The Roses: Más mala y tóxica que tu relación

En 1989, Danny DeVito llevaría a cabo una de las más grandes comedias negras de aquella década; The War of The Roses, tan infravalorada como adelantada a su tiempo, fue la adaptación de la nóvela homónima de 1981 que planteaba el literal “infierno” del matrimonio mediante el estancamiento de una “exitosa” pareja y su protocolario estatus como “hombre trabajador” y “ama de casa”, y en donde esta última al ver sus objetivos de vida frustrados, comenzaría una petición de divorcio que, en lugar de ser un proceso normalizado, desataría una guerra macabra, física y emocional entre ellos que sirve al director para armar una metáfora “rompe tabúes” sobre la monotonía y el hastío que puede ocurrir en cualquier relación

En definitiva, The War of The Roses se convirtió en el relato por excelencia del divorcio, del desenamoramiento e incluso en un segundo plano, un manifiesto de liberación femenina, por lo que un remake en estos tiempos no sonaba nada mal, dada la evolución de las tendencias sociales, el cambio de roles y hasta el uso de la tecnología como nuevas armas de tortura. Sin duda una inmejorable oportunidad que desgraciadamente se va al carajo principalmente por la ineptitud de un guion que decide convertir el mensaje principal en otro simplón y condescendiente cuento de reconciliación y romance.

Hay demasiados elementos que no funcionan en la ahora llamada The Roses. Primeramente, su humor bajado de tono, dejando en claro que lo de 1989 fue trasgresor y quizá muy adelantado, y en este 2025 demasiado estancado en un estilo juvenil y adepto a los sketches de SNL (no es coincidencia las presencias de Samberg y McKinnon). Esta variación de comedia crea un desequilibrio entre sus personajes adultos y lo que supondría ser una exploración más profunda sobre los conflictos matrimoniales, dejando en su lugar situaciones bobaliconas y pendejas que se resuelven de manera circunstancial y a través de montajes humorísticos que se desdibujan ante la crudeza y el tono ácido de su versión anterior

El otro gran problema de The Roses recae en la poca exploración sobre el proceso del divorcio, desde los aspectos legales, psicológicos y emocionales, y que a diferencia de la versión anterior aquí se dejan de lado para introducir de manera irónica un bonche de demás personajes que tampoco cuentan con una estructura o trasfondo adecuado en lo que también se convierte en una crítica muy presuntuosa y fuera de lugar sobre la diferencia de los británicos con los estadounidenses sus formas de vida, humor y manera de actuar ante situaciones extremas. Se suma a esto más que varios innecesarios e incomodos momentos auspiciados principalmente por el personaje McKinnon, centrados en la exploración del poliamor, la infidelidad y la crisis de los 40 que, más que aportar al tema de la monotonía, se repiten como cualquier chiste cansón. Algo desafortunado, tomando en cuenta que en la revitalización de este cuento hubiera funcionado un mayor énfasis en los temas de la libertad sexual.

Por último y no menos importante, The Roses cuenta con un horrendo final y clímax, tan predecible como insoportable en esta combinación de humor de pastelazo y dos adultos actuando como teenagers de SNL, y en donde el director Jay Roach y el guionista Tony McNamara deciden cambiar de manera definitiva el tono trágico del relato por uno melcocho y romántico, ahora centrado en la reconciliación

En lo poco bueno de The Roses se puede destacar la química entre Benedict Cumberbatch y Olivia Colman, que se apegan a este cambio de humor para desplegar una comedia con escasos o nulos momentos dramáticos y así surtir dos actuaciones más bobaliconas y que ciertamente surten dos o tres secuencias y progresiones muy divertidas. Aunque Colman ya comienza a cansar con sus repetidos gestos y esa sonrisa demasiado constante que deja ver una perfecta dentadura superior, sin duda el mejor jugador de la cinta termina siendo su compañero, que suma a su currículo una mejorada nueva faceta como funcional comediante.

El tema del éxito personal y profesional, la envidia, el desaprovechamiento y la partida de los hijos son los elementos rectores y principales en el desarrollo del desgastamiento relacional y emocional, y aunque entendibles e incluso educativos, no logran nunca ese sentido crudo y terapéutico que de manera obvia y forzada se quiere alcanzar, siendo el exceso de humor estúpido su principal bache.

Hay películas para enamorarse y/o volver a creer en las relaciones, pero The Roses NO debería ser una de ellas. En la mayoría de los casos, los remakes actuales son innecesarios e inútiles, queriendo mejorar cosas que no deben o pueden ser mejoradas, pero particularmente con esta cinta se pierde una gran oportunidad de demostrar lo contrario. Con un infame aprovechamiento del contexto socio relacional actual y una narrativa que cae en el humor meramente televisivo y de sketch, podemos ponerla en el bote de la basura del 2025, un recipiente que esta al borde del colapso en un año repleto de decepciones.

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Acerca del autor

El Fett   @El_Fett   cinescopia.com

El más realista y cabrón crítico de cine que pueda existir. Ente sin misericordia que tiene el halago de transmitir a los mortales su sentir y sabiduría en el mejor recinto sobre el séptimo arte. Cinéfilo de corazón y crítico crudo por vocación. Alter ego del Licenciado en mercadotecnia y RRPP Oscar M Rodríguez (FB) Sigueme en twitter @El_Fett


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