Póstumo: La depresión y la necesidad de contacto humano
En la secuencia inicial de Póstumo se nos presenta a Dolores, una mujer de poco más de treinta años que despierta completamente desnuda en un departamento al cual no recuerda cómo llegó. Está sola en el sitio. Desorientada, comienza a buscar su ropa o algo con qué cubrirse e intenta dar sentido a su entorno. La llegada del hombre que habita ese departamento conduce a una confrontación con la realidad, pues él se muestra igualmente sorprendido de verla. ¿Qué sucedió? ¿Cómo llegó allí? ¿Por qué está con él? ¿Quiénes son ellos? Sin embargo, pese a sus intentos, ella no puede salir del lugar. ¿Por qué? Este encuentro los llevará a (re)conocerse el uno al otro y, a través del desarrollo de la trama, iremos descubriendo a ambos personajes y sus circunstancias, su vínculo, hasta comprenderlos y racionalizar los motivos de su encuentro.

La directora y guionista Lucía Carreras (Tamara y la Catarina, La Jaula de Oro) entrega su cuarto largometraje en Póstumo, una historia que puede considerarse cine fantástico, aderezada con toques de surrealismo y, sobre todo, un drama intimista. Se trata de una mirada profunda a las entrañas de la depresión, donde el presente se mezcla con el pasado.
Entre los aciertos de su dirección sobresale la construcción de una atmósfera que, por momentos, puede resultar claustrofóbica y, en otros, inesperadamente acogedora. Esto se apoya en un buen manejo de cámara y, sobre todo, en un diseño sonoro complejo e imaginativo, donde sonidos y silencios juegan un papel fundamental. A través de un guion perspicaz en Póstumo se abordan temas como la depresión y la necesidad de contacto humano: la búsqueda de comprensión en un igual que vibre en la misma sintonía, que entienda por lo que se atraviesa; el deseo de reconectar con las raíces y encontrar un punto de expiación y catarsis. Por momentos, la película juega con la metaficción, dejando siempre abierta la interpretación al espectador desde su punto de vista personal, mientras toca diversas fibras y sorprende con un par de giros efectivos (se recomienda ampliamente evitar sinopsis para conservar su impacto).

En el apartado actoral, se trata de un reparto reducido —prácticamente un two-hander— en el que tanto Adrián Ladrón (La 4ª Compañía) como Diana Sedano (Yo necesito amor) mantienen un nivel sólido. Destaca especialmente el trabajo de Sedano, quien, con una actuación más matizada, dota de mayor profundidad a su personaje.
No todo resulta impecable: el ritmo de Póstumo no siempre es ágil, lo que podría alejar al espectador ocasional, además de un par de inconsistencias en el guion que, sin embargo, no logran desviar la atención de su eje principal. Estamos ante una de esas películas cuya propuesta va más allá del simple entretenimiento y genera conversación y reflexión, algo siempre digno de celebrarse.

Lamentablemente —como suele ocurrir con el cine mexicano que no cuenta con el respaldo de Cinépolis o Videocine—, serán pocas las salas en las que Póstumo esté disponible. Aun así, recomendamos hacer lo posible por buscar sus ventanas de exhibición para disfrutarla en pantalla grande y, de ser posible, acompañarla con una copa de buen vino tinto.