2000 Meters to Andriivka: Ven y Mira
Lo hecho por Elem Klimov fue un rayo que nunca volverá a caer en el mismo sitio, y es que es innegable que Ven y Mira es una joya tan grande que acabaría opacando a casi todas las películas del género bélico. Aun así, de entre las diferentes propuestas sobresalió el documental “20 Days in Mariupol”, que causó mucho revuelo por la proximidad con la que el director Mstyslav Chernov tocó el tema del conflicto Ucrania-Rusia, al punto de ganar el Oscar y obtener el honor de ser quién más se ha acercado al cineasta ruso. Ahora, después de su triunfo, regresa con la secuela de su aclamado trabajo “2000 meters to Andriivka”.

Uno pensaría que sacar una secuela de un trabajo tan importante sería innecesario, en especial porque el mensaje ya quedó más que claro en la primera. Sin embargo, el hecho de continuar la historia tiene un propósito: recordarnos que el conflicto entre Ucrania y Rusia no ha terminado (¿no les parece una casualidad enorme que actualmente ya no hay nadie comentando sobre el tema?). La diferencia es que esta vez en 2000 meters to Andriivka, la aproximación no es un panorama general con el punto de vista del pueblo, sino que viene de un grupo de soldados a los que se les encomienda una misión sencilla, pero al mismo tiempo peligrosa, de manera que la trama funciona más como un testimonio directo de la guerra. Para mejorar todavía más la inmersión, el propio director se inmiscuye con la tropa, los filma de cerca y graba sus testimonios.
Esta decisión de involucrarse con el equipo hace que el montaje sea más dinámico porque mezcla situaciones de acción junto con la melancolía que el frente y la lejanía de la gente despierta en los soldados. El veredicto es directo desde el frente en el campo de batalla, de modo que la perspectiva en primera persona es un elemento que hace más inmersiva hacia los militares. Complementado por la fotografía, logra que la tensión se incremente con cada acercamiento al pueblo de Andriivka, pues a pesar de mostrar más espacios abiertos en comparación con su predecesora, la claustrofobia sigue estando presente en cada escena, siendo testigos de la inhumanidad de que somos capaces.

A través de la mirada en primera persona se conoce más a cada miembro del ejército: cómo se comunican, cómo se transportan, los problemas logísticos, la presión de los defensores, las bajas que sufren, los descansos, las promesas y el respeto. Saben que cualquier día puede ser el último y por eso sienten la constante obligación de defender a su país. No es de extrañar que la voz del director funja como un entrevistador que quiere saber más a profundidad sobre ellos, en algunos casos desentrañando el trágico destino que tendrán en meses. Como añadido en 2000 meters to Andriivka, el valor sociológico aporta más detalles y realismo a la manera en la que se afrontan situaciones de peligro de muerte inminente. Por último, la música basada en el folk ucraniano agrega una atmósfera lenta, desgarradora y amarga que hace crecer el resultado global. Todo para colocar una bandera en las ruinas de un pueblo que ya estaba en la ruina desde antes.
2000 meters to Andriivka no alcanza los niveles de su antecesora (más que nada por la repetición del tema y por ende, sentir que no aporta nada nuevo), pero sabe transmitir esa tensión y el miedo a morir, plasmando el terror de un acontecimiento que lamentable se vuelve aún más traumatizante y creciente para una nación entera, consolidando a Mstyslav Chernov como el sucesor de Elem Klimov.

El mejor documental del 2025, 2000 meters to Andriivka nos hace preguntarnos la mayor duda de los Oscares: ¡¿por qué carajos no está nominado a Mejor Documental?! Por mucho, una de las mayores ausencias en la ceremonia de premios. ¿Acaso será por las tendencias actuales que priorizan el genocidio en Gaza? ¿Será por qué ya todo el mundo olvidó que la guerra en esta parte del mundo sigue sucediendo? ¿O algún favorcito que Trump le hizo a Putin?