La Oficina: La comedia godin digna de bono por desempeño
Siendo honestos, mis expectativas de este proyecto estaban mas desinfladas que mi confianza en la Selección Mexicana de Fútbol, pero ¿qué es lo que encontramos?, con una sorpresa mayúscula. Aunque sabemos que los elementos estaban ahí, pues en México y LATAM el trabajar en una oficina se ha convertido en un ecosistema social y cultural con una baraje de tradiciones, situaciones y hasta de terminologías tan amplias que dan para contarse en una serie o película, el problema es que siempre existe el temor de llevar todo este conjunto de elementos a un toque “derbeziano” que ha hecho más daño que bien a nuestro cine, pues aparte de tener una escritura espantosa, siempre están hechos desde la óptica del privilegio y estereotipos clasistas. Así mismo estamos hablando de la adaptación de una serie exitosa en dos países con un contexto cultural distinto (UK y USA). Por fortuna nada de esto ocurre, y en cambio se nos ha otorgado una serie que es funcional y que puede como los juevebes en Chillis o los pasteles de cumpleaños en oficina, ser un rato agradable.

La trama, si usted vio The Office, es la misma, las aventuras de un jefe estúpido, excéntrico, imprudente y sus empleados, pero con varios cambios peculiares. De entrada, no fabrican papel, sino jabón, y aunque el gerente siga siendo un tarado, no es un empleado más, es Jeronimo Ponce, el hijo del patrón de la empresa y por consecuencia heredero. Este cambio es significativo, pues solidifica aun más la libertad con la cual el jefe hace sus ocurrencias sin recibir en la mayoría de los casos ningún tipo de castigo (siempre me pregunte como Michael hacia tantas estupideces y nunca era despedido), y también modifica a la interacción líder-empleado ya que hace más desbalanceada la relación de poder; si bien Jeronimo puede intentar caerles bien, más que ser impulsados únicamente por la lástima (como con Michael), el hecho de seguir a Jero en sus locuras está aderezado con ese sentimiento de resignación de que por muy malo que sea, como es el hijo del patrón no se ira a ningún lado.
Esto le quita ese sentimiento “Good feeling” que tenía la versión anterior haciéndola más cínica, irreverente y hasta vulgar sin sentirse que desencaja, Además, La Oficina retrata una de las dinámicas más clásicas de las oficinas de México y LATAM sobre las empresas familiares y lo diverso que puede ser laborar en uno de estos lugares donde el empleo dependerá del estado anímico y familiar del patrón. Jeronimo mantiene esa necesidad de aprobación producto de una crianza nefasta y de una educación que ha recibido en el privilegio, la que lo ha hecho un típico mirrey con poca empatía, prudencia, y llena de sesgos que lo hacen decir y hacer estupideces en los contextos menos apropiados. Justificado lógicamente desde el cliché, es el personaje más desarrollado en esta primera temporada, siendo una mofa y crítica a este tipo de jefes, pues salvo pocos momentos, los showrunners nunca lo glorifican, retratándolo siempre como un imbécil.

Fuera de Jero, La Oficina tiene dos puntos que pueden hacer que mejore o empeore, uno es que todos los personajes están construidos desde los clichés en una tropicalización de la original: Aniv, Memo, Sofi y Ángeles son quizás los más obvios, pero que aun su bidimensionalidad no está del todo completa, teniendo como obligación pendiente añadirle otras capas que eviten que caiga en la caricatura absoluta.
La tropicalización más acertada es Aniv, quien es la adaptación de Dwight, igual de lamebotas, obsesivo, crédulo, pero que guarda cierta similitud con los típicos sabelotodos ingenuos, siendo después de Jero uno de los mejores personajes con momentos muy cómicos. Sofia y Memo mantienen la misma dinámica de Jim y Pam, pero al romance obligatorio le hace falta cohesión y es la subtrama en la cual los escritores van a tener que trabajar más. El resto de los personajes (fuera de Ángeles) no son una tropicalización directa y parecen una creación propia o una fusión de algunos. Es ahí donde se encuentra el valor de esta adaptación, pues no trata de copiar todo al pie de la letra, sino que lo combina con las referencias acertadas del mundo de godinato: desde los chismes, la quincena retrasada, el empleado que ya parece más mobiliario, el que vende cosas por catálogo, el bullying laboral, los tuppers, ,las dinámicas de integración ridículas, las capacitaciones, etc, aderezándola con un humor irreverente que, en complicidad con el tono de falso documental, genera esa mezcla de comedia e incomodidad. La Oficina parece entender mucho mejor las características y jugar con esas reglas y dinámicas para generar comedia.

Con 8 capítulos cortos de 30 minutos, La Oficina da sus primeros pasos para lo que podría ser a futuro una serie interesante. Aún falta apretar unas tuercas en esta mezcla entre elementos de la original y la cultura corporativa laboral mexicana. Esperemos no lo terminen arruinando, extendiéndose más de lo que deben, metiendo elementos sin sentido, saltando el tiburón (como el 80%), o perdiendo esa esencia que los está caracterizando, así como yo perdí el tupper donde me llevaba mi lunch a la oficina.
Los que hemos trabajado en este mundo sabemos que el ecosistema de la Oficina tiene historias dignas de cualquier programa de televisión, y añadiendo ese realismo casi mágico e irónico de nuestra cultura, el potencial es aún mucho más grande que el de The Office UK o USA, así que, como la quincena, esperamos muchas más tramas en la versión mexicana, y rezando para que la calidad no termine de irse como el compañero que le tocaba la tanda de la oficina. ¿Cuál es su experiencia en el mundo de la oficina más surreal o gracia en un capítulo de esta cómica serie?