Kiss of the Spider Woman: El preso político desde Broadway
Más que una adaptación directa de la novela de Manuel Puig, “Kiss of the Spider Woman” de Bill Condon toma como punto de partida la versión musical de Broadway, reinterpretando esta historia ya seminal sobre el encierro, la identidad y la resistencia política. La premisa se mantiene: dos reclusos que comparten celda en una prisión durante la cruenta dictadura argentina. Por un lado, un preso político, líder de la resistencia, sometido a interrogatorios y torturas; por el otro, un hombre gay arrestado por “faltas a la moral”, utilizado por el régimen como instrumento para quebrar al primero y obtener información que no han logrado arrancar por la fuerza.

Durante su encarcelamiento, ambos hombres construyen un vínculo a partir de la narración de “Kiss of the Spider Woman”, la película favorita del segundo. Este relato funciona de manera dual: como evasión de una realidad insoportable y como un espacio íntimo donde se cruzan la fantasía, la empatía y el reconocimiento mutuo. En ese intercambio, la imaginación se convierte tanto en refugio como en lenguaje compartido.
Es precisamente en las escenas oníricas —concebidas como escape emocional— donde Kiss of the Spider Woman revela su mayor ambición técnica y, al mismo tiempo, su principal debilidad narrativa. Si bien están cuidadas con notable precisión visual y coreográfica, el énfasis excesivo en los números musicales diluye la crudeza del contexto carcelario. La fantasía termina imponiéndose a la realidad, y el relato pierde fuerza al desviar su foco del horror cotidiano hacia una estilización que, si bien seductora, resulta contraproducente.

Aunque no se trata de una mala versión, el sello hollywoodense de Condon prevalece incluso en los espacios que deberían ser opresivos. Al decantarse por el artificio y la plasticidad visual, el director parece olvidar imprimir la pasión, la violencia y la asfixia del encierro. La dureza está ahí, insinuada por momentos, pero nunca alcanza la intensidad necesaria. En comparación, la versión de Héctor Babenco de 1985 lograba un equilibrio mucho más contundente entre intimidad, política y brutalidad, mérito que esta nueva adaptación no termina de alcanzar.
En lo que sí acierta Kiss of the Spider Woman es en la forma de abordar la relación entre ambos presos, que de inicio refleja un choque entre dos formas de marginalidad: la política y la sexual. El personaje de Luis Molina no es simplemente un contrapunto “liviano” o escapista, sino una figura instrumentalizada por el Estado, utilizada como señuelo para quebrar al personaje de Arregui y obtener información que la tortura no ha logrado arrancar. En ese sentido, la película plantea con claridad cómo el autoritarismo se vale tanto de la violencia física como del control moral para disciplinar a sus enemigos.

En el apartado actoral, sin embargo, Kiss of the Spider Woman encuentra varios de sus mayores aciertos. Diego Luna cumple con solvencia como preso político y luchador social, encarnando con convicción la dignidad y el desgaste del militante perseguido. Tonatiuh, en cambio, es el verdadero hallazgo: su carisma, fuerza interpretativa y notable talento musical convierten a su personaje en el eje emocional del filme. Es, sin duda, la principal razón para acercarse a esta versión. Jennifer López, por su parte, reafirma su estatus de diva, resultando adecuada y magnética en su rol, aunque su presencia responde únicamente al imaginario del musical y no a la lógica dramática del relato.
Esta versión de “Kiss of the Spider Woman” de Condon funcionará mejor para quienes no estén familiarizados con la adaptación de 1985 —aquella que le valió a William Hurt el Oscar a Mejor Actor—, pero puede resultar decepcionante para quienes guardamos un profundo aprecio por esa primera versión. El desplazamiento hacia el musical, lejos de enriquecer el conflicto, termina distorsionando su potencia política y emocional, sacrificando parte de la profundidad que convirtió a esta historia en un clásico. Aunque quién sabe, en el contexto geopolítico actual, la importancia de su planteamiento sobre las repercusiones de las dictaduras y el tratamiento a las disidencia ideológicas, bien podría reforzarse y volverse imprescindible para la temporada fílmica.