Sinners: El vampirismo del hombre blanco
Si bien la segregación racial es uno de los temas más actuales, quizás por contexto no todas las demografías entiendan por completo las raíces de un fenómeno social y cultural que ha marcado la historia de la humanidad. Es por esta razón que, en el año 2025, Ryan Coogler se ganó el reconocimiento no solo del público, sino de varios gremios de la crítica, al llevar este tema sin ninguna necesidad de caer en el victimismo, a través de la fantasía del western y los vampiros, utilizando una de las artes más universales: la música.

Sinners relata la historia de un joven guitarrista y sus primos, dos hermanos gemelos. El primero tiene el sueño de tocar blues, a pesar de las advertencias de su padre, quien le dice que este género puede atraer fuerzas ocultas que no puede manejar. Paralelamente, sus primos han decidido regresar de Chicago después de años de trabajar para la mafia, con el objetivo de abrir un club para la comunidad afroamericana. Desde este primer momento, y a través de cada personaje, se nos va estableciendo cómo muchos de ellos tienen o han cumplido sus sueños a través del “pecado”, principalmente porque, debido a la falta de oportunidades derivada de la segregación, han tenido que navegar entre los rumbos del bien y el mal para sobrevivir.
En este punto, Sinners cumple su cometido; marcado por un estilo western, Ryan va demostrando la riqueza de la cultura afroamericana, aprovechando el elemento místico para describir, a través de una estupenda secuencia (I Lied To You), la influencia musical que precedió y antecedió al blues. Cabe destacar que cada escena del bar es un logro y una oda técnica tanto a nivel de edición como de fotografía y sonido.

Una vez mostrada esta autenticidad, toca presentar al elemento del terror: el vampiro, representada en un hombre blanco irlandés, una representación e interpretación de varias líneas: Histórica, pues simboliza los retazos de la colonización inglesa y cómo estas raíces posteriormente segregaron a la cultura afroamericana; y narrativa, pues el villano se vende como el “salvador de las minorías”, al entender a los oprimidos y ofrecer, a través del vampirismo, una unidad como manera de redención, pero que en el fondo no es más que una fachada para apropiarse de los dones (la cultura) de Sammi (los afroamericanos). Esto representa una de las figuras más interesantes que se le ha dado al género del chupasangre, pues este ofrece una esperanza de encontrar la redención. Si uno lo piensa, prácticamente es la descripción de cómo ha funcionado Estados Unidos como nación: una apertura para que diversas culturas desemboquen en su territorio, con la trampa de que se robarán y mezclarán dichas culturas haciéndolas suyas.
En otro nivel, el vampirismo es la analogía de cómo los blancos se han apropiado de varios géneros musicales, desde el rock and roll hasta incluso los ritmos urbanos como el hip-hop o el rap. Como dice Eminem (irónicamente, un rapero blanco) en su canción Without Me: “I am the worst thing since Elvis Presley, To do black music so selfishly, And use it to get myself wealthy”.

El discurso tiene aún más salseo, pues la representación irlandesa del vampiro también encaja con aquellos discursos de blancos que falsamente se venden como los paladines de las minorías, pero que en el fondo buscan aprovecharse de ellas para consolidar su poder. Mucha gente podría argumentar que esto ya se ha visto en otras cintas recientes como Get Out o American Fiction, pero la enorme diferencia es que Coogler resalta el valor de la cultura afroamericana desde adentro y no desde el deseo externo de los blancos. Sinners hace esto desde la fantasía, lo cual es su valor agregado al volverla más libre y digerible para el espectador al añadirle los géneros del western, el terror y el musical.
Si bien Sinners cuenta con un sólido reparto, increíbles canciones y una buena fotografía y edición, su mayor problema —y por el cual no alcanza la perfección— radica en tres detalles: los personajes de los gemelos parecen más una extensión uno del otro, lo cual por momentos dificulta distinguirlos; un tono cómico que puede chocar en ciertos pasajes; y un final algo tarantinesco y excesivo, donde Coogler utiliza la ficción como justicia histórica al estilo Bastardos sin gloria, en un acto cargado de balas y sangre.

Calificación
Dirección: 3.2
Guion: 3.0
Actuaciones: 1.7
Extras: 0.5Calificación final: 8.4
Sinners no solo es un cine de autor potente en combinación con un blockbuster (como en el Hollywood de los 90), sino también es una representación cultural sólida gracias a la forma en que utiliza la fantasía para explicar la apropiación cultural, mostrando además la evolución que ha tenido el género del terror como vehículo para transmitir mensajes complejos mediante elementos figurativos que ayudan a hacerlos más claros.

Por último, no es posible ignorar la controversia que se ha suscitado en torno al Oscar por romper el récord de 16 nominaciones. Si bien una nominación al Oscar no hace ni más ni menos a una película, es claro que, más que un reflejo de la genialidad de Sinners, es una señal de la crisis creativa que atraviesa Hollywood en el terreno de los blockbusters y de sus propuestas locales. Salvo esta cinta, Hamnet, Marty Supreme y One Battle After Another, son pocas las cintas dentro de la industria americana o de habla inglesa que se salvan.
A esto se suma la caída evidente en calidad —incluso para los mismos gremios de la crítica y la Academia, que en años anteriores habían respaldado este tipo de proyectos con todo y defectos— de varios productos comerciales como Avatar, Wicked y todas las películas de superhéroes, las cuales, ante su bajo nivel y nula relevancia cultural, dejaron vacantes puestos en categoría, especialmente técnicas como Sonido, Efectos Visuales y Música, que Sinners vino a ocupar. Ojalá esto sea una lección para aquellos estudios enfocados solo en secuelas, superhéroes, reboots y remakes, precisamente esos vampiros blancos que buscan apropiarse de la riqueza de otras culturas para su propio beneficio. Haciendo referencia a la película habría que preguntarles: “¿Son del Klan?