28 Years Later: The Bone Temple – Mi amigo el zombi de 3 patas

Si algo nos ha enseñado la historia fílmica es que, si una saga de zombis se alarga demasiado, puede llegar a incluir una sarta de idioteces que no solo destruirán la lógica interna, sino que se cagarán en el elemento de horror principal que la misma saga creó debido a la necesidad de exhibir más elementos que se esfuercen, con mero sensacionalismo visual, alcanzar ese “factor sorpresa” que ya no se tiene. Y así, tras varios ejemplos como TWD, REC, Resident Evil (que desde la primera es mala, pero todo se vuelve peor), Zombieland y hasta la saga de Romero, llega esta pifia, The Bone Temple

Para comenzar, la capitulación propositiva de un argumento totalmente incoherente, hace que The Bone Temple se sienta como en episodio de transición, y no como un ejercicio que tenga un principio, clímax o final, ya no digamos crecimiento o desarrollo de sus personajes que, al igual que la narrativa, solo van de paso en esta truqueada y vacía progresión de hechos que se esfuerza solo en servir a las fuerzas del mal buscando sorprender con momentos tan dispares, que van desde un mediano pero gráfico nivel de gore y tripas, hasta momento literalmente auditivos que bien podrían hasta calificarla como una cinta de “horror musical cómico”, y en donde estos dos rubros terminan más por agradecerse que la propia tensión, pues son los que hacen sobrevivir a la audiencia de este apocalipsis

Así mismo, la trama es tan predecible que puede llegar a ser ofensiva para el intelecto promedio. El reiterativo mensaje sobre “el hombre es más monstruo que el monstruo” se vale de dos tramas de donde ya sabemos desde el minuto uno quien saldrá avante hacía el final; por un lado, la deshumanización se da de lado del grupo satanista colorido de los “Jimmys”, donde Jack O’Connell repite su papel de “Sinners” (pero con peluca), y el cual es dedicado a mostrar desollamientos, 1000 maneras de morir y comedia accidentada de mal gusto sobre un grupo de idiotas violentos expertos en artes marciales en búsqueda de Satanás; por el otro, tenemos la humanización del zombi, donde el Doctor encontrará de una manera muy suertuda la cura de la infección al hacerse amigo (casi novio) del alfa Sansón. Las tramas se unirán, pero al no tener ni una pizca de tensión o amenaza, se deduce de manera casi infantil a los supervivientes de dicho encuentro sociocultural, la ignorancia contra la ciencia, la inocencia contra la veteranía, por así decirlo

¿Se escucha bien no es así? Y es que The Bone Temple es de esas típicas basuras con buenas ideas desmanteladas no solo por su poca cohesión y pericia narrativa, sino principalmente por su predecesora ¿Y saben lo irónicamente peor? Que sabes que Danny Boyle se fue a la mierda cuando alguien tan poco talentosa como Nia DaCosta le gana en su propio juego. Por ende, y a pesar de todos sus errores y estupideces sensacionalistas, esta película es al menos más dinámica, más divertida y mucho mejor encausada en lo actoral que su predecesora.

Este último aspecto quizá sea “el templo” en el que se erige la poquita calidad de The Bone Temple, y es que tener ahora a Ralph Fiennes ahora como protagonista no es cosa menor. El talento del actor aún en su nivel más bajo y caricaturesco es suficiente para sostener la cinta; su presencia, dicción y cierto registro dramático ante la situación, así como su química con Sansón, hacen que incluso en la contrariedad de su argumento, se levanten algunos buenos momentos gracias a su mera presencia, incluyendo los dos o tres números meramente musicales del videoclip en el que suele convertirse la película, destacando para los fans de Iron Maiden la secuencia de 666, sin olvidar por supuesto a Duran Duran.

Tan amigo para la audiencia como enemigo para la trama, desgraciadamente la sombra de Fiennes pesa sobre toda “The Bone Temple”, borrando prácticamente el interés de la otra trama y otros pocos personajes secundarios en lo que en realidad es una película de zombis que no ya no tiene zombis, también relegando a las criaturas infectadas a escasos 10 minutos (o incluso menos) del metraje. Este desequilibrio es una razón más para poner a Alex Garland en la cima de los reyes de la sobrevaloración, un guionista – director que siempre va a preferir más la forma que el fondo, el morbo que la lógica, y los deus ex machina y razonamientos idiotas sobre la coherencia narrativa (algo que incluso se confirma en su cliffhanger, un elemento “fan service” que, de nuevo con puros trucos mágicos, seguirá atrayendo a las focas que suelen aplaudir durante las funciones).

Un poco más oscura y sangrienta, Da Costa, exigida por otro horrible libreto donde todo pasa por que sí, saca lo mejor de su catálogo al imprimir incluso más comedia que tensión, y es que si esta cinta fuera catalogada como “de humor”, quizá tendría más coherencia y sentido dentro de su clímax que, aunque disfrutable debido a Fiennes y al Maiden, cae en los lugares más comunes de la comedia accidentada, emulando incluso el sentido de los Coen donde los personajes siempre tendrán mala suerte.

¿Recuerdan aquel momento en la película Butch Cassidy and the Sundance Kid donde Butch invita al personaje de Katharine Ross a dar un paseo en la bicicleta al ritmo de Raindrops Keep Fallin on my Head (momento que después sería parodiado por Leslie Nielsen en The Naked Gun)? Pues 28 Years Later: The Bone Temple se siente así, pero no por un momento como aquella joya western, sino en todo carajo momento. Incomoda y no en el buen sentido, lo más grave es que es bodrio sensacionalista podría ser mejor si no existiera la predecesora ¡Imaginen con eso que tan malo ya es Danny Boyle!

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Acerca del autor

El Fett   @El_Fett   cinescopia.com

El más realista y cabrón crítico de cine que pueda existir. Ente sin misericordia que tiene el halago de transmitir a los mortales su sentir y sabiduría en el mejor recinto sobre el séptimo arte. Cinéfilo de corazón y crítico crudo por vocación. Alter ego del Licenciado en mercadotecnia y RRPP Oscar M Rodríguez (FB) Sigueme en twitter @El_Fett


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