Sobriedad me estás matando: El cinismo de llamarse humor negro
Raúl Campos había fungido como escritor y productor de ese infame programa LOL de Amazon Prime que capitanea Eugenio Derbez, y ahora nos trae su ópera prima como director, Sobriedad me estás matando,y aunque se agradece que se quiera separar de la bazofia acostumbrada de Derbez, sus buenas intenciones no le alcanzan para aterrizar como debería. Acá les contamos por qué.

Desde la primera escena, Sobriedad me estás matando se esfuerza tanto por convencernos de que es una comedia negra que termina delatando su inseguridad. No sólo intenta mucho serlo, se autoproclama como tal. Y cuando una película necesita explicarse antes de existir, casi siempre hay un problema de fondo.
Y no es que no tenga los recursos para hacerlo, pues buena idea, la hay. La historia nos cuenta acerca de un chavorruco whitexican que está en un loop vicioso desde sus veintipocos, ingresando y saliendo de centros de rehabilitación a causa de un evento traumático que tiene que ver con su vida amorosa y con el consumo de drogas.

Desafortunadamente los fallos de Sobriedad me estás matando, que son dos muy importantes, no le dejan llevar esa idea a buen puerto.
El primero: una escritura lánguida que no logra traducirse a una puesta en escena sólida y cautivadora, pues el personaje principal lejos de parecer un ente atrevido, sinvergüenza e irreverente, queda sólo como un inadaptado e inmaduro con el que nunca logras empatizar; esto también hace que todos sus arrebatos queden como meras estupideces y faltas de respeto. Y no, no estamos siendo demasiado susceptibles, pero realmente toca un tema bastante complejo como las adicciones a las drogas, y sus supuestas ‘bromas’ no están escritas en tono de comedia (mucho menos negra), si acaso funcionarían en un roast entre standuperos, pero el cine no es eso.

El segundo: un miscast total + pobre dirección de actores. Campos nunca logra que sus personajes tengan química entre ellos. Y esto obedece al fallo de casting, donde sólo Alfonso Borbolla parece aterrizado a la realidad, con todo y los clichés que la escritura le confirió. Y es que Octavio Hinojosa como el casi cuarentón inmaduro no hace más que ser insufrible tanto en sus motifs como en sus acciones. Y el problema no es que el personaje sea desagradable, sino que Sobriedad me estás matando nunca parece saber qué hacer con esa “desagradabilidad”. Amén de que el personaje se la pasa dando vueltas sobre lo mismo durante el 90% del metraje, sólo para terminar con una epifanía panfletaria de ‘di no a las drogas’ más digna de La Rosa de Guadalupe que de una ‘comedia negra’. La pobre Maya Zapata (que de promesa histriónica pasó a buchona operada sin expresión facial por tanto botox), batalla mucho para darle vida al objeto de deseo del protagonista, y es que incluso ni siquiera está claro que lo sea, vamos, ¡es que hasta hay un momento en el que es la villana! Ni siquiera vamos a hablar de Monica Dionne, que lleva años haciendo de ella misma cuando ni siquiera es carismática.
Es realmente una pena que Sobriedad me estás matando no logre ser más sólida, pues no sólo tiene una buena idea, sino que los sub temas que dan contexto se sienten correctos, hay mucha crítica a esta idea del ser ‘productivo’ actual, en el que ser exitoso significa tener un trabajo de 9 a 6, alimentando empresas a las que no les importas, tener una casa y una familia perfectas; también la relación madre-hijo pudo ser fantásticamente retorcida (en tono de comedia, claro), pero hasta sus diálogos se sienten acartonados.

No vamos a negar que hay momentos en que te ríes (fuerte), pero en la mayoría es porque son chistes de pastelazo que refuerzan clichés, especialmente hacia los personajes gays, pero fuera de eso, Sobriedad me estás matando falla estrepitosamente en ser una propuesta fresca ante nuestro desolado panorama nacional.
Ya no digamos que falla en ser una comedia negra, porque, bueno, the audacity… Sobriedad me estás matando fracasa porque confunde irreverencia con cinismo, provocación con incomodidad improductiva y comedia negra con una decepcionante falta de solidez narrativa.