Las 10 Mejores Películas de los Hermanos Coen

Una de las cosas que me encanta del cine de los Coen es que me hace sentir que pertenezco a un club muy exclusivo de quiénes comprendemos el uso y el lenguaje del humor negro en su totalidad. Por eso no me extraña que a muchas personas les disguste o simplemente no les cuadre un cuento donde la materia, las situaciones y hasta los mismos personajes no importen ni un comino, siendo fichas prescindibles a la orden de una circunstancialidad tan cruenta como espontanea. Si bien es cierto que el llamado “director bicéfalo” tomó sus bases del noir, el western, el thriller y el suspenso, esas caras largas, presencias burdas y miradas pérdidas esconden una esencia cómica de lo más oscura e hilarante, misma que los ha llevado a posicionarse como una de las voces con más injerencia e influencia en los últimos 30 años de historia fílmica.

Ya lo han declarado en múltiples ocasiones “¿Por qué debemos que ser incluyentes en nuestras historias cuando escribimos sobre lo que conocemos y no sobre lo que otros nos quieren imponer conocer? Es totalmente absurdo”; esta frase puede ejemplificar a la perfección el aprobatorio desapego emocional que estos dos judíos profesan sobre la raza humana, impreso en una filmografía extremista que tan ha esculpido joyas como escupido bodrios, en un afán por comunicar lo inútil que es cualquier “objetivo” en su visión paródica sobre la sociedad.

La verdad es que nadie está a salvo en el cine de los Coen, ni la audiencia ni sus protagonistas, pero en esa sublime disparidad que los ha distinguido existe una clave para comprender y analizar su cine y el cauce de sus historias. Aun cuando nos tienen acostumbrados a una progresión cruenta de situaciones en donde gozan de literalmente replicar la “psicosis” de Hitchcock, deshaciéndose en muchas ocasiones de sus ejes y/o usando variados elementos “mcguffins” a lo largo de su trama, pongan atención en aquel personaje que se presente como el más “simplón”, y/o convencional, aquel “Dude” casi siempre presente en su filmografía que parece a nadie estorbar en el mundo con sus objetivos más burdos, ingenuos y/o hasta insolentes. Él es la extensión de su visión, la directriz narrativa de cada una de sus obras y por ende, la proyección más pura de humor negro al someter a esta criatura, a una serie de infortunios que lo llevan a una espiral de mediocridad social que parece no tener fin ¿Será entonces que esta honestidad tan brutal incomode a quién dice no comprenderlos?

Con el estreno en Netflix de The Ballad of Buster Scruggs, repasamos las 10 mejores películas del incansable autor bicéfalo, nacido del cine indie, apodado como cineasta de autor, productor, guionista y sin duda alguna uno de los mejores artistas fílmicos  de nuestra era.

 

Bonus. The Ballad of Buster Scruggs (2018)

Esbozos de genialidad y de su mejor nivel fílmico en este compendio de cortometrajes que resumen no solo la historia de uno de sus géneros preferidos, sino también sus variados tópicos y estereotipos. El pistolero, el bandido, los artistas ambulantes, el minero, los colonizadores y los cazarrecompensas enfundadas en historias musicales, cómicas, de suspenso y romance, todas con ese toque siniestro que los caracteriza y en donde la muerte reposa en un ambiente más formal y común al tratarse del salvaje oeste. Venecia sin duda exageró (y falló) al premiarlos como el mejor guion de la festividad, siendo dos de sus relatos (lo más largos y forzados) ejemplos claros de su debacle narrativa, sin embargo los primeros 4 denotan la chispa que los posicionó como los reyes de la violencia y comedia espontanea, viendo su clímax en aquel protagonizado por Liam Neeson y Harry Melling (un irreconocible Dudley Dursley de Harry Potter), corto brutal que proyecta lo maravillosos hijos de puta sin piedad que pueden llegar a ser.

 

10. O Brother, Where Art Thou? (2000)

Coqueteando con el surrealismo, los Coen imprimen una singular e inclasificable gracia a la adaptación más americana que pueda existir sobre Homero y la Odisea; una road movie que toma los elementos culturales, artísticos y sociales más comunes de la gran depresión para de manera hilarante desarrollar una metáfora sobre el absurdo modus vivendi americano concentrado en la violencia, el racismo y el sistema criminal. Comenzaremos a notar desde este punto del ranking la importancia de los detalles visuales, simbolismos que utilizan los Coen para desplegar en su máximo esplendor no solo su negro humor, sino ciertos apuntes espirituales que hacen a este viaje onírico una traducción cuasi infantil o una fábula alrededor de la ineptitud y corrupción política, el góspel y el Ku Klux Klan. Resalta un versátil George Clooney que no solo aprendió a actuar bajo el mando de los Coen, sino que de los mismos tomó consecuentemente su estilo y tono  como director.

 

9. The Hudsucker Proxy (1994)

Una sátira corporativa que desborda originalidad, pero también muy en el fondo de su vena cómica una terrorífica y vigente realidad burocrática. En una de sus piezas narrativas más ágiles pero también más enterradas y olvidadas bajo el mote del “absurdo”, su valor radica en recrear dos panoramas muy distintos visualmente entre sí, pero unidos bajo el mismo concepto del consumismo; dentro de la empresa, los Coen plantean una  ambientación más surrealista, jugando incluso con la ficción especulativa entre la corrupción capitalista y el sueño de un ingenuo nuevo empresario e inventor, mientras que afuera, en una sociedad tétricamente consumidora, los resultados de esa explosiva combinación corporativa desembocan en una de las secuencias más hilarantes de su filmografía, develando el misterio de aquel maldito y misterioso círculo dibujado en un papel y que se presume como el invento del siglo. Curioso también resulta ver a un siempre soberbio Paul Newman desempeñarse bajo el oscuro estilo cómico del bicéfalo.

 

8. Raising Arizona (1987)

El fanático de Nicolas Cage debería escarbar en su pasado para encontrar esta joyita cómica, sencillamente divertidísima y provista de secuencias formidables que forjarán a la priori el estilo narrativo de los Coen. Un criminal de poca monta se casa con una policía estéril, ambos decidirán robar uno de los 7 bebés de un multimillonario de la región para criarlo como su hijo, no sin antes ser acosados por los ex compañeros de celda del esposo y un cazarrecompesas sacado de la imaginaria de Mad Max, suficiente menjurje para encausar una road movie hilarante y de ágil desarrollo que a diferencia de la mayoría de sus obras, prescinde de cualquier sátira o crítica social sin que esto deje exento la presencia del paria, el cazador, el millonario, la víctima y los incomodos allegados, personajes que desde este su segundo largometraje, serían protagonistas de todas sus espontaneas fábulas. Uno de los ejemplos más desnudos y honestos sobre cómo los Coen pueden llegar a divertirse haciendo cine de alta calidad, entretenimiento y sin pretensiones.

 

7. A Serious Man (2009)

La irreverencia religiosa en su máxima expresión. Esta aparente sencilla película es en realidad una compleja comedia negra que relata la frustrante vida del judío Larry Gopnik y su eterna búsqueda por una explicación de su difícil existencia. Los Coen juegan nuevamente con el espectador al brindar una historia sin ninguna “aparente” resolución. Desde su comienzo podemos notar que estamos ante un laberinto argumental, el cual se sirve de un excepcional libreto para que a través de Gopnik el espectador pueda reconocer el resurgimiento del héroe y el desechar de su búsqueda por la complicación de su vida y de la trama misma. Sin duda una imprescindible película que debe ser vista en estas fechas de búsqueda de la espiritualidad, aunque la misma deseche en parte dicha aseveración. El Rabino Marshak dando como mensaje la icónica canción “Somebody to Love” de Jefferson Airplane es el perfecto resumen de lo que es esta cinta, un testimonio de ese desapego del bicéfalo incluso hacía con sus ideologías y creencias base.

 

6. Inside Llewyn Davis (2013)

Si existen películas sobre la mediocridad, el íntimo retrato sobre este músico, ni lo suficientemente bueno para encontrar una oportunidad, ni lo suficientemente malo para compadecernos de él, sería una de las piezas clave en donde se cimente dicho tópico; de ahí en más esta sería fuera de toda mezquindad, una de las piezas más infravaloradas y geniales de los Coen, una patada en los bajos para entender que la vida no solo no es perfecta, sino que es brutal y posiblemente la peor barrera de tu mediocre ser. Lo genial de este cruento cuento musical es Llewyn (magníficamente personificado por Oscar Isaacs) no es el protagonista, sino que su andar errante por el mundo se resume como una metáfora hacía con un gato callejero sin nombre el cual abandonará la encrucijada de su vida en cierto punto. Si a esta odisea de frustración la sonorizamos con melodías folk y una fotografía por demás excelsa, el gato Llewyn deberá convertirse en uno de los símbolos por excelencia del desapego social y la mediocridad.

 

5. Barton Fink (1991)

Su pieza más personal y en donde al parecer el protagonista es un híbrido entre sus dos personalidades, un guionista teatral ajeno a los estándares del Hollywood consumista que sucumbe ante la presión de sus agentes y allegados a trabajar en su primer guion. Íntima e intimidante, los Coen logran que un sucio hotel se convierta en el reflejo paranoico de la presión y el estrés del artista, encarnados de manera surrealista en una presencia (y sentido) homicida que se torna tan siniestra como incomoda con el eterno fetiche de su caos social de nombre John Goodman. Ganadora en Cannes y responsable hasta la fecha de su aún respetable estatus entre los comités europeos, la bicefalia toma un rol fundamental no solo en el suspenso de su hotel (mente), sino también en una de las representaciones más satíricas y chuscas del hipócrita sistema de industria fílmica gringa, en lo que también funciona como una exquisita y posiblemente accidental auto burla, siendo esta el parteaguas entre su pasado indie y su futuro comercial

 

4. Fargo (1996)

Para muchos esta sería la obra cumbre de los Coen, lo cual es entendible, pues para mi singular punto de vista sin duda si es su más elegante, entrañable  y en donde mejor se refleja su apego por exprimir con un ritmo semi lento cada plano en búsqueda de simbolismos, en este particular caso, propios diálogos e inolvidables gestos en la investigación y actuación de una maravillosa Frances McDormand, quizá la detective más tierna en toda la historia del cine. Como la presencia constante de la nieve, los hermanos parecen ir improvisando sobre un lienzo blanco lo que en realidad es una actualización remota y formidable de su primera cinta, Blood Simple, y que aquí ve su evolución argumental y narrativa con un thriller detallado y de lógica y desarrollos perfectos, suscritos como es costumbre a una serie de infortunios que de manera única en el género nunca se entrelazan con la estructura de su protagónico, dejando que esa pureza y hasta ingenuidad resuelvan por consecuencia un crimen de lo más brutal y estúpido.

 

3. No Country for Old Men (2007)

Una modernización del género de lenguaje paciente y lleno de intensidad; bajo el extraordinario ritmo impreso por los Coen el film se traduce en secuencias largas y detalladas que pasan del suspenso a una trepidante acción, y de los duelos cánones a brillantes momentos de diálogo. Bajo un peculiar guion que no genera un génesis, pero si una introducción de cada uno de los personajes para clarificar y estructurar sus personalidades y motif, la metáfora del más “viejo” que salvaje alcanza momentos icónicos gracias a la sapiencia y paciencia del bicéfalo y a una serie de actuaciones formidables, incluso con el caricaturizado pero inolvidable villano de  Bardem. Aun así y con una tonalidad dramática, a este par de cabrones no solo no se les olvidará deshacerse sin más de su “antihéroe” en el punto en el que más se había construido la empatía, sino que también degenerarán todo el objetivo de su cacería de nuevo en una muestra de indiferencia por la vida y apego a lo salvaje, de ahí a que su western sea uno de los más respetados en la actualidad.

 

2. Miller’s Crossing (1990)

Pieza noir fundamental no solo para comprender la revitalización y supervivencia de dicho género en los posteriores 20 años en donde se ha mantenido en peligro de extinción, sino también para el análisis más básico de cómo estas dos cabezas pueden combinar la trama mafiosa y noir más oscura con un retorcido y hasta por momentos desequilibrado sentido del humor, y salir avante en ello. No es que esta fastuosa y olvidada joya guarde en su narrativa momentos de humor, sino que simplemente los Coen comprendieron que para la subsistencia del rubro y de su carrera, el forjamiento de su estilo debería basarse en la inclusión de un humor tan sutil como oscuro, tan elegante como apremiante, tan espontaneo como incomodo repartido entre la rica gama de sus personajes, en este caso basándose en una guerra entre carteles a partir de la protección de la femme fatale en cuestión. Algo de Yojimbo de Kurosawa, del halcón de Huston y de las personalidades de Bogart y Bacall, la fidelidad fraternal como cimiento clave de su narración desemboca en un doble momento clímax exquisito y entrañable, también gracias en mucha parte a la excelsa química entre Albert Finney y Gabriel Byrne nunca vueltos a ver a este nivel.

 

1. The Big Lebowski (1998)

The Big Lebowski no solo es su mejor película, sino el clímax de esa desfachatez narrativa y encausamiento de improvisación actoral que desembocaron en un instantáneo y vigente culto. De un ritmo semilento que detalla lo negro y absurdo de cada situación o diálogo, fiel a sus costumbres se arman de un ensamble actoral que encajó de manera perfecta en cada una de las enfermizas personalidades salidas de su hilarante imaginario, dando rienda suelta a una parodia social sumamente inteligente y embelesada con secuencias hasta surrealistas que denotaban un divertimento único tanto fuera como dentro de la pantalla. La improvisación y la química entre Bridges, Goodman y Buscemi encarnan el manejo de una serie de elementos narrativos distractores que, como es de costumbre en su filmografía (Macguffin’s como la alfombra, el apellido, el rescate, el guía espiritual, el torneo de bolos, etc), solo sirven para llevar al espectador a través de una serie de situaciones oníricas que desembocarán en una conclusión tan ridícula como brillante, pero también con ese toque de emotividad que llevo al Dude a posicionarse como una de las figuras de la cultura pop noventera.

Con la rienda suelta, estos directores de comedia dentro de un plano 100% de comedia, construyen junto con Bridges a un personaje entrañable, en donde a partir de la confusión de este “vago”  con un excéntrico millonario, su alfombra será orinada por unos criminales, suficiente detonación de conflicto para construir sobre la nada la búsqueda de justicia del “Dude” y entregar un pedazo de obra maestra que confiesa y exhibe a los Coen como lo que en verdad son: unos hijos de la chingada con un sentido del humor descaradamente brillante.

 

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Acerca del autor

El Fett   @El_Fett   cinescopia.com

El más realista y cabrón crítico de cine que pueda existir. Ente sin misericordia que tiene el halago de transmitir a los mortales su sentir y sabiduría en el mejor recinto sobre el séptimo arte. Cinéfilo de corazón y crítico crudo por vocación. Alter ego del Licenciado en mercadotecnia y RRPP Oscar M Rodríguez (FB) Sigueme en twitter @El_Fett


2 comentarios

  • No Country for Old Men tiene una primera hora perfecta, pero la segunda no hay quien se la aguante. Al final dan deseos de que el mismo Chigurh acabe con la vida de Bell para no tener que seguir escuchando sus monólogos. No sé señor Fett, por más que leo opiniones a favor de la película nunca lograré entender qué pasó por la mente de los Cohen para arruinarla así.

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    • Perdone por la ausencia en comentar de nuevo por aqui estimado (aunque siempre los leo y siempre ando agradecido y bien volado)

      Tiene razón en algo, y es que parecen dos películas distintas al dar ese giro siniestro de la muerte protagónica. Para su servidor no fue malo el cambio, sino uno más de los chistes de los hermanos, los cuales como insisto estimado, son directores de comedia negra desde su medula, y aquí denotan ser crueles y bromistas hasta en el western

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