Las 5 Mejores Películas de Héctor Babenco
Nacido el 7 de febrero de 1946 en Mar de Plata, Héctor Babenco y su familia dejarían Argentina por el antisemitismo y el obligatorio servicio militar para instalarse en Brasil, nacionalidad que adoptaría tras su estancia en Europa durante los 60. Iniciaría en el documental, pero pronto se abriría paso al cine como una de las caras más importantes de la corriente cinematográfica del Cinema Novo con algunas de las obras más importantes del país carioca, en gran parte por la influencia que tendría Luis Buñuel y sus Olvidados en su filmografía.
Su experiencia como cronista urbano se trasladaría a su obra, caracterizada por un crudo realismo social que explora la vida de los marginados, la corrupción y la violencia callejera, dando como resultado una denuncia social convertida en un reflejo de la realidad en la que viven millones de personas alrededor del mundo. Además, la perfecta construcción de personajes prioriza la complejidad psicológica de sus acciones y su entorno, logrando una mayor empatía y comprensión hacia ellos y apoyarlos por más que el futuro no sea alentador. Puede que la etapa de Héctor Babenco en Hollywood fuera irregular, pero conservó su estilo directo y visceral, completado por una excelente dirección de actores.
Nominado a la Palma de Oro y el Oscar, perdería la vida por un paro cardiaco el 3 de julio de 2016, tras años de sufrir cáncer linfático. En su memoria, celebramos a Héctor Babenco con sus mejores películas.
Bonus – At Play in the Fields of the Lord (1991)
Por Uriel Salvador
El principal defecto de esta adaptación de la novela de Peter Mathiessen es su excesiva duración de 3 horas: se tarda en despegar y resulta un poco pesada en ritmo, lo que acaba cansando por lo poco que tiene que contar. A pesar de eso, Héctor Babenco sabe retratar el colonialismo y la imposición de Occidente en culturas que le son desconocidas, desapareciendo sus tradiciones sólo para destruir un modo de vida que no entienden. La fotografía y la puesta en escena elevan un poco la capacidad directiva de una obra que muestra la muerte de individuos que se niegan a perder su identidad. Como dato curioso, James Cameron copiaría su diseño de producción para Avatar.
5 – Ironweed (1987)
POR JOSE ROBERTO ORTEGA
La historia de amor trágico entre dos personajes olvidados por la sociedad, en el contexto de la Gran Depresión: una mujer con una enfermedad terminal y un alcohólico quien regresa a su ciudad para confrontar a sus demonios. La relación que entre ambos se construye los hace confrontarse con las realidades de sus adicciones y sus circunstancias, mientras enfrentan a la par el rechazo de la sociedad por su condición de indigentes. Héctor Babenco elige el camino de la tragedia para contar una historia de reconstrucción y purificación, en sentidos tanto personales como sociales. Las actuaciones de dos titanes como lo son Meryl Street y Jack Nicholson (en papeles que les merecieron nominaciones al Oscar) sustentan en gran medida una narrativa por demás sobria.
4 – Kiss of the Spider Woman (1985)
POR EL FETT
Impresionante inmersión dramática de Héctor Babenco en esta cruda fábula carcelaria que aunque tiene varias fallas de ritmo, de inclusión de su giro y consecuente previsibilidad, se sostiene precisamente en el papel y química que logra William Hurt con Raúl Julia, el cual se encuentra a la merced de las acciones, cuentos y fantasías del Hurt y su “Molina”, un homosexual encarcelado por seducir a un menor y que ahora funge como una “metafórica” araña en un secreto que le jugará tan a favor como en contra conforme el relato avance hacía su trágico pero predecible final. Oscar, BAFTA y mejor actor en Cannes para Hurt, y un olvido un poco injusto para el gran y trágico papel de Julia como la víctima de esta telaraña
3 – Lúcio Flávio, el Pasajero de la Agonía (1976)
Por Uriel Salvador
Estrenada en el apogeo de la dictadura militar brasileña, Héctor Babenco utiliza muy bien la descripción de un personaje de moral cuestionable para exponer la corrupción institucional con un realismo impecable. Toda la cinta está sostenida en la actuación de Reginaldo Farias, que junto a una fotografía desgastada que simula la apariencia de un documental, denotando las ambivalencias de un hombre que en un instante y sin saberlo, se hunde en un infierno clandestino que difumina la bravuconería ilegal y la brutalidad policiaca. Si les gustó El Agente Secreto, bien vale la pena adentrarse en esta obra, pues su influencia, estilo visual y tono narrativo viene de aquí.
2 – Pixote (1980)
Por Uriel Salvador
Antes de Zé Pequeño, existió Pixote. Filmada como si fuera un documental y muy reminiscente a Luis Buñuel, Héctor Babenco nunca dejan de transmitir una terrible sensación de naturalidad alrededor de la pobreza. Dividida en 2 partes, la primera mitad expone la impunidad de las instituciones dañadas por un sistema podrido y sus abusos mediante la policía federal, mientras que la segunda revela una realidad pesimista y cruda sobre la situación de desamparo en la que viven muchos jóvenes, condenados a vagar por un mundo del que no pueden salir. El desolador final es difícil de sobreponerse, en especial si se toma en cuenta que Fernando Ramos da Silva compartiría el mismo destino que su protagonista.
1 – Carandiru (2003)
Por Uriel Salvador
Más que uno de los mejores dramas carcelarios de la historia, esta joya es el testimonio de las víctimas de un trágico suceso que no debe repetirse jamás. Héctor Babenco se aleja de todos los estereotipos del subgénero y muestra una cárcel más humana e inhumana al mismo tiempo, lo que permite entender y empatizar con los prisioneros, sus motivos, causas y consecuencias. Culminando con un intenso clímax de 20 minutos, el realismo plasmado es aplastante por la ambientación sobrecogedora, efecto logrado por una excelente fotografía, un preciso ritmo y un sentido del humor bastante negro. Y con la demolición de la prisión titular, queda a perpetuidad su valor como documento histórico.