Arco: Miyasaki versión light a la francesa
En la animación hay dos escuelas fuera de la burbuja americana que han marcado tendencia: el estilo nipón de Miyazaki y la corriente pictórica y directa francesa. La combinación de ambas supone incluso un matrimonio natural, puesto que son formas que aún apuestan por un estilo tradicional, donde la atención al detalle y los colores pastel hacen match con la combinación de un diseño más hiperrealista y exagerado. En este año se han tenido dos propuestas interesantes: Little Amélie, que incluso narrativamente plasma esta fusión cultural en la historia de una niñera japonesa y una niña de nacionalidad belga; y Arco, una historia que, aunque visualmente en su diseño de personajes logra combinar lo mejor de los dos mundos, queda a deber en la parte narrativa.

Arco se sitúa en el año 2075, en una distopía donde los padres están tan ocupados trabajando que no tienen tiempo de atender a sus hijos, por lo que los trabajos de niñera, así como ocupaciones como profesor o maestro, se los han dejado a los robots, creando un mundo donde —salvo algunas excepciones— está más habitado por infantes y autómatas. En este contexto, Iris ve caer a un niño de nombre Arco, con un traje arcoíris (qué gracioso), que viene del futuro (año 2932). Su encuentro hará que Iris busque por todos los medios regresarlo al lugar de donde vino.
Dentro de los elementos positivos de Arco, se nota la influencia de Miyazaki en su creador, Ugo Bienvenu. Empezando por el abandono de las infancias, que propicia un futuro donde progreso hace de lado a la empatía, desconectándonos de nuestros seres queridos y de la realidad. Esto se refleja en el personaje de Iris, quien, a pesar de tener a un mayordomo robot, no deja de estar eximida de la responsabilidad de cuidar a su hermano menor, atribuyéndose actividades que no debería cargar a su edad. Es interesante que, en esta transferencia de actividades de los adultos hacia los niños, el autor, por consecuencia, los haya colocado como los individuos más empáticos de esta distopía, mientras que a los adultos los haya puesto como las personas más apáticas e individualistas, con un distintivo uso de gafas oscuras casi todo el tiempo.

Arco también incluye una fábula ecológica sobre cómo este mismo progreso ha hecho que la humanidad se olvide de su contacto con la naturaleza, contrapuesto con Arco, quien, al venir de otro contexto donde el avance tecnológico no ha provocado la deshumanización y donde sus padres no están tan ausentes, puede estar en contacto con su lado natural al punto de comunicarse con las naves. Esta revelación es importante, puesto que explica gran parte de una de las catástrofes que vivirán los personajes, acentuando aún más la moraleja de vivir en un mundo donde siempre exista la sostenibilidad y el respeto hacia la vida natural. La relación de Arco e Iris también es significativa, pues dentro de una línea cronológica es la representación del aprendizaje del pasado para tener un mejor futuro y un examen de autoconciencia del presente para saber llegar al futuro que queremos.
Los detalles negativos de Arco vienen más de una historia autocomplaciente con sus protagonistas, derivando en ocasiones en algunos huecos de guion o reglas inconsistentes en su lógica interna. Ese exceso de cuidado y conveniencia es lo que la aleja a una distancia enorme de Miyazaki, pues el autor de El viaje de Chihiro nunca tuvo miedo de enfrentar directamente a sus personajes con sus conductas, acentuando aún más el viaje de crecimiento de sus protagonistas, cosa que Ugo parece temer, generando que los eventos que le ocurren a los niños se sientan un poco anticlimáticos, quizás por esta nueva ola new age de no “traumar tanto a los niños”. Dentro de estos huecos también hay personajes que aportan poco a la historia, así como un tomo cómico que, aunque funcionales, son vendidos falsamente como antagonistas.

Uno de los bastiones que sostiene a Arco es la excelente asociación del dibujo con la historia, explorando una increíble paleta de colores majestuosa, efectos de iluminación y un trazo muy al estilo de la animación japonesa en los diseños de los personajes, conservando algunas características de la animación francesa, dando una sensación retrofuturista elegante, pero extrovertida.
Calificaciones
Dirección: 2.9
Guion: 2.3
Extras: 0.5
Actuaciones: 1.7
Calificación final: 7.4

Aunque Arco tiene ideas interesantes, como un ambiente distópico creativo y un estilo visual que combina lo mejor de Francia y Japón, está lejos de ser una buena película, especialmente por una narrativa indulgente con sus personajes y salidas fáciles. Su mayor diferencia con Little Amélie radica en que la historia de la niña con complejo de dios, si bien combina ambos estilos, los utiliza como un recurso para explicar las diferencias culturales y situarlas en un contexto de posguerra, sin salirse de una visión eurocentrista y sin meterse en camisa de once varas al intentar emular las ópticas narrativas niponas.
Arco, en cambio, tropieza al querer parecerse a Miyazaki sin comprender del todo su cosmovisión cultural ni su forma de construir conflicto, creando una versión “light” de su estilo que, aunque más digerible, está lejos de llegarle siquiera a la punta del zapato al genio de la animación. Inspiración no es lo mismo que emulación, ahí la dejamos.