GOAT: Película de auto superación por Stephen Curry

Sony Pictures Animation se ha consolidado como uno de los estudios más interesantes y arriesgados del cine animado contemporáneo. En los últimos años, cada una de sus producciones ha aportado algo relevante al lenguaje visual o narrativo del medio, e incluso ha marcado auténticos parteaguas. No sería sorprendente que este año vuelvan a ganar el Oscar a Mejor Película Animada con “KPop Demon Hunters”, por lo que GOAT llega envuelta en una expectativa legítima, reforzada además por la participación de Stephen Curry, el mejor basquetbolista de la última década.

La historia sigue a Will Harris, una cabra atleta que sueña con convertirse en jugador profesional de rugiball, una versión animalizada y más extrema del baloncesto. Tras un partido callejero que se vuelve viral, Will recibe la oportunidad de unirse a una liga profesional dominada por los animales más grandes, rápidos y agresivos del reino. Su llegada al equipo no es bien recibida: una cabra parece, para muchos, el símbolo mismo de la fragilidad. Sin embargo, Will está decidido a demostrar que aquello que otros llaman “debilidad” puede convertirse en su mayor fortaleza.

La película construye así un mensaje claro y efectivo sobre la superación personal y el auto-reconocimiento: no se trata de negar las etiquetas que nos imponen, sino de reapropiarnos de ellas y resignificarlas. En ese sentido, GOAT se inscribe dentro de una tradición de fábulas deportivas que, aunque no rompen esquemas, siguen siendo emocionalmente funcionales.

Narrativamente, la historia es sencilla y por momentos predecible. No hay grandes giros ni riesgos estructurales, pero esto no impide que la película resulte entretenida e incluso emotiva. La dirección mantiene un ritmo constante, apoyada por un guion que sabe insertar chistes inteligentes y referencias contemporáneas —muchas de ellas con un lenguaje marcadamente Gen Z— que actualizan una trama que, en el fondo, es bastante clásica. A pesar de acercarse a las dos horas de duración, GOAT rara vez pierde energía o interés.

En el apartado visual, Sony Pictures Animation vuelve a demostrar por qué es uno de los estudios más innovadores del medio. La animación es hipercinética, vibrante y llena de personalidad. El diseño de producción del mundo antropomórfico es particularmente destacable: cada arena de rugiball tiene una identidad propia, y los personajes están construidos desde su fisicidad animal hasta su expresión emocional. Todo contribuye a que los partidos no solo se vean espectaculares, sino que también transmitan verdadera intensidad dramática.

No todo, sin embargo, funciona igual de bien. Uno de los puntos más débiles es el doblaje, que en varios momentos carece de la emoción y naturalidad necesarias. La tendencia de privilegiar celebridades por encima de actores de doblaje profesionales vuelve a hacerse evidente, y el resultado es un trabajo vocal irregular que, en ocasiones, rompe la inmersión. La segunda situación en contra es que el uso abusivo de jerga GenZ puede provocar que el público perteneciente a este sector lo sienta como el papá o el tío que se esfuerza demasiado en parecer “buena onda” y que causa más cringe que verdaderamente encajar.

En conjunto, GOAT es una sorpresa mayormente positiva. Aunque no alcanza la complejidad ni el impacto de las mejores obras del estudio, sí logra ofrecer una fábula deportiva honesta, visualmente deslumbrante y emocionalmente efectiva. Es una película que sabe lo que quiere ser y lo ejecuta con solvencia, incluso si no aspira ni tiene posibilidades de convertirse en un clásico inolvidable.

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Acerca del autor

Jose Roberto Ortega    

El cine es mi adicción y las películas clásicas mi droga dura. Firme creyente de que (citando a Nadine Labaki) el cine no sólo debe hacer a la gente soñar, sino cambiar las cosas y hacer a la gente pensar mientras sueña.


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