Las 5 Mejores Películas de Robert Bresson
Una de las máximas que el espectador cinéfilo debe tener en claro a estas alturas de la historia del séptimo arte es que la cámara de cine no es un simple instrumento para graficar y plasmar en pantalla las páginas de un guion como si de una “obra de teatro fotografiada” se tratara. Éste último término, robado arteramente de los textos del personaje que hoy nos atañe, viene subrayar a la perfección su impronta y sus teorías acerca de las enormes posibilidades sensoriales, sensitivas y hasta intelectuales que puede alcanzar una película: Robert Bresson.
Robert Bresson es uno de los cineastas más importantes de la historia del cine. Estamos ante el hombre que entendió como nadie, y tal vez hasta patentó, la sensibilidad reflejada en la pantalla como recurso máximo y recompensa a entregar al espectador que decide exponerse ante una obra cinematográfica que nade a contracorriente de la dogmática servidumbre hollywoodense. Sí, Bresson se “sienta en la mesa” de Bergman, puede ser tildado de ser el máximo profesor de Tarkovski, y ha dejado una huella indeleble en cineastas que han intentado imitarlo con mejores o peores resultados.
Sus mayores aportes estéticos provienen de la ausencia total de la plasticidad en sus obras y la búsqueda insaciable del naturalismo en el cine. Robert Bresson elude lo acartonado, evita el drama innecesario en sus actores, en las escenas emocionales no existe el fácil recurso de la música, pues, su confianza en la cámara como embudo emocional le garantizaba que ésta le revelaría al espectador esa “tercera capa” de sus protagonistas: el conocer su alma a través de algún close up; el entender sus sentimientos con silencios y gemidos, y el captar sus emociones filmando de forma hermosa situaciones “cotidianas” como el fluir de unas lágrimas inocentes o de un andar en bicicleta.

Al igual que los cineastas antes citados, Robert Bresson sabía que el verdadero poder de la expresión del ser podría residir en las derivaciones de un bello silencio o una tierna sonrisa; qué el alma de los personajes quedaría rebelada a través de la asociación de imágenes y emociones y no de muestras hiperbólicas de histrionismo. De ahí su uso de actores “no profesionales”, tan imitado por otros arribistas de lo “Bressoniano”, pues, como el mismo lo cita en su icónica declaración de principios llamada “Las Notas del Cinematógrafo”: nada más falso en una película que ese tono natural del teatro que remeda la vida y calca sentimientos estudiados.
Naturalista en su puesta en escena, poético e intelectual en sus temas, estamos ante el pintor con ínfulas de escritor que acabó como prisionero de guerra antes de decidirse, por fin, a ponerse detrás de una cámara de cine para (al igual que con sus personajes) rebelarle una nueva dimensión al espectador: el cine, el verdadero cine, se escribe con la cámara y no con un guión. Por eso es obligación de cinéfilo abonar para que la obra de Robert Bresson no se evapore en la memoria colectiva, si es que alguna vez ocupó algún sitio en ella, pues seamos honestos, este tipo de cine, el sensorial y poético, está prácticamente moribundo. No, no fue Carlos Reygadas el que inventó las películas con actores no profesionales ni la pretensión de rebelar a un ser a través de una cámara; no fueron Jarmusch ni Eimbcke los que hicieron del silencio parte medular del lenguaje cinematográfico ni fue Tarkovski el descubridor de la sensibilidad que se podría generar en el espectador a través de una cámara de cine. El maestro de todo ello, el patente, el que evolucionó el lenguaje cinematográfico agregándole una nueva dimensión se llama Robert Bresson, nació en Francia, y ha sido un deleite revisitar su obra para escribirle estas pequeñas notas de su cinematógrafo. Larga vida a su cine Monsieur Bresson.
Bonus – Pickpocket (1959)
POR ADOLFO URIARTE
Entretenido y conmovedor acercamiento a la vida de un carterista que carga con un halo trágico al estilo “Dostoievski”, pero que hurta en vez de asesinar, para encontrar el sentido a su solitaria existencia. Estamos ante el filme más afable y accesible de la primera etapa de Robert Bresson (la mejor), que para entonces ya había introducido lo sensorial en un quehacer, que hasta entonces, se asemejaba más al teatro que al arte repleto de posibilidades que realmente es. Las escenas de sincronías entre los ladronzuelos son absolutamente disfrutables, y le dan un toque ameno a esta pequeña joyita con tinte esperanzador.
Bonus – Lancelot Du Lac (1974)
POR ADOLFO URIARTE
Pese a que carece de los elementos formales que hicieron a Robert Bresson ser merecedor del mote “mejor cineasta de la historia” en su momento, esta es quizás la única película del frances que con el paso del tiempo ha construido un cierto culto a su alrededor. Adaptación libre, romántica y original de la popular leyenda artúrica que demuestra que el director también sabía renovar su lenguaje cinematográfico, volviéndolo más “hollywoodense” si cabe. Benéfico resultó el traslado del blanco y negro al cine de color para Bresson pues el director nos regaló exquisiteces visuales y esta película es la muestra de ello. Es la “menos Bresson” de su filmografía y la más abrazada por el público. Cosas del cine.
5 – Diario de un Cura Rural (1951)
POR ADOLFO URIARTE
¿Por qué es importante esta película? Simple…con ella el lenguaje cinematográfico comenzó a evolucionar. Primera película en donde Bresson plasma en pantalla todos los preceptos intelectuales y sensoriales sobre el cine, que rondaban en su cabeza desde sus días como pintor y prisionero de guerra, amplificando y poetizando además los alcances de corrientes como el neo-realismo. Con una hermosa textura en blanco y negro el cineasta nos acerca a la angustia de un devoto sacerdote, frágil de salud, y los avatares que le acarrean los habitantes del pueblo en el que se ubica primera parroquia. Con claras connotaciones a las recientes guerras en aquellos años, y el ascetismo que compone todo su cine, Bresson erige un bello tratado sobre la pérdida de la fe y la imperiosa necesidad de sometimiento de parte de la iglesia sobre el individuo. Trágica y trascendente a partes iguales. La cámara ya no solo “graficaba guiones”, también revelaba seres.
4 – Mouchette (1967)
POR ADOLFO URIARTE
No soy muy apegado al término “Coming of age” pero si hubiera alguna película que encierre por completo su significado esa sería la grandiosa “Mouchette”. Ya asentado como uno de los grandes, Robert Bresson nos narra una jornada en la difícil existencia de una adolescente con una complicada vida familiar, novicia además en el complicado mundo de las hormonas y el amor. Película hipnótica por momentos; las lagrimas de Mouchette mientras da leche a su pequeño hermano, podrían ser las más bellas que se hayan filmado jamás. La inocencia juvenil se encuentra con la amargura e insatisfacción eterna del adulto irredento. Si Bresson es considerado uno de los grandes, mucho tiene que ver esta película, la cual, el director se permite además, aderezar con una brutal escena final. Grandiosa.
3 – Au hasard Balthazar (1966)
La historia triste pero desafortunadamente muy real de un burro y su vida desde que nace hasta que muere, siendo testigo y víctima de la estupidez y crueldad humana que básicamente son directamente proporcionales. Todos los golpes recibidos sin ninguna justificación, jamás protestaba y servía a cada bárbaro dueño. Esa escena dolorosa en la que el animal recibió una bala porque un humano estaba contrabandeando cosas sobre él, gracias a su capacidad de carga, los encuentra la aduana y el único que recibe un disparo es nuestro héroe. Lo vemos en su agonía rodeado de ovejas y que nunca llegó a encontrar a un ser humano compasivo, ni siquiera en el momento de su muerte. Brutal Robert Bresson
2 – Procès de Jeanne d’Arc (1962)
POR EL FETT
Ganadora del Premio del Jurado, estamos ante uno de las cintas más peculiares y catedráticas en la historia del cine francés y quizá la mejor adaptación sobre Juana, que por cierto, solo dura 60 minutos (en realidad un mediometraje) para solo centrarse en la aprehensión, interrogatorios y proceso hacía de la joven guerrera y espiritual de 19 años. Detrás de cámaras se encuentra uno de los precursores y maestros del cine francés, que con este meridiano en su carrera denotó una maduración tan ceremoniosa como concisa e impactante. Como dato curioso, Bresson ganaría otros 4 premios en Cannes, dos distinciones especiales de la prensa y otro par como mejor director, de entre sus más de 30 premios que también incluyen 10 premios en Venecia y otros 4 en Berlín
1 – Un Condenado a Muerte Escapa (1956)
POR ADOLFO URIARTE
Aquí encuentra su punto culminante todo aquel elemento cinematográfico que se pueda considerar “Bressoniano”. La más icónica de sus obras, la que está protagonizada por no-actores, la que nos emociona sin necesidad de score; la obra que nos mantiene al borde del asiento aunque desde el titulo ya sepamos lo que va a pasar. ¿Y como lograr que el espectador se emocione aún cuando ya le has contando el final? Con gestos, con rostros, con personajes que le importen y conmuevan aún cuando no digan mucho; con las manos, los silencios y la paciencia del protagonista gestando unos de los escapes cinematográficos más celebres jamás filmados. La asociación de ideas, imágenes y emociones en la edición consolidan los preceptos de Bresson acerca de los alcances del cine, y de paso obligan al espectador a no despegar sus ojos de esta joya hasta el final. Una de las páginas más celebres de la historia del cine.