The History of Sound: Vibrando en frecuencias de amor sutil.

The History of Sound, de Oliver Hermanus, se presenta como una oda a la música “americana”, al folclore, a la belleza agreste de lo rural y a la urgencia por preservar una memoria cultural que, como los cantos que registra, corre el riesgo de desaparecer. La película no solo observa el pasado: lo escucha, lo registra y lo transforma en materia emocional.

El guion se articula en cuatro etapas. Tras una breve introducción del origen de Lionel, The History of Sound se detiene en su encuentro con David en el Conservatorio de Música de Boston, donde ambos estudian y establecen un vínculo fundado en una sensibilidad compartida hacia el sonido y la tradición musical. La irrupción de la Gran Guerra los separa, pero el destino los reúne cuando emprenden una expedición por regiones profundas de Estados Unidos para recopilar canciones, historias y voces de comunidades olvidadas. Ese viaje, más etnográfico que turístico, funciona también como el espacio donde se reaviva una pasión que nunca terminó de extinguirse.

Luego, llega una segunda ruptura: Lionel parte a Europa mientras David se sumerge en un silencio que lo vuelve inalcanzable. Años después, el protagonista lo buscará, ya no con la urgencia del deseo, sino con la necesidad de cerrar una herida abierta. Un epílogo, situado décadas más tarde, permite dimensionar hasta qué punto esa relación marcó su vida personal y su legado profesional.

Hermanus propone una historia de amor que se construye desde la evocación y la añoranza, pero sin caer en el sentimentalismo ni en la nostalgia paralizante. No se trata de arrepentirse de lo que fue, sino de aceptar lo vivido como una resonancia que continúa vibrando incluso cuando el sonido se ha extinguido. Como una de las canciones citadas en la película sugiere, amar también implica saber cuándo dejar ir. Así, The History of Sound avanza con una delicadeza casi imperceptible, pero persistente, capaz de tocar al espectador como una melodía que se filtra lentamente en la memoria.

Aunque se trate de un romance entre dos hombres, The History of Sound trasciende cualquier etiqueta de cine LGBT. La relación entre Lionel y David es presentada con una naturalidad y una honestidad que la colocan, ante todo, en el terreno de lo humano: dos personas que se encuentran, se pierden y se buscan a lo largo del tiempo.

En lo interpretativo, Josh O’Connor dota a Lionel de una presencia firme, sosteniendo con solvencia el peso emocional del relato. Paul Mescal, por su parte, confirma su afinidad con personajes de introspección silenciosa: su rostro y su economía gestual transmiten una ternura casi dolorosa, potenciada por la dirección de Hermanus, que extrae de él algunos de los momentos más íntimos. La dirección de arte acompaña con un notable trabajo de ambientación y detalle, construyendo un universo visual de gran calidad estética.

Sin embargo, esa misma apuesta por la contemplación termina volviendo a The History of Sound problemática. El ritmo narrativo es excesivamente pausado y la reiteración de una paleta dominada por sepias y tonos fríos imprime una monotonía visual que, lejos de potenciar la melancolía, termina aplanándola. Incluso en las escenas de mayor carga emocional, la película parece incapaz de romper esa capa de distancia.

Es precisamente ahí donde se concentran las posibles divisiones con el público: en su insistencia por prolongar escenas y privilegiar la sutileza por encima de la intensidad. A veces esa elección funciona con una elegancia admirable; otras, priva a The History of Sound del impacto que su historia —profundamente emotiva y humana— podría haber alcanzado con un pulso narrativo menos contenido.

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Acerca del autor

Jose Roberto Ortega    

El cine es mi adicción y las películas clásicas mi droga dura. Firme creyente de que (citando a Nadine Labaki) el cine no sólo debe hacer a la gente soñar, sino cambiar las cosas y hacer a la gente pensar mientras sueña.


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