The Testament of Ann Lee ¿La consagración de Fastvold y Corbet?
Cada cierre de temporada de premios suele traer a cartelera muchas de las carnadas que fallaron en su intento por alcanzar siquiera una nominación al Oscar. La gran mayoría de las veces uno acaba consumiendo basura que hace totalmente entendible por qué se quedó corta en la carrera, pero también de vez en cuando salen obras que uno no termina por entender su ausencia en las ternas (al menos hasta que investiga más a detalle). “The Life of Chuck” es la gran perdedora de esta temporada de premios, pero si la omitimos por técnicamente pertenecer al año anterior, entonces el título le pertenece a “The Testament of Ann Lee”.

A pesar de las apariencias de ser otra biopic más (esta vez centrada en la misionera y falsa profeta Ann Lee, fundadora de la secta conocida como Shakers), The Testament of Ann Lee en realidad no está muy interesada en contar su vida, sino enfocarse en el nacimiento de una comunidad, y a partir de la intensidad de sus rituales, saber cómo surge un dogma. No obstante, la directora Mona Fastvold consigue reivindicar a la figura de esta misionera, de modo que la historia funciona como una oda a la fe, el poder de convencimiento y la determinación de una mujer que desafía las normas de su época, capaz de venderle a la gente su idea religiosa y ser acusada de bruja por sus creencias y su nulo apoyo al movimiento de independencia de Estados Unidos.
A esto hay que agregar una característica común de Fastvold y Brady Corbet (quien se encarga del guion), tras la exposición lograda por “The Brutalist”: un preciso diseño de producción que recrea la época histórica a detalle. Tanto el maquillaje como el vestuario son muy impecables, sin miedo a la ambición y arriesgándose en hacer que el escenario sea parte fundamental de la narrativa. La división de capítulos disecciona la historia en etapas, lo que permite que haya instantes en la que la bella fotografía de William Rexer tome el mando y se explaya en el apartado visual. Es a partir de aquí que la directora logre incluso un par de memorables números musicales con los rituales convulsivos de la secta y un manejo de la iluminación que le da un toque más contemporáneo que la vuelve más llamativa.

Sin embargo, el estilismo se convierte tanto en una bendición como en una maldición para The Testament of Ann Lee. Después del excelente acto introductorio, por desgracia no consigue mantener el mismo nivel por varias subtramas que desdibujan poco a poco su propósito inicial, causando que el ritmo se vuelva lento conforme avanza y desembocando en una segunda mitad muy pesada. Además, la fotografía está algo sobrecargada de elementos, no compensan el estilo contemplativo propuesto y la hacen ver como otro ejercicio de estilo sobre sustancia. La película a veces parece más interesada en recrear la atmósfera espiritual que en profundizar en el conflicto, pues muchas escenas que deberían tener más peso emocional (la muerte de sus 4 hijos neonatos [evento que la haría tomar su postura religiosa], el engaño y abandono de su esposo, la penúltima escena con la iglesia en llamas) quedan cortas y no son tan conmovedoras como deberían.
Aun así, el compromiso histórico es reforzado por la presencia de Amanda Seyfried. Tras una filmografía de 46 títulos en pantalla grande (de los cuáles el 90% son desechables u olvidables), hay que ser justos y decir que aquí obtiene la mejor actuación de su carrera. Sus característicos ojos, sus expresiones faciales, los espasmos naturales y la compenetración con el rol, combinada con su talento natural para el canto, hace creíble su postura autoproclamada como la versión femenina de Cristo (mínimo merecía una nominación). El resto del reparto funciona más como un complemento, destacando a Lewis Pullman como William Lee, hermano de Ann y siempre fiel a su lado. Esta dinámica hace que uno perdone la redundante narración en off de Thomasin McKenzie (que interpreta a una buena amiga de la falsa profeta, pero sale de escena muy pronto).

¿Sería mejor si Brady Corbet la hubiera dirigido en lugar de solo escribirla y producirla? Sí, pero no hay que ser duros con su esposa, pues lo hecho por ella no está mal. Y es que, aunque tiene algunos momentos irregulares y está muy por debajo de su marido, Mona Fastvold tiene esperanzas a mejorar. The Testament of Ann Lee marcará la consagración de esta dupla matrimonial cineasta… o 2 one-hit-wonders. Por el bien del cine, esperemos que lo primero.