#300Cartas: Manual para ser el ex (gay) que nadie quiere tener.
El cine y series LGBTIQ+ han venido cobrando fuerza en las últimas décadas como productos mainstream, logrando algunas ser parte incluso de la cultura pop, como esa infame ‘Heated Rivalry’. En su mayoría, las historias del cine más comercial tiran hacia el lado romántico siguiendo un patrón romcom que se antoja lleno de clichés y cosas predecibles. Pero también hay algunas que, sin llegar a ser artsy o de autor, deciden dar un giro interesante. Esto último es el caso de #300Cartas, sí, con hashtag, que es más ‘digital’.

En #300Cartas, el director Lucas Santa Ana (‘Yo, adolescente’, ‘Luces Azules) escribe junto a Gustavo Cabañas una historia muy actual. #300Cartas sigue a Jero y Tom, una pareja joven que parece perfecta ante los demás, hasta que en su primer aniversario Tom desaparece y deja 300 cartas como única explicación de la ruptura. Así, la película se convierte en un viaje introspectivo por lo que realmente fue esa relación idealizada.
#300Cartas acierta en su escritura al tomar una perspectiva psicológica de los personajes, si bien es cierto que al valerse un poco de más de clichés y estereotipos la hace sentir un poco superficial a ratos, la forma en que nos presenta la relación desde los tipos de apegos y la forma en que nos relacionamos como seres humanos es interesante.

La premisa de #300Cartas gira en torno a la imagen que buscamos proyectar vs. la realidad en las relaciones modernas, especialmente bajo la presión de las redes sociales y la construcción de una “pareja perfecta”. A medida que Jero lee las cartas, descubre capas de Tom que desconocía, y la narrativa expone las asimetrías afectivas, estilos de apego distintos y las heridas infligidas tanto por la expectativa como por el abandono emocional. Es aquí donde recae la importancia del filme.
Si Andie Anderson en la ya clásica ‘How to lose a guy in 10 days’ usaba al otro como un proyecto para el artículo de una revista, en #300Cartas, Tom utiliza a Jero como la fuente para escribir un libro, el ‘Proyecto Jero’, donde cuenta todo lo que ‘odia’ de él como estereotipo del gay guapo, atlético, acaudalado y hegemónico. Tal vez la narrativa falla un poco en ahondar en el motivo por el que realmente Tom quiere escribir el libro, no logramos discernir entre si es para lograr su cometido de ser un escritor reconocido y sólo es un cínico emocional.

#300Cartas en sus partes técnicas es bastante safe, nada extraordinario, es verdad que la integración de planos que dan mucho espacio a las interacciones móviles (apps, chats, videollamadas) le confieren un aire sofisticado a la parte visual. Las actuaciones tiran por el neorrealismo y la verdad es que la no-química de los personajes principales es de los fuertes de toda la película. La puesta en escena nunca arriesga; funciona, pero rara vez incomoda o descoloca, como si también tuviera miedo al abandono.
#300Cartas logra otro acierto al no ser (tan) predecible y no irse al final feliz de manual; brilla incluso por ser una casi anti-comedia romántica, donde el desenlace no es la unión de los personajes por un deus ex machina pero sí un viaje donde se desmantela un ideal del amor y las relaciones perfectas y enfrentarse en vez a la realidad emocional de cada individuo.

En la parte final, es verdad que ese tercer acto se siente un poco apresurado considerando el tiempo que se tomó para desvelar las 300 cartas, pero tampoco afecta al relato completo. Y lo balancea perfecto siendo completamente contundente en su postura ante lo que presenta. Mientras Tom se siente triunfante en la presentación de su libro, le espeta un ‘espero que no me guardes rencor ni me odies’ a Jero, quien con su dignidad intacta y el valor de presentarse a ese evento le suelta un ‘no te odio, me das lástima… yo ya hice mi trabajo, ahora te toca hacer el tuyo, mirarte al espejo de esas cartas’. Ese cierre se antoja como una invitación a cada individuo a ser responsable emocionalmente de sus actos, a establecer una vía de autoanálisis y conocimiento cuyo único fin es la libertad emocional y la paz mental.
#300Cartas no es perfecta ni es el hilo negro de las romcoms LGBTIQ+ pero sí brilla por su acercamiento a los perfiles emocionales que tenemos cuando nos involucramos en una relación. Tom encarna ese apego evitativo que intelectualiza el vínculo para no sentirlo; Jero, en cambio, atraviesa el duelo y transforma la herida en aprendizaje. Como dicen algunos clichés, al final de una relación, uno de ellos, generalmente el que más sufre, atraviesa su duelo, integra la pérdida y el dolor para renacer con más fuerza… el otro está como si nada desde el día cero, generalmente ya en una nueva relación.