Enzo: Pasión delante y detrás de cámaras

La historia detrás de cámaras de “Enzo” es igual de apasionante (si no es que más) que la historia que se presenta en pantalla. Y para todos aquellos que quieran aparentar el cinismo de que no es importante saber cómo llega a nosotros una película, les invitaría a reflexionar sobre las verdades del quehacer cinematográfico. Se trata del último proyecto del desaparecido director francés Laurent Cantet, a quien recordamos, entre otras películas, por “Entre les Murs” (La Clase), que ganara la Palma de Oro en 2008. Cantet escribió y llegó a la etapa de casting de “Enzo”, antes de que el cáncer acabara con su vida. El proyecto fue retomado entonces por su amigo y colaborador Robin Campillo, director con méritos propios a quien debemos películas como “120 Latidos por Minuto” (ganadora del Grand Prix en Cannes) y quien también fuera guionista en la citada “La Clase”. De esta manera, estamos frente a una película que resulta un acto de amor y reconocimiento a Laurent Cantet, quien aparece en los créditos como “Una película de…”, aunque agrega el “Dirigido por…”

Ahora, fuera de las curiosidades y entrando en materia con la película: “Enzo” narra la historia de un joven francés, quien trabaja como albañil en una construcción en la que convergen distintas personas de diversas nacionalidades. La historia nos va llevando a descubrir el entorno social en el que vive Enzo, quien al ser reprimido por su superior es descubierto como hijo de una familia acaudalada quien vive en una lujosa zona residencial de La Ciotat. Enzo entonces se convierte en un personaje que, a través de su modesto trabajo, intenta construir su personalidad, alejándose de un sofocante entorno socioeconómico que, aunque le brinda confort, lo aleja de su ideología y espíritu rebelde. La relación laboral de Enzo con Vlad, un compañero ucraniano, marcará su vida y su paso por la adolescencia, sacudiendo su mundo y resultando un punto de inflexión que pondrá a prueba tanto sus ideas como su estabilidad emocional, llevándolo a descubrir su sexualidad y cuestionar su rebeldía y la conciencia del entorno político y social europeo.

Comencemos diciendo que, en tiempos recientes, existe una propensión de tener películas con temáticas de “coming of age” en las que el protagonista va descubriendo las vicisitudes de la madurez mientras descubre su sexualidad de la mano de una figura masculina de mayor edad, quien funge como mentor y objeto del deseo. La comparativa con “Llámame por tu nombre” es innegable y, tristemente, hemos tenido películas que difícilmente se alejan de esta fórmula que, poco a poco, comienza a sentirse demasiado gastada. Afortunadamente, “Enzo” se siente como un producto diferente, se aleja del convencionalismo y se convierte en un reflejo orgánico del tránsito por la edad de la punzada, reflejando en el inter una identidad de clase y el descubrimiento de la sexualidad. Partiendo de la honestidad con que se presenta el tema, la forma madura de llevar las situaciones y, sobre todo, a que se permite funcionar a la par como una crítica social y abordar temas geopolíticos importantes.

Lo anterior, da fe de un guion trabajado y bien pensado, que es llevado a escena de una manera sobria, alejada de los sensacionalismos o de escenas gratuitas y monólogos aleccionadores, se presentan las interacciones de manera más bien orgánica y realista, por lo que las interacciones y conflictos emocionales son llevadas a buen puerto y generan empatía y un sentimiento de universalidad.

El apoyo en una actuación sobria de Eloy Pohu, en una carismática interpretación por parte de Maksym Slivinskyi y en una acertada contraparte con un experimentado Pierfrancesco Favino, validan una dirección efectiva y que lleva a Enzo a ser un drama poderoso sobre la juventud, el deseo, la identidad y la conciencia social.

El talón de Aquiles de Enzo quizás radica justamente en una exagerada sobriedad, que no permite tener un momento memorable, aunque resulta una narrativa sólida y, de alguna manera, más cercana al espectador que las demás propuestas sensacionalistas y maniqueas.

Presentada por su director y su productora en el pasado Festival Internacional de Cine de Morelia, “Enzo” llega a las pantallas gracias a la distribución de Cine Caníbal, resultando en un canto de cisne de Laurent Cantet, a quien se le extraña ya en el panorama del cine internacional.

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Acerca del autor

Jose Roberto Ortega    

El cine es mi adicción y las películas clásicas mi droga dura. Firme creyente de que (citando a Nadine Labaki) el cine no sólo debe hacer a la gente soñar, sino cambiar las cosas y hacer a la gente pensar mientras sueña.


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