Song Sung Blue: Redención de mucho melodrama y buena música

Song Sung Blue es una película biográfica que nada tiene que ver con la historia personal de Neil Diamond, sino que toma como foco la historia real de dos músicos amateurs de poca fortuna, quienes forman una banda tributo a Neil Diamond, para en el camino demostrar que nunca es demasiado tarde para encontrar el amor y cumplir tus sueños… aún cuando la vida se empeñe en poner obstáculos.

Si bien Song Sung Blue se presenta como una historia marcadamente dramática, también estamos ante una película profundamente reconfortante. Su mayor virtud reside en el mensaje sobre el poder del arte —y en particular de la música— como herramienta de sanación ante la frustración y el dolor, teniendo como mejor aliado a una innegable química entre sus protagonistas.

La cinta funciona como una historia de amor y redención sólidamente actuada, capaz de llevar al espectador por una auténtica montaña rusa emocional, donde la música se convierte en la guía narrativa y emocional. El romance que surge en la madurez no sólo resulta creíble, sino perfectamente plausible, aportando una calidez que sostiene el relato incluso en sus momentos más oscuros.

Apoyada en el uso de las canciones de Neil Diamond, la elección de temas es sobresaliente. No se limita a recurrir a los himnos más reconocibles como “Sweet Caroline” o la canción que da título a la película, sino que integra de manera precisa temas como “Soolaimon” y “Cracklin’ Rosie”, cuya presencia potencia momentos clave de la trama. Además, se agradece el rescate de canciones menos recordadas como “Play Me”, que encuentran aquí un nuevo significado dramático.

Kate Hudson ofrece una actuación magnífica (avalada ya por una nominación al Globo de Oro), demostrando no sólo solvencia vocal, sino un histrionismo que pocas veces ha tenido oportunidad de desplegar con tanta libertad y profundidad. Por su parte, Hugh Jackman acierta al evitar la caricatura o la imitación directa, optando por convertirse en un intérprete de Neil Diamond más que en un simple reflejo del artista, lo que aporta autenticidad al personaje, aunque por momentos resulta demasiado abrumadora y cansona. Puntos extra a los imitadores de James Brown (Mustafa Shakir) y de Buddy Holly (Michael Imperioli).

No obstante, el tono melodramático de Song Sung Blue termina por imponerse de manera excesiva, afectando parcialmente la dinámica que se había construido con cuidado en la primera mitad. Si bien es comprensible —e incluso inevitable— cierta carga emocional tratándose de una historia basada en hechos reales, el director Craig Brewer permite que el énfasis en los momentos lacrimógenos se le vaya de las manos. Hacia la segunda mitad, la narración comienza a divagar y se vuelve algo derivativa, perdiendo parte de la sutileza inicial.

Aun con estos tropiezos, los errores no son suficientes para eclipsar la calidez y emotividad de Song Sung Blue. Su corazón está en el lugar correcto, y su fe en la música como vehículo de conexión humana logra imponerse, dejando una experiencia que, aunque imperfecta, resulta sincera y profundamente conmovedora.

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Acerca del autor

Jose Roberto Ortega    

El cine es mi adicción y las películas clásicas mi droga dura. Firme creyente de que (citando a Nadine Labaki) el cine no sólo debe hacer a la gente soñar, sino cambiar las cosas y hacer a la gente pensar mientras sueña.


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