Las 5 Mejores Películas de Harriet Andersson
Una de mis actrices favoritas, repleta de un gran talento y una inconmesurable sensualidad. La lolita y primera gran musa y pasión de Bergman, solo con 21 años (y nueve antes de la Lolita de Kubrick), Harriet Andersson ya se había encargado de enamorar y desconsolar por igual al mundo con la odisea veraniega de Mónica (Un Verano con Mónica, 1953), denotando un potencial histriónico inigualable para su edad. A lo largo de las 9 colaboraciones con su primer gran socio (con el que mantuvo un amorío oficial entre 1952 y 1955), a Harriet se le vincularía con papeles complejos adeptos al estudio obsesivo de la mente y la muerte por parte del cineasta, confiándole no solo el majestuoso y ejemplar rol protagónico, demencial y semi auto biográfico en A Través del Espejo de 1961 (una de las mejores actuaciones femeninas de la historia según varios círculos de la crítica), sino también quizá el máximo simbolismo dentro de la obra de Bergman con respecto a la transición entre la vida y la muerte en Gritos y Susurros (1972) como la moribunda Agnes.

Musa e inspiración de otro cineasta nórdico y a la larga su esposo, bajo el mando directivo del finlandés Jord Donner ganaría la Copa Volpi a la mejor actriz en el Festival de Venecia por Att alska (1964). A pesar de negársele la fama internacional, entre sus últimas apariciones se encuentra Dogville (2003) de Lars Von Trier, manteniéndose activa hasta el 2013, año de su hasta ahora posible retiro, contando en la actualidad con 87 años, más de 102 créditos entre el cine y la televisión y 77 décadas de carrera fílmica.
Parece solo coincidencia que esta musa haya nacido el 14 de febrero. Una de las grandes figuras femeninas de la actuación europeas, celebremos los 94 años de Harriet Andersson con sus 5 Mejores Películas
Bonus – Dogville (von Trier, 2003)
POR EL FETT
La epopeya gansteril y surreal de Von Trier, de una exquisitez artística manifestada en su curioso y minimalista diseño de producción. Una oscura metáfora sobre la opresión masculina y social por sobre una mujer en aparente huida, servicial y bella, al servicio de una comunidad que la acoge con ciertos requisitos por sobre su “bondad”. Uno de los mejores giros no solo en el cine de von Trier, sino dentro de la filmografía de aquella década, el despertar actoral de Kidman es evidenciado hacía el final para abalanzar una cruenta venganza sobre aquella sociedad que la encasilló. Dentro de esa comuna utópica destaca la presencia de Harriet Andersson, dando un revulsivo en cuanto a poder dramático y mediático al relato de Von Trier
Bonus – Amar (Jord Donner, 1964)
Por EL FETT
Con su esposo, el cineasta, político, diplomático y periodista finlandés, Jorn Donner, Andersson se hizo de su más prestigioso premio como actriz al obtener la Copa Volpi de Venecia. Donner, un cineasta de clara influencia “Bergmaniana”, adoptó la faceta tierna pero compleja de Harriet Andersson para que esta pudiera adaptarse a un papel que explotaría tanto su talento como la madurez adquirida, proyectando una avasallante credibilidad pese a la mediana recepción general del film en la crítica e historia. El dilema de una viuda sueca con un hijo, que al enamorarse de un extranjero toma la decisión de irse a vivir con él en medio de la incertidumbre y de la presión social, es un relato convencional que brilla gracias solo, por y para Harriet
Bonus – Sueños (Ingmar Bergman, 1955)
POR MANUEL ESTEBAN GAYTÁN
Sueños podría ser considerada (junto a Sonrisas de una Noche de Verano, filmada también en 1955), como el cierre de la etapa inicial de Bergman, y a la par las cintas que expondrían lo que estaba por venir. La misma trata sobre Susanne, una dueña de una agencia de modelos que debe realizar un viaje en compañía de Doris, una de sus modelos, la cual previo al viaje se pelea con su novio. Una vez allí conoce a un hombre importante quién al verla parecida a su mujer, me compro vestidos y joyas de alto costo. Esta película está protagoniza por dos actrices claves en los primeros años de Ingmar; Harriet Andersson y Eva Dahlbeck, y también cuenta con la nunca despreciable participación de Gunnar Bjornstrand.
5 – Sonrisas de una noche de verano (Ingmar Bergman, 1955)
Por EL FETT
Una comedia de enredos amorosos que a primera vista podría suponer una de las cintas más convencionales de Bergman, pero que al mismo tiempo significa una clara sátira a la burguesía y a los placeres “culpables” y/o familiares que al sueco tanto le gustaba explorar… o jugar. Una opción tan rara como divertida y curiosa para este 14 de febrero, Harriet Andersson hace gala de esa emblemática combinación entre calidez dramática y sensualidad que experimentaría bajo su primera etapa con Bergman, misma que llevaron a convertirse en una de las musas del legendario director. Como dato curioso, su hija Petra fue nombrada así por el papel que interpretó aquí, dado por sentado el cariño y la admiración que también en variadas ocasiones ha manifestado por el cineasta sueco.
4 – Noche de Circo (Ingmar Bergman, 1953)
Por EL FETT
De las musas de Bergman, Harriet Andersson era la más bella y sensual, y el sueco en una de sus cintas más accesibles se encarga de alabarla con cada plano de esta erótica historia sobre engaños y dualidad matrimonial, todo dentro del ambiente tóxico de un circo errante que ve su estabilidad desmoronarse bajo las mismas circunstancias de la pareja que lo administra, dos amantes en unión libre que exponen temas muy divertidos para su director, desde la inseguridad y los celos, hasta el adulterío, el acoso y por supuesto el abandono paternal, siempre presenta como auto crítica y expiación. La Noche de Circo es también una de sus películas más divertidas, una semi comedia de tonos muy ácidos y de donde Harriet Andersson logra una de las exposiciones más hermosas dentro de la obra del director (el que no conoce a Harriet a cualquier Johansson le reza)
3 – A través del espejo (Ingmar Bergman, 1961)
Por EL FETT
Ganadora del Oscar, la crudeza del relato exhibe una honestidad brutal por parte de Bergman, el cual se refleja como un padre incapaz de captar las necesidades y problemas de sus críos: Un escritor frío y distante pasa unos días con sus hijos, un adolescente y una joven con problemas mentales (Andersson), casada con un médico que la cuida con un fervor que raya en lo absurdo. Cuatro personajes atrapados en una cabaña, la estancia desencadena una crisis familiar que exhibe la incompetencia empática y las pobres condiciones psicológicas a causa del distanciamiento patriarcal. Harriet Andersson se encuentra sublime, entregando una demencia entrañable y tierna en el pape y símbolo de esta incapacidad paternalista
2 – Un Verano con Mónica (Ingmar Bergman, 1953)
Por EL FETT
Juguetona, provocadora y censurada cinta, con “Monika” tanto director como musa (en verdad, la sueca es sumamente hermosa) proyectaron la inestabilidad amorosa y la aventura juvenil a partir de un verano vulgar y sumamente sensual: Dos jóvenes abandonan sus familias y trabajos para pasar unas semanas a solas en el archipiélago. Monika es real, el detonante de la pasión precoz y la manzana de la tentación para el hombre ¡Todo que perder! La ilusión ¡Todo que ganar! La perdurabilidad de aquel momento que comparte la audiencia con esta Lolita, a la cual el cineasta sabe hacer relucir como una de las perdiciones más inolvidables del cine (y que incluso serviría de gran influencia a la otra gran Lolita, la de Stanley Kubrick 9 años después).
1 – Gritos y Susurros (Ingmar Bergman, 1972)
Por EL FETT
La hegemonía de la feminidad ve su pináculo en esta multi galardonada obra maestra. Un color rojo oscuro que evoca la sangre y religión pinta las paredes, los techos y el piso de una mansión en la que 3 hermanas se reúnen debido a la próxima muerte de una de ellas (Harriet Andersson). Pronto los recuerdos comienzan a surgir y entre ellos los fantasmas: disfuncionalidad familiar, infidelidad, falta de espiritualidad y sobre todo muerte, esta última en uno de sus mayores referentes narrativos a cargo de una interpretación desgarradora, pero nuevamente tierna y entrañable por parte de Harriet en lo que tal vez haya sido su misión más compleja a cargo de Bergman; la de ejemplificar de tal naturalidad a la misma muerte, la obsesión del propio cineasta.
4 Comments
Mi predilecta de Bergman es y será siempre El Séptimo Sello; pero le tengo un cariño especial a Un Verano con Mónica pues me recuerda a una novia que tuve, no por otra cosa jaja sino porque también se llamaba Mónica; además de que guarda cierto parecido con Harriet, aunque yo siento que tiene una semejanza más próxima a Audrey Hepburn.
Que buenos recuerdos
Sí estaba bonita de muy joven, pero después ya no
Ah ok Agur