Momentos Favoritos del Cine: El Séptimo Sello

La fascinación por la muerte fue la motivación principal en el cine de Ingmar Bergman, tema que se extendió por toda su filmografía adoptando distintas facetas y momentos hasta ver en El Séptimo Sello su proyección física, desnudando el verdadero deseo por el cineasta de enfrentar a aquella figura desde la parte táctica hasta su intimidad espiritual e intelectual.

Es notorio que Bergman antes y después de esta cinta buscó por todos los medios narrativos posibles su acercamiento y comprensión hacia la muerte, desde el duelo dramático hasta el plano sobrenatural, pasando por el miedo a la misma o la esperanza de alcanzarla para apaciguar el dolor físico y/o emocional, el maestro sueco trazó una especie de mapa que nos llevaría al contacto más apasionante a través del enfrentamiento de un caballero que recién regresa de las cruzadas para encontrarse con la muerte, un espectro al que reta y que lo acompaña en toda su travesía teniendo como telón de fondo el azote de la peste negra en Europa ¿Magnifica metáfora no lo creen?

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Así como fascinante esta secuencia introductoria, llena de diálogos que parecen haberse traducido desde un plano sobrehumano al lenguaje de un simple mortal ¿El reto? Una partida de ajedrez, en donde la soberbia del caballero lo lleva a creer que ganará la justa en contra de una muerte que afirma haberlo acompañado en todo su camino. La duda y angustia de su empresa e ideología religiosa acosan al cruzado, miedos que el espectro aprovecha para jugar con él y ganarle la partida desde todos los frentes.

Bergman así establece ese tono “coqueto” e informal que lo caracteriza sin dejar de lado la complejidad emocional de sus narraciones. La corriente surrealista se hace presente de la manera más simplista y hasta con cierto toque infantil para que el mortal pueda tratar de comprender las consecuencias no solo del resquebrajamiento de los valores más básicos, sino de una sociedad europea que pareciera castigada por las circunstancias de una guerra santa.

El eterno Max Von Sydow regala una prodigiosa actuación y el final de Ingmar regala una de las dualidades más maravillosas del cine ¿El destino es trágico o esperanzado? ¿Final o transitorio? ¿El regocijo frente a una peste incontrolable? En esa conclusión solo el espectador, dependiendo de su cultura, tradiciones o ideología podrá juzgarlo, sin embargo es mi creencia que el mexicano podrá proveer de una mayor estima y comprensión a esta odisea… de México hasta Suecia, de Suecia para México ¡Gracias Ingmar!

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Acerca del autor

El Fett   @El_Fett   cinescopia.com

El más realista y cabrón crítico de cine que pueda existir. Ente sin misericordia que tiene el halago de transmitir a los mortales su sentir y sabiduría en el mejor recinto sobre el séptimo arte. Cinéfilo de corazón y crítico crudo por vocación. Alter ego del Licenciado en mercadotecnia y RRPP Oscar M Rodríguez (FB) Sigueme en twitter @El_Fett


7 comentarios

  • Cada vez soy más fan del sueco, pero… aun no veo ésta, ya caerá.

    Por cierto, sería interesante un espacio para los Momentos Favoritos del Cine de los lectores. Yo que se, el momento favorito de Baker Boy, el momento favorito de El Cirujano, o el mío, jajaja.

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    • Esta en cuestión mi estimado creo que es su mas famosa, encontrará cierta simplicidad en ella (en comparación a sus otras) que la hacen mas disfrutable para el publico general que para los críticos del mismo Bergman, pero lo que es cierto es que ees una JOYOTA

      Me parece excelente su idua, empecemos por la de usted, que le parece ¿Cual es?

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  • Mi estimado, la película tiene diálogos profundos, aqui uno de mis favoritos, de la joya que comenta
    La fe es un grave sufrimiento. Es como amar a alguien que está fuera en las tinieblas que no se presenta por mucho que se le llama. Sentado aquí, con vosotros, que irreales resultan estas cosas. Pierden su importancia […] Siempre recordaré este día. Me acordaré de esta paz, de las fresas y del cuenco de leche, de vuestros rostros a esta última luz. Me acordaré de Miguel así dormidito y de José con su laúd. Conservaré el recuerdo de todo lo que hemos hablado. Lo llevaré entre mis manos, amorosamente, como se lleva un cuenco lleno de leche hasta el borde… Me bastará este recuerdo como una revelación.

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