Momentos Favoritos del Cine: Dr. Strangelove

Por aburrimiento y ganas de hacer algo, empecé en tuiter un juego de 1 Fav = 1 dato sobre alguna película. Conforme fui acumulando favs, fui tuiteando datos sobre las películas que me gustan, algunos muy conocidos, otros no tanto. Una cosa llevó a la otra, y llegué a Dr. Strangelove, la fantástica comedia de Stanley Kubrick sobre el inminente fin del mundo por burocracia nuclear. Escribí 4 tuits seguidos sobre la película con diferentes detalles, y me obligué a parar porque me acordé que adoro esta película y podría hablar sin parar de ella. No, en serio: casi hice un trabajo semestral basándome en la política diplomática de este filme cuando estudié la carrera.

Dr. Strangelove, or How I Learned to Stop Worrying and Love the Bomb (1964) nos presenta el peor escenario de la Guerra Fría: el ejército estadounidense manda pilotos para que lancen bombas nucleares sobre la Unión Soviética siguiendo un plan de emergencia, y no hay forma de hacer que los pilotos aborten la misión. Protagonizada por Peter Sellers, George C. Scott, Sterling Hayden, y James Earl Jones, el filme es una reliquia que embotella los peores miedos de la Guerra Fría -tan palpables, sombríos y posibles en la novela de Peter George, ‘Alerta Roja’- y se burla de ellos de la mejor manera. Sí, ok, existe el miedo a que los soviéticos contaminen el agua y “laven” el cerebro de los jóvenes para volverlos Anti-Americanos, pero, ¿qué tal si eso es sólo la descabellada percepción de un hombre a quien ya le llegó la andropausia?

Dr. Strangelove es divertidísima, tanto por los niveles de absurdo a los que llega como por su fina sátira que golpea a los individuos e instituciones que se encuentran en las esferas más altas de poder. Es un tipo de humor muy difícil de lograr, y Kubrick lo dominó sin problemas, presentando los temores reales de todos sobre nuestros líderes en un presente tenso. Quizás, nuestro futuro está en las manos de hombres frustrados sexualmente, con hambre voraz de poder para compensar, señores que reaccionarían de la PEOR manera ante una crisis mundial. Ambientada en la Guerra Fría y estrenada a dos años de la Crisis de los Misiles, sin duda debió haber sido muy catártica verla en el cine. Y, vaya, debió haber sido maravilloso salir de la sala con la tranquilidad de que la persona con acceso a los códigos nucleares no haría algo así de mortal con tal de probarle a sus rivales que la tiene más grande o que sí se le para. O que estos códigos no están en las manos de un presidente impulsivo, sumamente emocional de la peor manera, y vengativo.

La escena que presento a continuación es mi favorita. Si no se acuerdan bien, aquí estamos ante el punto en que el presidente Merkin Muffley fue informado de la rebelión e intransigencia del General Jack D. Ripper -¿no aman cómo todos los nombres son chistes por sí mismos?- y debe usar el teléfono de línea directa a Moscú para hablar con el Premier soviético y convencerlo de que el ataque aéreo que llegará a su territorio dentro de poco no es, pues, intencional. El peso de la escena cae sobre Peter Sellers en el segundo personaje (de tres) que interpretó para Kubrick: un presidente que no es tomado en serio por su gabinete, que busca seguir las leyes y procesos establecidos a toda costa y que se ve cada vez más frustrado por lo absurdo de toda la situación. El humor de la escena se complementa con las expresiones faciales de George C. Scott y Peter Bull, quienes interpretan a un general estadounidense oportunista y al embajador soviético en Estados Unidos, respectivamente.

Sin más, disfruten la escena.

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Acerca del autor

Oraleia    

Snob pretenciosa en recuperación, punk de gustos refinados y valemadrista con corazón. Crítica de cine.


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