The Bride: Cuando el novio es lo mejor

Existe un innegable restregamiento narrativo en la nueva obra de Maggie Gylllenhaal, que como si fuera una madre que nos obligara a comer algo que no nos gusta, nos lleva con The Bride a un incesante y cansado discurso apoyado de una progresión de sucesos que, más que servir al desarrollo de sus personajes, solo logra el hartazgo y una incomodidad visual resultante también de su dispar cohesión de géneros y lo poco creíble de su entorno.

Remake del clásico de culto de 1935 “The Bride” irónicamente y gracias a su panfletario objetivo, resulta ser menos “feminista” que la original de James Whale.

The Bride ve sus primeros problemas apenas comienza su relato. La inclusión del elemento surreal auspiciado por la “aparición” de Mary Shelley como la voz de la conciencia de la protagonista, precede a una historia de posesiones de espíritus de mujeres asesinadas que nunca conllevan ninguna explicación o lógica interna, y que incluso en su tono surrealista, se contradice con la amnesia que sufrirá la trágica anti-heroína. Maggie entonces decidirá relatar una historia de fantasmas sobre una de monstruos ¿o será al revés? Sin embargo, la coexistencia de estos dos recursos del terror se verá incluso interrumpidos de manera constante por un desfile de géneros y tonos, que saltan del suspenso a la comedia, y del noir al musical y al cine criminal.

La dirección por lo tanto, no solo es más terrorífica que la propia cinta, sino que propicia de forma propositiva no solo subtramas predecibles y que dan vueltas en un libreto que se auto recicla, sino que también lanza una estela de referencias que la hacen parecer más una copia que un homenaje debido a su incapacidad por contar algo nuevo o innovador, objetivo que de manera clara y forzada grita en cada plano (de ahí a que más que parecer un remake de Bride of Frankenstein, parezca más uno de Bonnie y Clyde).

Pero ¿Qué entonces funciona en The Bride? Sobre la científica loca, la detective, la asistente de la científica, los machos opresores criminales corta lenguas y asesinos de mujeres, los policías manipuladores, corruptos y violadores, el ambiente de la prostitución y por supuesto, la novia, aquí quien brilla es el novio, o mejor dicho, el romance y química desplegado y propiciado por los innegables talentos de la próxima ganadora del Oscar, Jessie Buckley, y un monstruoso Christian Bale que, como de costumbre, termina robando escena.

Algo curioso pues, y es que mientras The Bride of Frankenstein en aquel 1935 deja claro en su mensaje que, a pesar de ser resucitada, la mujer monstruo no aceptará “el encargo” como novia debido al deseo del monstruo masculino, aquí Maggie Gyllenhaal decide llevar la contraria incluso frente a su frenesí de mensajes feministas, pues The Bride aceptará por sobre las mentiras de su monstruo, consolidar un amor auténtico y codependiente. A pesar de la contradicción de su tono y mensaje, resulta que, dentro de la narrativa, la directora encuentra sus mejores valores en el romance, dejando que sus protagonistas se atraganten en vomito, carne cocida, muertes y un cierto toque de erotismo bien llevado y que resultan lo menos incomodo de una cinta que en todos los demás ámbitos carece de autenticidad y coherencia.

En el demás reparto es donde también The Bride tiene otro de sus principales problemas. Las caricaturizaciones de Annette Bening y Penelope Cruz (esta última además sumamente acartonada), más cómicas que dramáticas, así como la subtrama criminal que supone sumar complejidad al tema de los feminicidios (cuando no agrega ni un carajo de valor), y finalmente el uso del esposo y del hermano de la directora (Peter Sarsgard y Jake Gyllenhaal), son figuras meramente desperdiciadas y que de nuevo se ven demasiado ensombrecidos por la química protagonista. No es tanta la culpa del innegable talento que poseen, sino de un guion y dirección donde se sienten más como invitados familiares que como personajes verdaderamente útiles, y en donde sus destinos se ven “beneficiados” por horrorosos deus ex machina y salidas de guion de lo más convenientes para la romántica pareja

Aunque no del todo desdeñable, esta gran variante de personajes de manera colateral regala a The Bride de algunos momentos técnicos – estéticos sobresalientes, desde su visionario noir, materializado por los bajos fondos, los recovecos y las sombras, hasta cierto número musical que funciona más a manera de sketch y para lucimiento de Buckley – Bale, aunque todo se sienta narrativamente fuera de lugar.

The Bride es monstruo compuesto y cocido por más partes malas que buenas, un revoltijo de carne, tonos, estilo y géneros en donde se ven las costuras del forzamiento feminista que quiere emprender su aún novata científica – directora. La reanimación mal encausada de este clásico ve sus mejores momentos en ciertos pedazos de carne que maman (o copian) clásicos del cine criminal, del noir y del terror, pero que, si nos vemos obligados a clasificar a esta criatura como algo, eso sería como un monstruo romántico, auspiciado por la soledad, la traición, la mentira, la toxicidad y la codependencia, y eso no es muy feminista que digamos ¿verdad?

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Acerca del autor

El Fett   @El_Fett   cinescopia.com

El más realista y cabrón crítico de cine que pueda existir. Ente sin misericordia que tiene el halago de transmitir a los mortales su sentir y sabiduría en el mejor recinto sobre el séptimo arte. Cinéfilo de corazón y crítico crudo por vocación. Alter ego del Licenciado en mercadotecnia y RRPP Oscar M Rodríguez (FB) Sigueme en twitter @El_Fett


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