía de la devastación emocional de su protagónico.

 

38 – Amour (Michael Haneke, Austria, 2012)

POR EL FETT

Uno de los cineastas en haber ganado la Palma en dos ocasiones, la 2a de ellas gracias a un drama de desarrollo dispar y de una lentitud narrativa bastante cuestionable, fijada tanto en captar la monotonía y el romance en una etapa de vejez, como la progresiva y lenta degradación mental sufrida por Alzheimer. Pero entonces, ¿dónde radica la maestría de esta gran y cruda pieza de realidad? Precisamente en un final tan impresionante que nadie esperaba, ni el espectador, ni mucho menos Cannes, un giro moral tan cuestionable, siniestro o piadoso, como lo es su lento desarrollo. Haneke sabe su oficio, y como su primera vez, conoce que la carrera muchas veces se define en el último tramo, uno del que aún resulta difícil sobreponerse.

 

37 – Marty (Delbert Mann, 1955)

POR EDGAR DEL VALLE

Película debut del director Delbert Mann, con un guion de Paddy Chayefsky que se convirtió en un remake cinematográfico de una obra emitida por televisión en 1953. La historia trata sobre un carnicero solterón que vive con su madre, que sale con sus amigos por la noche intentando encontrar a la mujer de su vida. Película modesta, sencilla y emotiva que narra el conmovedor encuentro de dos almas solitarias, en un drama con excelso trabajo de Borgnine, mostrando un hombre bueno y afable, diferentes a los personajes rudos y antipáticos que acostumbraba a protagonizar. Por su papel Borgnine ganó el Oscar, el Globo de Oro y el BAFTA y la película el Oscar y la Palma de Oro (una de las tres en coseguirlo, después de The Lost Weekend y antes de Parasite)

 

36 – Loong Boonmee Raleuk Chat (Apichatpong Weerasethakul, Tailandia, 2010)

POR BEDUB

Para occidente, es difícil tratar el tema de la muerte que no sea de otra manera que la obvia tristeza y melancolía cuando se pierde a alguien, pero para otras culturas es mucho más fácil de lidiar, pues lo consideran un paso más de la vida, necesario y hasta hermoso. Así pasa con la historia del director tailandés: el tío Boonmee tiene una enfermedad renal que no tiene, sin embargo, ese tiempo más de vida le permite retirarse al sitio donde nació y creció, allí se encontrará con familiares que han muerto hace mucho tiempo, haciendo el paso a la muerte mucho más sereno y esencial para su espíritu. En su trayecto hacia la nueva forma de vida se encontrará con sus vidas pasadas y su alma que empezó como una nada. Monumental surrealismo

 

35 – Kagemusha (Akira Kurosawa, Japón, 1980)

POR EL FETT

Otra pieza samurái–western producida por George Lucas y Francis Ford Coppola en una especie de retribución hacía su mayor fuente de influencia artística, y es que aún Kurosawa en su versión más comercial y simplista, aquel año y con el poder mediático a tope, parecía la opción más indicada para ser conmemorado con un premio que se le había negado solo en una ocasión, en 1956. Aunque no la considero en un Top 10 del director (pero quizá sería el más lógico bonus), la virtud de Kagemusha reside en su impresionista puesta en escena, logrando una especie de híbrido entre su cine de aventuras más clásico, la corriente alemana de los años 20 y por supuesto, su occidentalización. Un producto digno y entre los mejores de Cannes, pero aun así un poco distante de lo mejor de Akira

 

34 – Rosetta (Hermanos Dardenne, Bélgica, 1999)

POR EL FETT

Un símbolo de la marginación social y de la destrucción del núcleo familiar. Entre abusos, alcoholismo matriarcal y el retrato cruel de las periferias belgas, los hermanos desmenuzan el entorno social en los pasos de una chica que solo busca salir del hoyo con un trabajo digno, comulgado con su ideal de una mejor vida y responsabilidad que no la destine a su cercana situación familiar. La actuación de la Dequenne es proverbial, patrimonio de una crítica que se rindió a sus pies y a la de sus directores en Cannes, recreando una actividad motriz de supervivencia que bien serviría a algunos de los cagados adolescentes de la generación Z como educación y conocimiento primario de la pobreza y de los esfuerzos por subsistir en un mundo adverso.

 

33 – L’enfant (Hermanos Dardenne, Bélgica, 2005)

POR EL FETT

Otro retrato de adversidad social (y del sentido paternal) donde alcanzan su punto máximo como cineastas, al patentar un estilo tan natural en donde pocas veces es difícil distinguir la realidad de la ficción, en mucha parte debido a su experiencia pre documental. La historia de una joven pareja de parias que, al enterarse de su embarazo, ella cuestionara si él podrá adquirir la responsabilidad debida y dejar atrás los actos vandálicos, es una joya del neorrealismo que logra momentos tan íntimos como incómodos, haciéndonos partícipes de cada pregunta y decisión, pero también del pesar resultado de la incertidumbre por las que a diario pasan. Segunda Palma de Oro para los Dardenne, de ganar este año serían los primeros en la historia de hacerse de la tripleta

 

32 – Blowup (Michelangelo Antonioni, Reino Unido, 1966)

POR EL FETT

Su título engloba de manera perfecta la sensación de esta obra de culto de Antonioni, una pieza de la cultura pop londinense que se aleja lo más posible de la convencionalidad narrativa para ejercer una fuerza tan extraña como hipnótica, digna de la adaptación de un cuento de Julio Cortázar. El cineasta italiano será criticado incluso por no denotar un principio o un fin, pero será en su sentido más voyerista, en donde el fotógrafo de modas protagonista de este relato se convertirá no solo en una extensión del propio director, sino también en una analogía de todo espectador que ve reflejado en el cine todos sus sueños y más siniestras obsesiones. Michelangelo confundió a Cannes y al mundo con una obra rara y compleja.

 

31 – The Square (Ruben Ostlund, Suecia, 2017)

POR EL FETT

Brillante comedia negra que arremete de manera incisiva al supuesto intelecto del arte abstracto y su cada vez más inexplicable expansión. Con toques surreales (característica primordial del cine sueco), Ostlund sorprende son su histérica sátira también al hacer una metáfora de dicha absurdez hacía con su protagonista y su accidental pero hilarante odisea, en una especie de thriller corporativo que no teme al escándalo de algunas de sus secuencias, mandando al carajo toda corrección política y “buenos modales”. Una obra que habrá que revalorar como de las mejores en su década, la secuencia del hombre simio es no solo una cátedra de incomodidad y suspenso, sino uno de los pináculos más peculiares de la comedia más negra en la historia del cine.

 

30 – The Piano (Jane Campion, Nueva Zelanda, 1993)

POR EL FETT

Hay algo en El Piano de Campion que la convierte en una película incomparable, y eso es el contraste que logra a partir de lo exquisitamente visual que es, a la par de la intensa violencia que narrativamente sugiere, forjando un cuadro románico erótico, trágico e inexplicable, nacido del chantaje y del abuso, y que poco a poco se va trastornando en placer, sumisión, obediencia y por supuesto… obsesión. El amor queda tan varado como el piano en una primera instancia, mera excusa para desarrollar un trío romántico con una sola y real víctima, la inocencia (metáfora también del amor), encarnada en una Anna Paquin tan adorable como inmersa en su papel, quizá regalando la mejor actuación que una niña haya logrado en la historia.

 

29 – El Hombre de Hierro (Andrzej Wajda, Polonia, 1981)

POR EL FETT

Cannes también ha sido tendencioso, mostrándose en algunas ocasiones más solidario que objetivo con ciertas causas políticas o sociales, siendo quizá el más sonado de los casos esta secuela de Wajda de El Hombre de Mármol, y que para bien de la cinematografía, coincide con ser uno de los documentos artísticos–históricos más sobresalientes de la historia gracias a que Wajda narra un acontecimiento en el instante de sus sucesos: el movimiento sindical–obrero en contra del régimen comunista en Polonia. Si bien es una combinación entre ficción y realidad (con varios pasajes de material documental), el experimentado cineasta no pierde su sentido dramático, filmando con mano de hierro una entrañable odisea de heroísmo y fraternidad, más madura y mejor afianzada que su antecesora.

 

28 – The Tragedy of Othello: The Moor of Venice (Orson Welles, Estados Unidos, 1951)

POR EL FETT

Ha ganado culto con el tiempo no por su calidad, sino por el esfuerzo y su “background”, siendo una historia de producción tan compleja que incluso da para filmar una película acerca de ella. Ganadora del gran premio del Jurado en Cannes, la extraña pero visualmente poética adaptación de Welles sobre el relato de celos de Shakespeare, fue la primera cinta ganadora del festival sin nacionalidad, pues debido a sus problemas (tardó cuatro años en producirse y estrenarse), tuvo que tomar producción marroquí tras varios problemas con los ejecutivos franceses, italianos y americanos. Welles derrocha en este hermoso accidente, algunos de sus pasajes técnicamente más elocuentes y hermosos, haciéndola una indispensable dentro de su filmografía

 

27 – Shoplifters (Hirokazu Koreeda, Japón, 2018)

POR EL FETT

Con la marca de uno de los cineastas más importantes de la pasada década, la capacidad de Koreeda de llevar a cabo dramas complejísimos a partir de las situaciones más convencionales, ve de nuevo en este conmovedor relato la oportunidad para explayar las emociones más naturales y espontáneas, transformando de nuevo al núcleo familiar en un cúmulo perfectamente estructurado tan cautivante como perturbador, y en este peculiar caso, también complementario a una punzante relato criminal y de crítica social que se corona de manera asombrosa con un impactante giro final. Koreeda es sin duda, el traductor más analítico y honesto de la sociedad japonesa en la actualidad.

 

26 – El Sabor de las Cerezas (Abbas Kiarostami, 1997)

POR EL FETT

Cinta encargada de posicionar al cine iraní en la vista y admiración de todos los Festivales. La compleja trama es una invitación a un viaje contemplativo y existencialista: Un hombre de mediana edad conduce su camión en las áridas carreteras buscando a alguien que lo entierre ya que ha decidido suicidarse. El neorrealismo es puro y las reacciones de los distintos personajes parecen incluso documentadas y/o improvisadas; el hombre y su vehículo son el hilo conductor entre una serie de diálogos y confrontaciones que durante 90 minutos enfrentan al espectador de nuevo a la situación de ser un jurado y ponerse en la piel de dichas víctimas. No es una película para todos, pero si una para comprender la esencia de su director y del cine iraní.

 

25 – La eternidad y un día (Theo Angelopoulos, Grecia, 1998)

POR EL FETT

Puede ser una road movie, pero no dentro de un término banalmente terrenal, sino de la introspección de la vida en el último día de la misma. Como “Fresas Salvajes” de Bergman, Angelopoulos crea un viaje onírico dentro de la redención de un viejo escritor, que decide frente a la muerte, hacer una conexión con la vida y el amor. Maravillosa contradicción dentro de un último viaje, donde el escritor tendrá la oportunidad de conectar su legado hacía con un niño albanés en su búsqueda de cruzar la frontera, uniendo sus caminos no solo para encontrar un nuevo sentido a su recorrido, sino también para crear una nueva fábula, un nuevo cuento juntos. Angelopoulos hizo dos o tres cintas destacables, siendo esta una joya entre ellas.

 

24 – Adiós a mi concubina (Kaige Chen, China, 1993)

POR EL FETT

Ganadora de la Palma de Oro , del BAFTA y nominada a dos premios Oscar, estamos ante una de las super producciones históricas más relevantes del cine chino, enmarcados en los cambios sociales, políticos y culturales suscitados desde mediados de los 20, pero focalizado en una historia muy humana e íntima sobre la fortaleza y el romance. También uno de los referentes del cine con temática LGBT, la historia de dos estudiantes y cantantes de ópera, que deben de vestirse como mujeres según las reglas de China para poder actuar, es un vehículo histórico sobre aquellos deseos y la lucha continúa contra el sistema y la opresión de su nación. Gong Li interpreta con maestría a la tercera pieza de este triángulo amoroso, tragándose la pantalla y a sus compañeros

 

23 – Brief Encounter (David Lean, Reino Unido, 1945)

POR EL FETT

Primera aparición de una de las multi premiadas de aquella peculiar edición de 1946, estamos ante la cinta consagratoria de David Lean, en la antesala de su etapa como el gran forjador y ejecutor del cine bélico y/o de aventuras. Lo que es un tierno y muy ágil relato de amor, es también una historia sobre infidelidad que convierte y olvida a la parte moral en como su nombre lo indica, un tierno y breve encuentro impregnado de un ágil ritmo y tensión entre sus dos protagonistas, el cual será llevado por su amor prohibido a un final tan emocionante como también devastador. Un pequeño encuentro con el más alto nivel de cine a través de la repetición “prohibida” de una sola acción, es obvio que Cannes no podía dejar pasar este imperativo evento fílmico.

 

22 – The White Ribbon (Michael Haneke, Alemania, 2009)

POR EL FETT

La mejor película de Haneke es también el testamento más onírico sobre el origen del fascismo, referenciado de manera obvia en esta pequeña aldea y antes de la primera guerra, a la concepción más básica y siniestra del nazismo. El ritmo impreso por el cineasta austriaco es sumamente inquietante, en lo que será una serie de sucesos alegóricos al régimen protagonizados por un grupo de niños que progresivamente van cambiando su ideología hasta doblegar al sistema “opresor” que ellos mismos “manipulan”. Existen retazos en los que es difícil distinguir incluso si Haneke  comparte dichas creencias, pero su hipnosis visual es tan magnífica como perturbadora, que el espectador da solo por sentado el origen del mal, contrastado por la presencia infantil.

 

21 – Missing (Costa-Gavras, Estados Unidos, 1982)

POR EL FETT

Aunque el afamado director griego abusa un poco de su duración y reconocido contenido anti político de cada una de sus obras, este thriller sobre la desaparición de un periodista en el inframundo de la dictadura chilena de Pinochet, permite a Lemmon otorgar una de sus más sórdidas y desgarradoras actuaciones cuando este interprete al padre del desaparecido, que unirá fuerzas con su nuera (una también excepcional Sissy Spaceck) para hacer frente a toda la burocracia, crimen e injusticia de un sistema violento y totalitario. Virtuosamente tensa y exasperante, a través de las actuaciones de este par se es posible conocer el inexplicable dolor ajeno que de manera atemporal se sigue experimentando en todo el continente.

 

20 – The Wind that Shakes the Barley (Kean Loach, Reino Unido, 2006)

POR EL FETT

El origen de IRA (Ejército Republicano Irlandés) no es solo provocador y consistentemente retratado por Loach, sino íntimamente desmenuzado cuando en este testimonio histórico sobre la independencia de dicha nación en los años 20, Loach incluya una metáfora fraternal que, frente al pacto del Gobierno Británico, consecuentemente dictaminará el futuro y diseminación de aquella hermandad o fracción, desatando así la otra guerra civil que hasta la fecha sigue “aterrorizando” con dichas siglas. Poderosa y desgarradora, quizá la autenticidad y su realismo puncen doblemente a la sociedad cuando el director construya un relato sobre la traición a los ideales socialistas, tema que seguramente el narrador hizo personal para ganar su primera Palma de Oro.

 

19 – Roma città aperta (Roberto Rossellini, Italia, 1945)

POR EL FETT

Llamada la obra por antonomasia de la corriente neorrealista, basta mencionar que Rossellini “abrió” Roma aun cuando la guerra seguía su curso, filmando con escasos recursos una cruenta joya vivencial, testigo de las devastaciones y nacida sencillamente de las cenizas de aquella ciudad. Trasgresora por sí sola, el legendario cineasta italiano emprendería un relato revolucionario de supervivencia que se mantiene tan impactante como actual en estas épocas, recreando una perfecta ficción sobre las ruinas de la realidad. El cineasta de la post guerra seguiría en 1946 con Paisá y en 1948 con la devastadora Alemania Año Cero (para su servidor, la mejor de esta trilogía), pero sin duda la genialidad y los cimientos de su leyenda nacieron aquí.

 

18 – Il Gattopardo (Luchino Visconti, Italia, 1963)

POR EDGAR DEL VALLE

El filme suma drama, historia, romance y guerra. Es el octavo largometraje de Visconti (sobre un total de 15), su trabajo de mayor presupuesto y una obra clave dentro de su filmografía (con una de las mejores actuaciones de Burt Lancaster). Una película basada en la novela homónima de Giuseppe Tomasi di Lampedusa, con un reparo multiestelar. La cinta incluye drama, historia, romance y guerra. Es el octavo largometraje de Visconti (sobre un total de 14), su trabajo de mayor presupuesto y una obra clave dentro de su filmografía. Como curiosidad se dice que es una de las 10 películas favoritas de Martin Scorsese y ganadora de la Palma de Oro del Festivales de Cannes de 1963.

 

17 – The Lost Weekend (Billy Wilder, Estados Unidos, 1945)

POR EL FETT

Una odisea de deconstrucción humana impactante y adelantada a su época, Wilder consigue un grado de realismo dramático ajeno y hasta extraño para un Hollywood naciente, donde proliferaban los riesgos (y por ende las joyas). Con una intensidad dramática que mantiene al relato en un grado de suspenso constante , Wilder y Ray Milland entregan uno de los relatos más honestos y brutales sobre el alcoholismo, y de cómo este puede destruir todo a su paso tal y como lo desarrolla esta avalancha de emociones sin concesiones moralistas. Como curiosidad, la cinta se llevaría el Gran Premio de Cannes (después Palma de Oro) en una ceremonia que incluyo tras la Guerra a otras 10 ganadoras, estrictamente siendo una de las 3 en la historia en lograr Oscar – Cannes (Marty y Parasite fueron las siguientes)

 

16 – The Third Man (Carol Reed, Reino Unido, 1949)

POR EL FETT

La primera ganadora del Gran Premio en su formato de competencia actual (con solo una ganadora, en su año de producción y sin ser cancelado el certamen), fue una de las cintas noir más peculiares, pero también mejor escritas, fotografiadas y entretenidas de toda una estela de éxitos en el apogeo del cine negro, citada en 1999 como la mejor aportación del cine británico al cine en su historia. Nótese no solo el poderío visual y auditivo que despliega cada cuadro de su pesimista y magnífico relato de post guerra, sino también la concepción de su misterio centrado en el arquetipo del propio Orson Welles, la mítica silueta en la sombra y figura que a la larga se convertirá en su participación y presencia más destacable en el cine. Así es, olviden al Ciudadano Kane, y tomen a Welles como Harry Lime.

 

15 – The Mission (Roland Joffe, Reino Unido, 1986)

POR EL FETT

Film de fuerte enfoque histórico y espiritual situado en los mediados de los años 1700 bajo el telón del Tratado de Madrid y la disputa entre Portugal y España por las colonias americanas con la también presión política de la figura papal. Dos vertientes, una guerrera y mundana estelarizada por un cazador de indios arrepentido de sus pecados (De Niro), y otra pacífica y pastoral proveniente del Padre Gabriel (Irons) y su marcha musical y silenciosa en contra incluso de las ideologías traídas por el nuncio papal. Bellamente endulzada con la música de Ennio (es difícil separar la legendaria partitura del Oboe del recuerdo del film) y de poderosas actuaciones, esta fue una de las más románticas y mediáticas decisiones del Festival, y una de las películas más bellas de la historia.

 

14 – Pelle the conqueror (Bille August, Dinamarca, 1987)

POR EL FETT

Una de las más estremecedoras cintas sobre la paternidad, el recién finado Sydow recibiría un premio especial por el papel de un padre inmigrante que, para buscar una mejor vida para él y su hijo, viajan junto con un grupo a una isla danesa donde consiguen trabajo en una granja, pero en condiciones similares a la esclavitud. Los reflectores dramáticos se posan así en la guía paternal y dramática, en un vaivén de emociones que transforman lo pusilánime en los principios más básicos de la fortaleza humana a través de Pelle, al cual su padre insta a que si lo desea, puede conquistar el mundo. Un guion sólido al servicio de una cátedra actoral se convierte en otra gran y clara alegoría del esclavismo fascista y el resquebrajamiento de la inocencia.

 

13 – Barton Fink (Joel Coen, Estados Unidos, 1991)

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Su pieza más personal y en donde al parecer el protagonista es un híbrido entre sus dos personalidades,  los Coen logran que un sucio hotel se convierta en el reflejo paranoico de la presión y el estrés del artista, encarnados de manera surrealista en una presencia (y sentido) homicida que se torna tan siniestra como incomoda. Responsable hasta la fecha de su aún respetable estatus entre los comités europeos, la bicefalia toma un rol fundamental no solo en el suspenso de su hotel (mente), sino también en una de las representaciones más satíricas y chuscas del hipócrita sistema de industria fílmica gringa, en lo que también funciona como una exquisita y posiblemente accidental auto burla, siendo esta el parteaguas entre el pasado indie y el futuro comercial.

 

12 – Viridiana (Luis Buñuel, España, 1961)

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Estrictamente de España, esta magistral obra de Buñuel alcanza un clímax autoral entre sus previos años surreales de México y los críticos clasistas europeos por venir, encausado también la mejor actuación de una Silvia Pinal que como ya era costumbre, encarna el bien y el mal, la inocencia y el deseo carnal, la dualidad humana que radica entre su cinismo y clasismo, en lo que también será su pieza más punzante y satíricamente espiritual, y de la que se desprenderán una serie de simbolismos tan surreales como legendarios. Cabe destacar el acierto y autoridad de Cannes al premiarla, pues también fue un mensaje crítico hacía la prohibición que sufrió en España, víctima del franquismo, y de ahí por qué fue acogida erróneamente como una producción mexicana por mucho tiempo.

 

11 – Dancer in the Dark (Lars Von Trier, Dinamarca, 2000)

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Lars es sin duda uno de los generadores e inventores más importantes y referentes en la historia del cine. Al terminar su Dogma 95, esta prominencia fílmica sugirió no solo una total reinvención del melodrama y del convencional relato del “enfermo”, sino también del género musical, al tomar de su dogma ciertos estatutos para encausar la desgarradora odisea de esta emigrante checa, en una espiral de desgracias que no otorgará, fiel a su costumbre, ninguna concesión al espectador que ose admirarla. La comunión de esos frescos números musicales con los tintes crueles de su desgracia desata así una de las obras más inquietantes, tristes y relevantes de los últimos 20 años. Fascinante, aún en día resulta complicado digerirla.

 

10 – Parasite (Jon Bong-hoo, Corea del Sur, 2019)

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La mejor del 2019 y una de las mejores de la década, de una agilidad narrativa que lo hace parecer como si tuviera 30 películas encima, Bong cambia de nota pero no de discurso, con un fastuoso cuento de suspenso (que evocan al mejor de los Hitchcocks con ese excelso manejo de espacios) conformado por variados giros bien cimentados en el nuevo choque y evolución de su crítica social. Sin duda firmando su mejor obra (segunda en conseguir la Palma y el Oscar en la historia), Parasite no es solo es una fascinante cátedra de tensión fílmica que deja por momentos sin respiro al espectador, sino también una alegórica y punzante comedia negra sobre la diferencia de ideologías, intelectos y situaciones de las clases sociales a nivel universal.

 

9 – The Tree of Life (Terrence Malick, Estados Unidos, 2011)

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El Malick más surreal, filósofo, psicológico, dramático, paternalista, contemplativo, expresionista y existencial; precisamente las variadas ramificaciones de este árbol narrativo y evolutivo son las que van construyendo una joya sin precedentes, sumida totalmente en un estilo lírico y de estética contemplativa. Muchos la acusaron de pretenciosa ¡y lo es! Pero aquí lo que se debe terminar juzgando son los resultados de dicho y complejo manifiesto centrado en el lugar que ocupa una familia, su relación, traumas y final reunión en el más allá, en el gran árbol de la vida, desde la formación del universo hasta el final de cada ser humano. Impecable de principio a fin, fue, es y será un hito artístico en el árbol del cine.

 

8 – La Dolce Vita (Federico Fellini, Italia, 1960)

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Roma vuelve a ser escenario de una gran victoria en Cannes (y pensar que los franceses idearon el Festival en competencia con los italianos), pero en esta ocasión la revitalizada ciudad luce llena de luz, de pasión, de glamour y claro, de paparazzis, con un Marcelo encarnando la dualidad del “macho” europeo, tan distante emocional como ajeno de la humanidad, pero alegando bajo la siempre excelsa batuta de Fellini, la final expiación en las costas italianas. La Dolce Vita es bella pero más agridulce que lo que refiere en realidad su título, siendo una rica ironía que el maestro italiano perpetua durante casi todo el metraje de su film, en un relato que como Antonioni, Rossellini y otros contemporáneos como Sorrentino, parece no tener ni un principio, ni un fin.

 

7 – The Pianist (Roman Polanski, Reino Unido, 2002)

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Dice un viejo proverbio chino que “una imagen vale más que 1000 palabras”. Roman al parecer lo tenía claro cuando vio a su madre cautiva (y muerta) en Auschwitz, cuando mendigó por las calles escondido de los nazis, cuando Charles Manson asesinó a su esposa Sharon Tate, y cuando Wladyslaw “Wladek” Szpilman sobrevive a través de su música, tocando el piano y esperando la gracia de una lata de pepinillos. Roman conocía el dolor y se atrevió a transmitirlo con el único lenguaje que él conocía… el artístico, en esta tan hermosa como dolorosa combinación entre música y celuloide que se resume de manera perfecta en aquella brutal pieza clímax. Repito, es irónico que alguien que debería estar tras las rejas, pueda hacer este nivel de cine.

 

6 – Pulp Fiction (Quentin Tarantino, Estados Unidos, 1994)

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Cuanto Tarantino era solo con dos piezas en su currículum, uno de los más frescos y potentes autores de los 90, Cannes confirmaría dicho estatus premiando una obra que quizá en su rubro solo sea superada por lo hecho por Coppola en los 70 y Scorsese solo 4 años antes. He aquí un autor en todo su esplendor y fuera de los pecados que lo irán poco a poco degradando; Tarantino deja de lado su estática y asumiendo el movimiento; sus dialectos y conversaciones están ahí, sus mesas y demás elementos así como también su siniestro y negro humor, sin embargo esta gran fábula gansteril brilla como el oro de su maletín macguffin gracias a que él mismo no se respeta y sale valiente y airoso de su zona de confort. Todo en perfecta armonía y conexión, hasta sus fetiches lucen grandiosos.

 

5 – Underground (Emir Kusturica, Yugoslavia, 1995)

POR EL FETT

De la antigua Yugoslavia, llega esta exquisita puesta en escena donde la tristeza pocas veces había sido tan hermosamente expresada y transformada en alegorías surrealistas llevadas al límite de la extravagancia y la felicidad; una fiesta constante visual y narrativa donde Kusturica exprime las bondades humanas para usarlas al servicio de una percepción bélica y romántica bastante retorcida: Marko se refugia bajo tierra durante la guerra manufacturando armas, pero al final del conflicto, sigue engañando a su amigo convenciéndolo que allá arriba aún no es seguro; cuando el secreto es descubierto, he ahí el final de la rica metáfora ¡Ya no existe Yugoslavia! Una locura tan desgarradora como magnífica, con una ambientación suprema y la imprescindible banda sonora de Goran Bregovich.

 

4 – Taxi Driver (Martin Scorsese, Estados Unidos, 1976)

POR EL FETT

Sucia, oscura, un retrato de la escoria que habita en la sociedad, así es esta joya atemporal y adelantada a su época. Scorsese define un arquetipo de antihéroe único en el cine, un mundano y común taxista nocturno que sufre de insomnio y que progresivamente se va transformando en un vengador anónimo al ver toda la podredumbre social y política de su entorno; no es un héroe, tampoco un villano, sino un complejo ente que persigue un objetivo: aportar su existencia para transformar su aberrante ambiente en un lugar mejor para vivir. La asociación con sus criaturas de la noche y la red del bajo el mundo de la prostitución infantil,  hasta los confines de las figuras políticas que son representadas como simples marionetas, este vengador de la posesión mental y de la hipocresía no está tan loco como parece.

 

3 – El Salario del Miedo (H.G. Clouzot, Francia, 1953)

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No hay pieza que defina mejor el suspenso que esta trepidante joya y sin duda la mejor aportación técnica y narrativa del cine francés a su propia festividad. El compromiso que requiere Clouzot por parte del espectador se convierte en uno de los lazos fílmicos no solo más íntimos y empáticos, sino también más emocionales cuando se comience a somatizar toda la tensión vertida en un metraje que literalmente con cada curva de su mortal camino, lleva hacía un destino o un final tan inesperado, como esperanzador y/o trágico. En un según plano digno de también digerir por parte de la clase obrera, la crítica hacía el sistema laboral es recia y tan inmisericorde como su trayecto, formando así un conjunto de sudor y miedo que incluso hacen ver a Hitchcock muy, pero muy diminuto.

 

2 – Apocalypse Now (Francis Ford Coppola, Estados Unidos, 1979)

POR EL FETT

El corazón de las tinieblas de Joseph Conrad nunca verá otra mejor adaptación que esta, la mayor épica – odisea de cine bélico donde puede notarse otro de los grandes trucos narrativos de Francis Ford Coppola, reflejados en los pequeños detonantes a lo largo de su relato en forma de personajes secundarios y escenas de inmensa calidad que sirven como nexos de su viaje y elementos que alimentan la psique y estructura de su “antihéroe”. De nuevo jugando al tópico paterno en una espiral progresiva de demencia, el estilo de Coppola se adapta tanto a Conrad, como sus tinieblas a tono del director. Además, Brando – Coppola de nuevo logran recrear a uno de los personajes – villanos más legendarios del cine, dando a Cannes una de sus más preciadas joyas.

 

1 – Paris, Texas (Wim Wender, Alemania del Oeste, 1984)

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Sin temor a equivocarme, una de las piezas más conmovedoras que nos ha regalado el séptimo arte, obra que dentro de todo su romanticismo conlleva un giro final que corrompe los mismos ideales y sentimientos más afectivos de este y del género sin dejar de ser tierna y cautivante, y donde el amor queda de lado para transformarse en algo más supremo… un himno de compasión. Lo mejor de Wenders y ganadora de todo en Cannes (Palma, jurado y prensa), su majestuosa belleza solo es equiparable al catedrático tono de misterio impreso por Wim, un hábil distractor de tanta gracia y espontaneidad para que el espectador se vea envuelto de manera absoluta dentro de una catarsis ajena a todo truco sentimental o lacrimógeno. La belleza hecha cine, se funde metafóricamente y simbólicamente en la eterna y legendaria presencia de Nastassja Kinski.

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Acerca del autor

El Fett   @El_Fett   cinescopia.com

El más realista y cabrón crítico de cine que pueda existir. Ente sin misericordia que tiene el halago de transmitir a los mortales su sentir y sabiduría en el mejor recinto sobre el séptimo arte. Cinéfilo de corazón y crítico crudo por vocación. Alter ego del Licenciado en mercadotecnia y RRPP Oscar M Rodríguez (FB) Sigueme en twitter @El_Fett


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