Las 30 Mejores Películas Ganadoras del Oscar

Aunque ustedes no lo crean, el Oscar en algún tiempo si premiaba a lo mejor del cine (muchas veces americano, muchas veces internacional), incluso siendo un premio respetado y del mismo nivel que los Festivales Europeos, a pesar de que su formato siempre ha basado en un sistema de votos y ceremonia. Dejando de lado el jurado y hasta en muchas ocasiones siendo más objetivo que el sistema de premiación europeo, la época dorada de sus premiaciones abarcó desde los años 40 hasta los 80, siendo estos y los previos 70 quizá su temporalidad de mayor auge en cuanto a calidad y mediación fílmica.

Creado en 1927 por 36 miembros de Hollywood y su estatuilla solo un año después (la cual surgiría del molde del director y actor mexicano Emilio “El Indio” Fernández), la primera ceremonia se llevó a cabo en 1929, sin embargo fue hasta 1934 cuando se inicializará su temporalidad fílmica, tomando en cuenta a las películas estrenadas del 1 de enero al 31 de diciembre del año “anterior”.

De un pasado oscuro, no fue hasta 1935 cuando el presidente de la recién formada “Academia”, el mismísimo Frank Capra, diera la orden que el premio no debía ser un aliciente comercial o servir a intereses de producción, instituyendo así un sistema de competencia democrática y de votaciones para poder seleccionar lo mejor en lugar de lo conveniente ¿les suena familiar esto? Al parecer y con más votantes que nunca, el Oscar ha retornado a lo que fue en su nacimiento: un premio interesado en solo premiar tendencias, moditas, movimientos sociales e inclusiones más que la calidad fílmica ¡Frank Capra estaría decepcionado! Por lo tanto no es casualidad que en mucha parte la Academia ya sea una ceremonia rebasada por el glamur, con los ratings más bajos y desdeñada a la ridiculización frente a los festivales del cine o incluso en comparación a su contraparte británica, el aún más objetivo BAFTA.

Si usted es un(a) cinéfilo(a) conocer(a) y de hueso colorado (de verdad, en otras palabras), sabrá entonces que el Oscar ya más que un premio es un espectáculo mediático, una farsa, una mentira tendenciosa y “social”, una excusa política, activista y progresista, pero que como buena costumbre, tradición e historia, nos tiene aún cautivos ¡¿Quién sabe?! Quizá en otra ocasión sus intereses sociales comulguen coincidentemente con la mejor película del año como en el 2020(Parasite).

Por lo que fue el Oscar y en vísperas de la que será la ceremonia más pobre y con menos rating de la historia, demos un paso por las viejas glorias de un premio, que crean o no, fue grande, rea y objetivo… hace mucho tiempo en una galaxia muy cercana.

 

Bonus – The Deer Hunter (Michael Cimino, 1978)

Cimino construye con elegancia y máxima crueldad un relato donde la amistad es destruida por los horrores de la guerra y donde la unión familiar es acribillada por la suerte y el destino de seis disparos. En The Deer Hunter no hay lugar para el amor y la inocencia, para el regreso a una vida normal o bien para retomar ese pasatiempo de caza de venados que solía unir en cuerpo y alma a un grupo de amigos que se alistarán en Vietnam para jugar a la suerte con la muerte.  Una de las grandes cintas sobre lo fraternal, la hermandad definida brillantemente por su director durante la celebración de una boda se trastornaría en el trauma irreparable tras la incursión bélica, no ha reparos, no hay esperanza ni concesión, algo que nos deja claro su desgarradora secuencia final

 

30 – The Lost Weekend (Billy Wilder, 1945)

Un estudio psicológico y una odisea de deconstrucción humana verdaderamente impactante y adelantada a su época, Wilder consigue un grado de realismo dramático ajeno y hasta extraño para un Hollywood naciente, donde proliferaban los riesgos (y por ende las joyas). Wilder y Ray Milland entregan uno de los relatos más honestos y brutales sobre el alcoholismo, y de cómo este puede destruir todo a su paso tal y como lo desarrolla esta avalancha de emociones sin concesiones moralistas. Como curiosidad, la cinta se llevaría también el Gran Premio de Cannes (después Palma de Oro) en una ceremonia que incluyó tras la Guerra a otras 10 ganadoras, estrictamente siendo una de las 3 en la historia en lograr Oscar – Cannes (Marty y Parasite fueron las siguientes).

 

29 – In the Heat of the NIght (Norman Jewison, 1967)

El pináculo del discurso racial en la obra de Jewison, daría como fruto uno de los Oscar a mejor película mejor justificados dentro de dicho discurso, tema que siempre ha sido del gusto del certamen y que en este sublime thriller policiaco ve el perfecto equilibrio entre el suspenso y el mensaje crudo, más no victimario, sobre la segregación “negra” incluso dentro del inepto sistema policial. Poitier gozaría de un recio e inolvidable personaje, pero también la química con el propio Steiger procrearían incluso un éxito transformado en serie, siendo uno de esos productos tanto comerciales y mediáticos como de autor, con una guion y desarrollo sólidos, excelentes actuaciones y ninguna pizca de auto condescendencia. Una de las más “cool” ganadoras.

 

28 – The Bridge on the River Kwai (David Lean, 1957)

Una de las epopeyas bélicas más influyentes e intensamente dramáticas de la historia, pero también y tal como su premisa lo sugiere, más obsesivas y perfeccionistas. Guinness aprovecharía su gran papel para consagrarse, mientras que Holden funge con gran solvencia como ese contrapeso anti heroico emanado de la obsesión ideológica del primero en lo que es una guerra más psicológica que física, tal y como le encantaba plantear su campo de batalla a David Lean en el género que lo consagraría (y que le daría otro Oscar más). Resulta mítica la última secuencia del film, donde todas las piezas son posicionadas de manera exacta para encausar uno de los momentos de mayor suspenso en la historia del cine.

 

27 – The English Patient (Anthony Minghella, 1996)

La mayor virtud de The English Patient es que Minghella no se deja llevar por los estatutos y clichés del género, pues en lugar de situar su romance en un ambiente bélico, usa su historia como una metáfora del mismo conflicto a través de la expiación de su héroe y víctima, el paciente, el cual con gran dolor y a la vez fortuna y gozo relata a su cuidadora su sórdida relación en los plenos círculos de la alcurnia inglesa en plena explosión de la segunda guerra mundial. Intensa e intimista, desbordante de  pasión, dolor y sacrificio, The English Patient  se presume también de una gran producción, una impresionante fotografía, entrañables actuaciones y una gran banda sonora,  siendo para su servidor una de las mayores cintas románticas de la historia

 

26 – The French Connection (William Friedkin, 1971)

Un thriller policíaco que se convirtió en la base narrativa de todo el subgénero, no solo en cuanto al desarrollo de su historia, sino también de los arquetipos y personajes que lo conforman. Quizá Friedkin no ganó el Oscar por su mejor obra, The Exorcist, pero esta decisión de cierta manera marcaba una tendencia innovadora en cuanto a los relatos de los 70, dando una mayor apertura a géneros y variantes que se salían del drama y del Hollywood clásico para ampararse en un suspenso encomiable, con historias más reales y palpables dentro de este cambio de generación. The French Connection bien podría ser también una de las pocas ganadoras del Oscar en catalogarse de igual manera como una cinta “de acción”.

 

25 – Braveheart (Mel Gibson, 1994)

Una de las épicas más infravaloradas; una aventura que a pesar de tomarse varias libertades históricas, alcanza picos de excelencia dramática, romántica, actoral y visual en mucha parte gracias al obsesivo y técnicamente brillante trabajo de Gibson como narrador supremo. Si bien el relato usa el viejo truco del sacrifico emocional, es el bien estructurado héroe y su historia de amor y venganza el que brindan la base “sentimental” necesaria para que el espectador comparta la travesía y hasta el dolor de su último grito. La batalla de Sterling sigue siendo uno de los hits directivos más grandes de los 90 y de las batallas en el cine, y es que como bien dicen en un capítulo de South Park: “Quizá Gibson esté loco, pero no cabe duda que el cabrón sabe dirigir”.

 

24 – The Departed (Martin Scorsese, 2006)

Uno de los mejores remakes de la historia, preciso y dinámico, con desempeños actorales sobresalientes y un cineasta sumergido en su lenguaje y ritmo que al momento de su montaje final, se revela no solo como la genialidad, sino también  como el renovado clásico del género que es. Sin embargo, y  haciendo una analogía musical, Scorsese aquí optó por la perfección lirica en su ejecución dejando de lado el sentimiento y emoción del “maltrato” improvisado; dejó de ser su querido Keith Richards para convertirse en John Petrucci; dejó de lado un poco la sátira en la búsqueda por la perfección ¡Y lo consiguió! Pero cada alcance de Oscar requiere un gran sacrifico, y ese es asentarse en sus estándares y quedar lejos de lo enigmático. Aun así, muy destacable.

 

23 – Million Dollar Baby (Clint Eastwood, 2004)

Sin duda el epitome de su tema patriarcal es también la conexión perfecta y clímax entre el Clint director y actor. Uno de los mejores dramas deportivos, la confirmación de Clint como figura de culto (ahora como cineasta) se ve ensalzada por una gama actoral sinónimo de perfección, logrando no solo una química paternalista con Swank entrañable, sino también de nuevo con su socio actoral por excelencia, Morgan Freeman, una unión que ya había desplegado excelencia en 1992. Un film sencillo en apariencia, pero que engloba una complejidad directiva sobresaliente, desde el bello manejo de esos planos “western” y su adaptabilidad al mundo del deporte ¿Han notado en ella la influencia eterna del espagueti?

 

22 – No Country for Old Men (Ethan & Joel Coen, 2007)

Brillante western que sin duda significó un parteaguas para la recreación del rubro en su etapa moderna, alejados del desértico viejo oeste y trasladado a nuestra era, siempre conservando los mismos elementos y las raíces socio culturales de las culturas fronterizas. El extraordinario ritmo impreso por los Coen hace que el film pase de un trepidante suspenso a una explosiva acción en cuestión de minutos, respetando hasta los duelos cánones del género y enriqueciéndolo con ricos diálogos que no genera un génesis, pero si una introducción magistral de los personajes para clarificar y estructurar sus motivos.  Un western de icónicos momentos, destaca Javier Bardem, que aunque se encuentre caricaturizado, entrega uno de los mejores villanos del oeste.

 

21 – The Last Emperor (Bernardo Bertulocci, 1987)

Prodigiosa, Bertolucci sale de su Italia para trasladarse a China, con producción en Reino Unido y con gran impacto a nivel mundial, logrando 9 justos Oscar en un tiempo donde el premio tenía vergüenza y el suficiente poder para hacerse escuchar y respetar. Un logro injustamente olvidado por el cine y estas generaciones, El último Emperador ejecuta con perfección la épica histórica y los cambios sociales, bélicos y políticos desde la opulencia monárquica hasta la opresión fascista de China. Filmada de manera avasallante con secuencias inolvidables, La sensualidad, un sutil y pequeño toque neorrealista Y su coqueteo con el ritmo “gringo” logran una amalgama histórica tan sustancial como emotiva, la cual es coronada por su gran escena final

 

20 – Midnight Cowboy (John Schlesinger, 1969)

Uno de los relatos más extrañamente trágicos del que uno puede ser testigo y tomando en cuenta los estándares del Oscar, sin duda una de sus más extrañas ganadoras, totalmente fuera de su molde. Déjeme explicarle el porqué. Hay un cierto halo de inocencia que rodea a todo este relato de prostitución masculina y que incluso en su tiempo se atrevió a retar el estatus quo social y la narración al romper por momentos la cuarta pared; dicha falsa inocencia será corrompida por otro cierto elemento inerte de la “idiotez”, la idiotez de dos parias – socios autodestructivos que marchan en sentido opuesto de la redención para encontrar su final, un sueño alejado, imposible y surrealista, tal y como sus pobres y miserables vidas. Una dura joya, con un durísimo final.

 

19 – Platoon (Oliver Stone, 1986)

Uno de los relatos anti bélicos por excelencia, de nuevo de no ser por la mediación de sus actores estaríamos hablando de una incursión neorrealista y bastante apegada a la verdad por parte de Stone, en lo que es un relato semi autobiográfico de sus propias vivencias en Vietnam y que juegan sutilmente en el rubro de la ficción al situar al “soldado” entre dos padres: la paz y la guerra, ambos en el mismo bando y con el mismo objetivo: sobrevivir. Charlie Sheen entrega la mejor actuación de su carrera, pero es evidente como Dafoe y Berenger se funden en dos papeles tan entrañables (Willem) como siniestros (Tom), y en este especial caso, dando como resultado uno de los mejores villanos del cine de los 80. Su ensayo sobre el belicismo es fastuoso

 

18 – Lawrence of Arabia (David Lean, 1962)

El paseo que brinda Lean y su  prosa fílmica a través de su lente y sus ya característicos planos panorámicos son la causa de uno de los más complejos y entrañables relatos de metamorfosis humana frente a un conflicto bélico por demás irregular, donde los poderes sociales, culturales y políticos se adueñan de “La Figura” y de los seres que la rodean, siendo todos ellos incapaces de hacerle frente a Lawrence (Ni él mismo), un alma que se resistió a ser corrompida pero que sin casi notarlo, aceptará un falso confort y la destrucción de su corazón e ideales. Una cinta trascendental y bellamente estructurada, ve en O’Toole y en la comunión con su compañero de reparto Omar Shariff  el vehículo para desbordar la comprensión y entendimiento de dicha transformación espiritual.

 

17 – All About Eve (Joseph L. Mankiewicz, 1950)

Ganadora también del Premio del Jurado en Cannes, algunos la llaman el pináculo del drama hollywoodense, y puede que tengan razón, ya que estamos ante una joya de extraña estructura narrativa y rica introspección psicológica, digna de funcionar tanto como auto sátira al mundo del teatro y el cine, como también un reflejo angustioso y hasta neorrealista del estado en el que aquel momento cruzaba su actriz protagónica (en su clímax, pero también ante las inminentes puertas y edad de su próxima debacle). Inteligente, provocadora, con unos diálogos y una Bette Davis que saca chispas cada vez que se juntan, Estados Unidos estuvo aquí muy cerca de conseguir su primer Oscar- Palma de Oro (aunque 5 años después lo lograría con la olvidada Marty).

 

16 – Chicago (Rob Marshall, 2002)

Uno de esos años apoteósicos dignos del recuerdo hollywoodense, enmarcado por la llegada de un teatrero con la capacidad y calidad necesaria para arrebatarle justamente el Oscar a The Lord of the Rings: The Two Towers, Gangs of New York, The Pianist y The Hours ¡Eso era Chicago! El último gran musical no solo fue un ejemplo de maestría adaptativa; del teatro al cine, Marshall supo transformar la estática de los escenarios de Broadway en el movimiento cinematográfico a través de una gran escala técnica, de luces, sonidos, danzas, fotografía, planos y fastuosas secuencias musicales que compiten entre ellas bajo el mismo estándar de calidad. Así es como debería ser una representante del Oscar: espectacular, bella, altamente entretenida, de un gran guion, actuaciones y cualidades técnicas.

 

15 – The Apartment (Billy Wilder, 1960)

Hermoso ejercicio fílmico que tal vez nos revele el punto más alto de la tragicomedia romántica (y en un segundo plano siendo un accidental clásico navideño). Dos almas desdichadas y solitarias, con sombras y luces personales y entrelazadas de manera irónica, consagraron el doble arquetipo cínico y cautivador de Wilder, forjando una joyita de poderosa influencia para la comedia y el romance. Wilder construye así un guion centrado en los aspectos humanos: debilidades, vicios, infidelidades y secretos, que al final son vencidos por la conexión amorosa y la soberbia química actoral entre Lemmon y MacLaine, los cuáles junto con su director procrean un ritmo, momentos y diálogos entrañables, que ven su clímax en su mítica y bella, muy bella escena final.

 

14 – Rebecca (Alfred Hitchcock, 1940)

Uno de los más prodigiosos thrillers, que no necesita criminales ni asesinos en serie, sino el simple recuerdo para amalgamar una historia llena de suspenso y misterio que desembocan en la metamorfosis y en la deconstrucción de su protagonista, víctima de los rumores, de la comparación y de las intrigas de una casa inmersa de imágenes y objetos personales impregnados por aquella villana que vive en la memoria. Es ese factor casi erótico que se comulga con un soberbio manejo psicológico, el que como de costumbre lleva a Hitch a engañarnos con un giro espectacular, cinismo puro, efecto de uno de los mejores personajes del cine que ni siquiera tiene un segundo en pantalla, genialidad narrativa en base al suspenso.

 

13 – Parasite (Joon Bong-hoo, 2019)

La mejor del 2019 y una de las mejores de la década, de una agilidad narrativa que lo hace parecer como si tuviera 30 películas encima, Bong cambia de nota pero no de discurso, con un fastuoso cuento de suspenso (que evocan al mejor de los Hitchcocks con ese excelso manejo de espacios) conformado por variados giros bien cimentados en el nuevo choque y evolución de su crítica social. Sin duda firmando su mejor obra (segunda en conseguir la Palma y el Oscar en la historia), Parasite no es solo es una fascinante cátedra de tensión fílmica que deja por momentos sin respiro al espectador, sino también una alegórica y punzante comedia negra sobre la diferencia de ideologías, intelectos y situaciones de las clases sociales a nivel universal.

 

12 – Unforgiven (Clint Eastwood, 1992)

La más pura concepción del western como el adjetivo que siempre lo acompaña, salvaje; Unforgiven es de las obras del género más crudas y adepta a la realidad en aquel desolado y ruin tiempo; una utopía conformada por el silencio y su interrupción súbita por la más pura e imperdonable violencia, Eastwood logra no solo resucitar, sino concebir la definitiva y verdadera naturaleza de su hombre sin nombre, un ser despreciable que se concluye así mismo con un diálogo sublime que resume la joya en cuestión y que provee a todo el film de esa constante tensión y veneración necesarias para recordar que el vaquero, el vengador, el escorpión, el bueno, el malo y el feo no han muerto, y que nunca lo harán.

 

11 – Casablanca (Michael Curtiz, 1942)

Uno de los cuentos románticos por excelencia y mayores clásicos de Hollywood, la internacionalización de Bergman y la confirmación de Bigart vino de la mano de una impecable comunión entre belleza y talento a la orden de una tragedia amorosa tan cruda como emotiva durante el marco de la Segunda Guerra, forjando una de las químicas y parejas más inolvidables y que asentaría varias de las bases dramáticas e histriónicas en el provenir del género. Quizá sea su honesta historia de amor y amistad, o tal vez sea esa espontaneidad romántica en cada uno de esos “momentos”, Curtiz aprovechó cada segundo y encuadre de esas dos figuras para construir uno de esos relatos más culturales que fílmicos.

 

10 – Gone with the Wind (Victor Fleming, 1939)

Toda superproducción debería apuntar a llegar a ser “Lo que el viento se llevó”, una ostentosa pieza de producción y calidad artística embelesada no solo por sus conflictivos valores directivos, sino también por una de las más fieras y legendarios químicas del cine, que a 80 años de distancia y gracias al talento debutante de Leigh y al apadrinamiento cínico de Gable, se convertiría en uno de los símbolos del anti-romance por excelencia, perfectamente estructurada e interpretada. De actuaciones, producción y ambientación elevada, es el pivote actoral que carga con el interés y el sarcasmo para aminorar la carga dramática, y que tiempo después crea hacía con el público esa empatía tan trágica como emotiva. Su última frase es legendaria, catedrática si se tiene en cuenta que en 8 palabras se pueden englobar cuatro horas.

 

9 – The Silence of the Lambs (Jonathan Demme, 1990)

Estremecedor thriller que inauguraba con el pie derecho la década de los 90 para el Oscar, marcando así una “tendencia” regida por la variedad de géneros en aquella época (y que verían “a la mala” su clímax en la horrible Titanic). Uno de los mejores thrillers de la hitoria, la excelencia narrativa e histriónica creó un ambiente tan morboso como clasutrofóbico para el espectador, haciéndolo partícipe de la investigación  y testigo de uno de las secuencias finales más tensas y mejor logradas dentro del género. La actuación – química entre Hopkins y Foster es de antología, así como el retrato sin concesiones de un asesino tan complejo como escabroso, llevando a esta cinta también a los parajes del culto y de la cultura pop.

 

8 – American Beauty (Sam Mendes, 1999)

Una gran película que exhibe de manera sofisticada la destrucción del ideal americano. Su atemporalidad es tan intensa como reflexiva, pues Mendes no tiene reparo en revelar los deseos más ruines y carnales dentro de un marco de cambio generacional sumamente interesante y bien descrito: llegando el Boomer al final de su clímax y dejando que el “millennial” y todas su inseguridades, miedos y pasiones se posiciones dentro del ciclo de la vida y “american way of life”. Fue y sigue siendo un rotundo golpe a los valores más intrinsecos del gringo, pero su maestría fue tan avasallante que al Oscar no le quedó  de otra que coronar esta sátira de naturaleza neorrealista con los principales premios de aquella gala.

 

7 – Ben-Hur (William Wyler, 1959)

Uno de los pináculos del cine americano. Las virtudes profesadas por la Iglesia son representadas en esta súper producción (que literalmente es de proporciones épicas), que prácticamente se convierte en un spin-off bíblico y en una odisea sobre la justicia y fortaleza. Un personaje ficticio concebido por el General Lew Wallace, Wyler realizó una de las mejores películas de la historia que trasciende no solo por sus impresionantes secuencias (la carrera de cuadrigas es sencillamente un milagro cinematográfico), sino por la compleja relación y la química entre Ben-Hur y Messala (Heston y Boyd brindan las mejores actuaciones de sus carreras). Más allá de una película religiosa, Ben-Hur es un banquete milagroso del séptimo arte. Imprescindible.

 

6 – Schindler’s List (Steven Spielberg, 1993)

Obra cumbre de Spielberg, a pesar de las acusaciones de sus detractores, no se puede sobrevalorar algo que es justificable en su pretensión, en otras palabras, rayando en la perfección. Muchos la tachan de condescendiente y falsa, pero  no hay falsedad en la versión ficticia sobre una verdad, no hay condescendencia cuando tan magistralmente se narra y se exhibe la brutalidad humana y de como un cuento de hadas “real” puede acabar con ella. La Lista como su título lo indica, es una categorización magistral del lenguaje cinematográfico; su decisión de filmar a blanco y negro solo es comienzo de un desglose narrativo catedrático que sigue al pie de la letra la construcción empática  que se resume a la convivencia del bien con el mal

 

5 – On the Waterfront (Elia Kazan, 1954)

Un himno eterno que evoca la desesperación y la depresión económica reflejada en los bajos mundos del hampa y el sindicalismo, Kazan regala un testimonio tan veraz y emotivo sobre la esperanza y revocación humana, que incluso sirve de cierta manera como auto exploración y previa expiación de su porvenir dentro de la cacería de brujas . Una de las piezas clave del cine y del género gansteril en específico, las tomas en los techos y su impresión existencial alrededor del papel de Brando, permiten alcanzar a padrino y actor, una intensidad progresiva sin igual e incluso nunca alcanzable nuevamente por él mismo, en una traducción exquisita de la recesión laboral y la violencia americana. Romántica, emotiva, cruenta, aún en la actualidad impacta y sorprende.

 

4 – One Flew Over the Cuckoo’s Nest (Milos Forman, 1975)

El factor común en la obra de Forman: el héroe mesiánico demente liderado por la figura del paria y criminal McMuprhy, icono por antonomasia de su filmografía y que libera, exime y redime a los que se encuentran a su alrededor, antes y después de su “muerte”. Veamos el ejemplo de los 12 maniáticos apóstoles, la rebeldía por liberarlos del yugo mental a través de la verdad y de por supuesto, una ida a pescar (“El Pescador”), esbozos y pistas que Forman salva de la novela (donde las referencias son más obvias) para construir una desgarradora pieza, catalogada unánimemente entre una de las mejores en la historia; crítica, incisiva, divertida, entrañable, emotiva, una catarsis de sensaciones que culminan con una secuencia final tan esperanzadora como estremecedora.

 

3 – The Godfather Part II (Francis Ford Coppola, 1974)

Ya en este punto uno podría poner el lugar tres en el uno, el dos en el tres o el dos en el primero ¡no importa! El nivel desplegado es sencillamente catedrático. Tomemos por ahora el ejemplo del segundo episodio de la epopeya mafiosa (cinta que será la de mayor influencia en el género por encima de su primera parte), donde Coppola sabe de nuevo impactar al dividir su relato en dos líneas temporales para que la del pasado cumpla dos objetivos: el primero, auto ensalzar el primer episodio a través de la estructuración de su Vito Corleone; el segundo, estructurar a sus hijos, con un clímax y escena final tan devastadoras como emotivas. Pacino logra consolidarse como el villano de los villanos, mientras Coppola firmó desde aquí su entrada a las ligas mayores.

 

2 – Amadeus (Milos Forman, 1984)

Una de las mayores piezas fílmicas de todos los tiempos. Su puesta escena, reconstrucción de época,  sublimes actuaciones y quizá la mejor comunión musical – visual en la historia, escapan de los estándares de Hollywood con la construcción de un “ficticio” e inmaduro Mozart que en su momento afectó la visión de los puristas, pero que a la postre solventarían una narración perfectamente delimitada por los traumas paternalistas y esa responsabilidad hacía la perfección, dote que Forman se encarga de proyectar no solo de parte del genio, sino también por parte de la envidia del rival, dos vertientes que comulgan en un exquisito elemento emocional que hasta la fecha brindan secuencias complejas, grandilocuentes y catedráticas en lo que se refiere a la labor histriónica y al leguaje fílmico en general. Magnificencia pura.

 

1 – The Godfather (Francis Ford Coppola, 1971)

La historia de un inocente y ajeno vástago que se ve obligado a convertirse en un ruin y frio capo siempre leal a su familia y al recuerdo de su progenitor, es en si la esencia narrativa de su autor. Nótese como Coppola además de ser un exquisito narrador, su verdadera habilidad recae en el poder de adaptarse a la fuente original, resultando en secuencias que son diseñadas con alto grado de precisión y maestría. Así pues, a través del poder, Francis lleva a su arquetipo a la degradación (el “breaking bad” por excelencia del cine), inclusive perdiendo hacía con el negocio del “padre”. Poesía pura hecha imagen, Coppola en su final ofrece un retrato salvaje de dicha transformación con la magnífica y escalofriante escena de una puerta cerrándose ante los ojos e la audiencia. Puro arte.

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Acerca del autor

El Fett   @El_Fett   cinescopia.com

El más realista y cabrón crítico de cine que pueda existir. Ente sin misericordia que tiene el halago de transmitir a los mortales su sentir y sabiduría en el mejor recinto sobre el séptimo arte. Cinéfilo de corazón y crítico crudo por vocación. Alter ego del Licenciado en mercadotecnia y RRPP Oscar M Rodríguez (FB) Sigueme en twitter @El_Fett


16 Comments

  • Amadeus.. tan perfecta y jamas podria ganar el Oscar a Mejor Musica Original (por obvias razones)… tendrian que viajar en el tiempo y darle la estatuilla a Mozart en su lecho de muerte…. aunque seguramente Salieri hubiera salido a recibirlo y presumirlo como suyo… desgraciado..

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  • Creo que puedo señalar el momento en que la Academia empezó a pudrirse, así como al responsable, y estoy seguro que esto traerá polémica pero no me importa:

    Marlon Brando, cuando rechazó su Óscar por El Padrino. Al subir Sacheen Littlefeather y hablar por el actor sobre los derechos de los nativos americanos, fue el momento en que la Academia se dio cuenta que podía engañarnos a todos al premiar tendencias y moralejas de la vida en lugar de la calidad fílmica. Y no es que no se hayan equivocado antes de esto (How Green was my Valley venciendo a Citizen Kane), pero no es de extrañar que a partir de aquí las decisiones vayan más enfocadas a premiar lo que está de moda y que muchos de los nominados sean más memorables que los ganadores a la larga.

    Las que faltaron:

    -All Quiet on the Western Front: Una épica epopeya de la Primera Guerra Mundial que establece muchos de los elementos que usarían muchas películas bélicas desde entonces.

    -From Here to Eternity: Fred Zimmermann dirige el beso más famoso, anhelado e imitado de la historia del cine, entre Deborah Kerr, Burt Lancaster y la orilla del mar.

    -The Sound of Music: Un romance predecible, pero sobresale por las canciones y la puesta en escena. Por si esto fuera poco, el guion hace una crítica al nazismo y destaca los ideales del amor a la patria, a la familia y a la religión.

    -Rocky, Rain Man, Forrest Gump, LOTR: Return of the King y Slumdog Millionaire: pongo juntas a todas estas por una razón en común. Sí, todos sabemos que no merecían ganar en sus respectivos años, pero también no hay nadie que realmente se queje de su triunfo. Además, si dejamos de lado las premiaciones, todas son influyentes a su manera y tienen sus momentos de gloria que nos han hecho reír, llorar y emocionarnos (y sí, voy a seguir insistiendo en que Slumdog es genial).

    -Birdman: Una obra de teatro postmodernista tremendamente crítica y hostil, al punto de insultar a todo el mundo. La dirección de Iñárritu combinada con la magnificencia visual de Lubezki la han hecho envejecer bien con los años, ambos nos dejan con la incertidumbre de que tal vez tenían razón sobre el genocidio cultural que, según ellos, provocan las historias de superhéroes.

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    • Cierto estimado. Brando dio un trancazo a la Academia, pero aún así su exposición de cine americano siguió siendo buena durante algunos años

      De las que menciona, estuve a punto de meter a all quiet pero la saque por Deer Hunter

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  • Excelente listado, y excelentes películas. Realmente le aplaudo la inclusión de Chicago, muchos la ponen como una de las peores ganadoras del Oscar cuando realmente es una película legendaria en su género. Tal vez no debió ganar ese año al estar nominada con la obra maestra de Polanski, pero realmente es increíble y muy divertida (incluso creo que sería muy arriesgada de ser lanzada en está época tan “progre”), muchisimo mejor que casi todas olvidables ganadoras de la pasada década.

    Yo hubiera incluido Annie Hall, The Sting y All Quiet. A lo mejor muchos se quejaran con que dejó afuera la tercera del Señor de los Anillos, pero viendo las nominadas de ese año (Master and Commander y Mystic River), era inmerecido el Oscar.

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    • Yo tambien me quejaria de LOTR que no aparezca en la lista, pero tambien entiendo que la Academia se doblo para premiar a la mejor trilogia fantastica de la historia (ciertamente Las Dos Torres era la que merecia mas el premio pero entre Chicago y El Pianista la tenia imposible, y ojo no digo saga porque El Hobbit vino a demeritar lo logrado por LOTR) y dejar fuera a Mystic River en esa contienda que si, hizo que El Regreso del Rey fuera una pelicula tan premiada como Titanic y Ben-Hur…

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    • Lo de el señor de los anillos, seamos sinceros estimado, ganó la menos mejor. Chicago es fabulosa, un clásico moderno

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  • Casablanca de 11? hay algo mal en esta lista!

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  • ¡Qué gusto más flojo! Solo faltó un “bonus track” con “Argo”, “Crash”, “Gladiator”…¡Bah! Exageré, pero es una engañifa creer que lo torcido de estos dudosos premios venga de un tiempo para acá y no desde su génesis casi. ¿”Ciudadano Kane”,y “Apocalipsis now” desbancadas por obras superiores? Y podría dar más ejemplos.

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  • Increíble que taches a Titanic de “horrible”, cuando es cine en estado puro en muchos aspectos.

    Seguramente nunca captaste que la anciana novela su historia de amor a modo de cuento de hadas para que el espectador experimente “la magia del cine” (el guión da como 10 pistas sobre que su relato no es totalmente cierto). La idea es que el espectador tenga una experiencia épica, “titánica”, a nivel auditivo, emocional y visual.

    Cuando la anciana evoca con lirismo la escena del “estoy volando” es por las ansias de libertad; de romper con varias represiones de género: social (burguesía), filial (madre) y patriarcal (prometido).

    Rose: el arquetipo de la mujer moderna para el nuevo siglo que partía. Jack: el arquetipo del hombre corriente (ya no el aristócrata) que protagonizaría el siglo XX. El barco: el símbolo máximo de la modernidad mundial hasta esa fecha (a nivel tecnológico). Máquina y humanos fundidos en una escena épica sobre el avance de la incipiente era moderna.

    La canción que le canta su “salvador” en la proa era una canción muy popular en esa época sobre el avance de la modernidad. “Josephine” era una avioneta que logra alcanzar los cielos.

    Otra pista que da el guión: Rose cuenta que lleva en el Titanic varios cuadros icónicos del modernismo, pero como todos sabemos, no se hundieron en el Titanic. Pero es para reflejar la mentalidad moderna que experimentaba y que chocaba con el esnobismo de una burguesía apegada a decadentes formas para entender la realidad.

    Y otra pista, de tantas: ¿Cómo Rose puede saber tantos datos y secretos de los pasajeros más conspicuos del barco (la cena en primera clase)? Es imposible que los conociera tan bien si no se conocían antes de subirse al barco.

    O más: Rose da a entender que el barco choca con un iceberg porque los vigías se distrajeron al ver cómo besaba al príncipe-azul-proleta…

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    • SOOOOOOOOBRES….. que buen análisis eh estimado, bien por usted

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      • Gracias por valorar mi comentario.

        Y otra lectura: En el fondo, el amor de estos amantes es el más puro, por eso cautiva a millones hasta el día de hoy. Así como nos gusta el tira y afloja entre Scarleth y Rhett, Rose y Jack son la antítesis, porque intentan mantener a flote su amor adolescente tanto de: las diferencias sociales, los bloqueos físicos que impone el barco entre 1a y 3a clase, así como de las artimañas de la madre de Rose (matrimonio por conveniencia como se estilaba), el prometido de Rose (mero burgués que busca el apellido aristocrático de la chica) y hasta del mayordomo del magnate. Sin embargo es el barco, que primero los une, el que finalmente los separa. Se arruina el amor por factores externos a ellos.

        En el melodrama son muy pocos los momentos en que los amantes alcanzan la felicidad. Cuando Rose finalmente se decide a romper con la represión burguesa (radiante, feliz, mientras los vigías la observan) es que el barco choca con el iceberg y sella el destino de la pareja… el melodrama siempre “castiga” a quien desafía las convenciones sociales.

        La primera pista que entrega la película y nadie se percata: cuando uno de los cazatesoros le dice a su colega: “‘¡Es una actriz, una actriz. Ahí tienes tu primera pista jefe!”…. La anciana lleva su vivencia personal a ribetes hollywoodenses. De hecho, como buena actriz, les miente no solo con su relato (que también nosotros escuchamos atentos), sino que esconde que tiene el diamante (solo nosotros lo sabemos al final de la película).

        Es la renuncia a la vida burguesa (el amor por el dinero) por el verdadero amor y ser tú mismo. Por eso Rose eligió ser actriz, porque le dio completa libertad intelectual.. lejos del esnobismo propio de su clase, que anula la personalidad con tal de no perder estatus. Es verla en su encantadora casa de clase media llena de objetos de sus viajes. Una vida que fue entretenida, feliz.

        James Cameron es un genio: no expone de forma directa que todo es novelado, porque la idea es que la gente experimente “magia” con Titanic. La gente no paga una entrada al cine para ver gente pelando un pollo como uno lo haría en casa. No. La mayoría de la gente quiere el escapismo que da el cine, o el arte en general, para así suspender tu tiempo banal. Ya lo dice la célebre frase de Un tranvía llamado Deseo: “Yo no quiero realidad, quiero magia”.

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        • Muchas gracias a usted por expresarlo estimado

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          • Humberto Osorio June 6, 2021 @ 9:18 am

            Y para cerrar este comentario (y no joderte más), Titanic con su estreno en 1997, celebró deliberadamente los 100 años del cine como arte; reflexión sobre qué es el cine: una fábrica de sueños, en este caso narrado por una ex actriz de Hollywood, quien hace de su romance un espectáculo no solo para entretener, sino para compenetrarse con lo relatado… y vaya que la película lo logró, porque traspasó lo cinematográfico para transformarse en fenómeno sociológico: mucha gente la fue a ver al cine hasta diez veces, además de tener la banda sonora más vendida de la historia, el VHS y DVD más vendido de la historia y generar inusitado interés tanto por el barco en sí mismo (documentales, libros, exposiciones) como por sus actores (se reestrenaron anteriores películas de Winslet y DiCaprio), aparte de un concierto itinerante por todo el mundo: “Titanic Live”.

            ¡Y vamos!, sin duda no es una película perfecta (qué concepto más alejado de la realidad), pero de ahí a ser “horrible”… un abismo…

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