Kiss of the Spider Woman: El arte como evasión de la realidad
Basada en la obra musical de 1992, y ubicada en Argentina en 1981 durante el periodo final de la dictadura cívico-militar de 1976 a 1983, Kiss of the Spider Woman nos cuenta la historia de Luis Molina, un escapista gay que es encarcelado por indecencia pública, compartiendo celda con un disidente político de nombre Valentín Arregui, asociado a un grupo revolucionario. A pesar de que en un principio no le cae bien, Valentín acepta que Molina le cuente la trama de su película favorita de Hollywood, El beso de la mujer araña, protagonizada por Ingrid Luna, que interpreta a Aurora, una editora de revistas que viaja a su pueblo natal y se enamora de Armando. En esa tierra descubrirá que está protegida por espíritus malignos, especialmente La Mujer Araña que, a cambio de esta cobertura, exigiría el sacrificio del amor de una de las nativas.

Por la naturaleza de la historia, la exigencia técnica en ritmo, montaje, edición y balance entre dos géneros es de alto impacto, elemento con el cual Kiss of the Spider Woman falla, especialmente porque nunca encuentra las pausas para deambular entre el drama carcelario y el musical. Los errores en los cambios de ritmo no terminan por hacer distinción entre las secuencias, y tampoco encuentra un lenguaje visual diferente en la trama de Valentín y Luis, dando la impresión de que las dos historias conviven en una misma línea de tiempo universal y que la segunda trama (la de Aurora) no es un derivado ficcional de la primera.
El otro fallo es la edición, pues encima una escena sobre otra, nunca dando una pausa, un respiro o un puente al momento de transitar. Esto, acompañado de la falta de creatividad en su lenguaje, termina por hacer que el musical se “coma” al drama, generando un desequilibrio donde una historia se siente un poco más sólida que la otra.

Por otro lado, los papeles de Diego Luna y Tonatiuh Elizarraraz como Valentín y Luis terminan siendo ese distintivo entre estos dos mundos: por un lado, ofrecen una perspectiva dramática, y por otro, al tener momentos donde se auto insertan en la ficción de La Mujer Araña, se dan el lujo de tener un performance más exagerado, sobreactuado y excéntrico. Esto acaba por darle a entender al espectador cuándo se deambula o se salta entre las dos tramas.
El otro elemento que le resta peso a Kiss of the Spider Woman son un par de huecos en el guion con respecto a la relación entre los dos personajes y el tratamiento superficial que se le da al tema de la dictadura. Si bien explica los problemas que tienen ambos personajes, poco se interesa en profundizar en el contexto político, e incluso Bill Condon parece más interesado en contar la historia entre ellos en idioma español, elemento que aún hace más shockeante el subtexto de un escape de la realidad.

Y si se lo preguntan, JLO no actúa mal y está en un papel correcto: el de una diva con raíces latinas de un Hollywood ficcional, interpretando una película musical excesivamente colorida.
Calificación
Guion: 1.4
Dirección: 1.8
Actuaciones: 1.9
Extras: 0.5
Calificación final: 5.6

Kiss of the Spider Woman nunca encuentra su tono por el mero hecho de querer inspirarse demasiado en la obra de teatro y no hacer la traducción adecuada al lenguaje cinematográfico, y si bien no está mal intentar ver al cine como una manera de “escape”, cuando la perspectiva viene de un país ajeno al conflicto se siente más como un comercial para vender el maravilloso mundo de Hollywood —o la visión única de un país hegemónico— que un homenaje a la memoria colectiva de un pueblo que ha sufrido los vestigios del autoritarismo.
Bajo esta visión Kiss of the Spider Woman más que un escape de la realidad, parece más una evasión, que no quiere enfrentarla, y que prefiere exteriorizarla y banalizarla antes que perdido entender porque quiere escapar de ella. Después de Emilia Pérez los colonizadores culturales siguen sin aprender que hay historias que, simplemente por contexto, no deben ni les toca contar.