Caught Stealing: cuando Aronofsky decidió reinventarse (¿o no?)

Entran dos rusos, dos judíos, un puertorriqueño, un exbeisbolista frustrado, una policía corrupta, un punk inglés y un gato a un bar. ¿Qué podría salir mal? En Caught Stealing, la nueva película de Darren Aronofsky, nos adentramos en un terreno narrativo muy distinto al que el director nos tiene acostumbrados. Aunque conserva ciertos matices dramáticos, nunca alcanza los niveles de obsesión autodestructiva de Black Swan o Requiem for a Dream. De hecho, clasificarla resulta complicado: tiene pinceladas de humor negro, thriller policiaco, acción y sí, algo de drama. Pero en esencia, se siente más como una comedia de acción con aspiraciones de thriller, tan ambiciosa como convencional.

Basada en la novela de Charlie Huston —quien también firma el guion—, la historia de Caught Stealing arranca en un Nueva York en vísperas del Y2K, con Giuliani y su política de “Tolerancia Cero” en pleno auge. Conocemos a Hank Thompson, un exbeisbolista que, por razones que se irán revelando, ahora trabaja como barman. Esta introducción es algo lenta y la trama tarda en arrancar. Los constantes flashbacks que explican los traumas de Hank dan la sensación de que Aronofsky subestima al espectador.

Pronto, el vecino de Hank —un punk inglés explosivo— le pide cuidar a su gato mientras viaja de emergencia a Londres. Lo que parecía un favor inocente se convierte en el detonante que arrastra a Hank al epicentro del submundo criminal neoyorquino de los años 90. A partir de aquí, la película toma un ritmo frenético y no se detiene. Desde este punto, Caught Stealing puede ser cualquier cosa, menos aburrida. Sin embargo, la violencia que presenta, a diferencia de otras obras del director donde sirve para explorar la psique de los personajes, aquí se siente gratuita e incómoda.

Austin Butler, en el papel de Hank, ofrece una actuación sólida, quizás la más convincente de su carrera. Pero el problema está en la construcción del personaje. ¿Es un antihéroe, una víctima o el villano? Hank es débil, frágil, atrapado por sus circunstancias, lo que podría ser interesante si se desarrollara con profundidad. Pero la ejecución lo deja en un limbo extraño: pasamos gran parte de la película viéndolo ser golpeado —literal y metafóricamente— sin una transformación real hasta el final, lo que diluye la empatía hacia él.

Aun así, se agradece el riesgo que toma Aronofsky al alejarse de su estilo habitual. Caught Stealing está bien producida y es muy entretenida. Aunque recuerda por momentos al cine de Guy Ritchie o incluso a After Hours de Scorsese, tiene su propio sello. La ambientación del Nueva York de 1998 es una joya, con escenas exteriores que capturan un aire retro capaz de despertar nostalgia.

Cada personaje tiene su momento, incluido el gato; y hay un par de giros de tuerca que mantienen el interés. Sin embargo, hacia el final, la historia se enreda demasiado. Caught Stealing es una película irregular: por momentos brillante, con un Aronofsky que se arriesga narrativamente, pero que se pierde en explicaciones excesivas, violencia sin propósito claro y un protagonista que prometía más de lo que entrega. Está bien ambientada, es entretenida, pero algo no termina de cuajar.

Aronofsky nunca ha buscado la comodidad del espectador, eso es seguro. Nos ha hecho sufrir con adicciones (Requiem for a Dream), bailar con la obsesión (Black Swan) y hasta padecer a un Russell Crowe bíblico (Noah). Pero al ejecutar un thriller con tintes de comedia, paradójicamente, termina siendo más convencional de lo esperado. No es el desastre que algunos temían, pero tampoco una joya.

Caught Stealing es un relato divertido, a ratos incómodo, a ratos interesante, que deja la sensación de ver a un director que por primera vez parece no estar del todo seguro de qué historia quiere contar ni cómo hacerlo.

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Acerca del autor

Clementine   @@lupistruphis  

Escéptica ante todo, pero con una gran curiosidad. Amante del café y del aroma a libros viejos. Nostálgica e idealista sin remedio. Alguna vez de niña me llevaron al cine, y siempre vuelvo a él porque siempre me salva.


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