Sorry Baby: Atravesar un trauma.
Construir una película cuyo eje central es un suceso traumático no es para nada sencillo. Por el contrario, partir de dicho tema podría darle a su tratamiento cierto aire tele novelesco, con la peligrosa facilidad de caer en lugares comunes, aquellos en los que abundan los llantos, la ira, los reclamos o la venganza, y que han inundado a la industria cinematográfica desde tiempos inmemoriales. Si se intenta abordar de forma distinta, el hilado tiene que ser muy fino y reflexionado, conscientes de cómo llegará el mensaje a las personas a las que les resuenen tramas como éstas. Eva Victor se atreve precisamente a ello en su ópera prima, que lleva por nombre “Sorry Baby”

Sorry Baby debuta en la cartelera de nuestro país. Tiene como protagonista a Agnes (interpretada por Victor), una profesora de literatura que experimentó un desagradable acontecimiento en sus épocas de estudiante, y cuyo eco sigue teniendo repercusiones en distintas etapas de su vida. Bajo el cobijo de su mejor amiga (Naomi Ackie) y de un vecino que se convierte en interés romántico (Lucas Hedges), Agnes intentará normalizar su cotidianeidad a pesar de lo vivido.
Una de las características más importantes de Sorry Baby es que está contada de manera no lineal, por lo que acompañamos a Agnes en varios momentos en los que su día a día se ve más o menos ensombrecido por “lo ocurrido”, y llegamos a conocer cómo era su personalidad y perspectiva previas al fatídico evento. Esto es un acierto máximo en el guion (también realizado por Victor), ya que nos lleva por los altibajos, que son en sí mismos el meollo de la cinta: No hay una fórmula mágica para superar los daños ni sus secuelas, es más bien un oleaje de inquietudes que se sortea a ciegas, con la fe de que eventualmente saldremos de lo profundo y tormentoso.

Y es justamente la edificación de su narrativa lo que hace a Sorry Baby tan valiosa y destacable, ya que utiliza silencios clave para que sean los gestos y las acciones de Agnes los que nos expliquen el peso de lo que carga, y en qué instantes se vuelve ligero, o menos oscuro. Posee pinceladas de humor que están adecuadamente colocadas, sin necesidad de introducirlas con calzador o por que estén buscando un alivio en el espectador: Se encuentran ahí porque así es la sensibilidad humana, que descubre que la risa y los absurdos seguirán atravesándose en nuestros caminos, inclusive cuando estamos más absortos en las nubes negras.
Sin embargo, es necesario mencionar que no sólo las líneas son cualidad en Sorry Baby, lo son además la música y la cinematografía. Filmada en Ipswich, Massachusetts, nos presenta escenarios rurales en los que abundan verdes follajes y cielos despejados, con los que la fotógrafa Mia Cioffi Henry hace magia para envolvernos en tonos tierra y clima frío, haciéndonos parte de este bello espacio en Nueva Inglaterra. No es menor tampoco lo orquestado por Lia Ouyang Rusli, que elabora música mística que no teme en adentrarse hasta los terrenos del terror, para hacer homenaje a la propia complejidad del viaje emocional.

Estrenada en el Festival Internacional de Cine de Sundance este año, Sorry Baby es una visión honesta de lo que pasa cuando se anhela seguir adelante, pero nos vence la imposibilidad de olvidar. A veces, incluso, nos hace sentir culpables. Eva Victor nos regala un filme que se siente como un abrazo, y nos recuerda que el mundo siempre será un lugar terrible e imposible de comprender, pero que hallaremos en los seres queridos y nuestra fuerza interior la entereza para sobrevivirlo.