Obsession: La pata de mono para centenialls
El tropo de “ten cuidado con lo que deseas, porque podría cumplirse” ha sido utilizado en innumerables ocasiones a lo largo de la historia de la ficción. Puede presentarse como un relato de terror, como sucede en el clásico La pata de mono, de W. W. Jacobs (probablemente uno de los principales referentes de este tipo de historias), o en Pet Sematary, de Stephen King. También puede funcionar como un recurso cómico, como ocurre en la famosa caricatura Los Padrinos Mágicos. En 2026, Obsession reinterpreta este tema desde la perspectiva de la Generación Z, vinculándolo con las relaciones amorosas y la obsesión romántica.

Obsession comienza como cualquier drama adolescente. Bear está enamorado de su mejor amiga, Nikki, pero tiene miedo de confesarle lo que siente. Un día compra un sauce de los deseos y, sin conocer realmente su poder, pide que Nikki lo ame más que a cualquier otra cosa en el mundo. El problema está en las consecuencias de ese deseo. Sobre el papel parece una historia sencilla; sin embargo, su principal atractivo se encuentra en la fusión entre el espíritu clásico de los relatos sobre deseos y los tópicos propios del cine adolescente.
Existe una frase que dice que el problema de desear algo no es que no se cumpla, sino que finalmente se haga realidad. Esta idea es una constante en este tipo de relatos: el destino castiga a los protagonistas por utilizar la magia para obtener aquello que no les correspondía. Muchos de estos personajes formulan sus peticiones desde el narcisismo, sin pensar en las consecuencias para los demás.

Es en este punto donde la historia conecta con el tema de la obsesión romántica: ¿Bear realmente amaba a Nikki? A partir de esto, los arquetipos juveniles comienzan a adquirir nuevas capas, principalmente el personaje de Bear. Al inicio, desde una perspectiva superficial, es presentado como el “chico bueno”, sin embargo, mientras Nikki desciende progresivamente hacia la locura como consecuencia del deseo, la narrativa va arrancándole esa máscara. Bear termina revelándose como un personaje pusilánime, incapaz de tomar decisiones o asumir la responsabilidad de sus actos, incapaz de buscar una verdadera solución pues su propia obsesión lo mantiene encadenado.
En el fondo, aunque la situación llegue a extremos aterradores, a Bear le agrada que Nikki esté obsesionada con él. Este elemento permite que exponer una realidad cruel de algunas relaciones: la dominación puede confundirse con interés o afecto y terminar convirtiéndose en la base de la relación. Ya no se trata de amor, sino de la necesidad de ejercer control. Estas peticiones suelen ser una combinación de egoísmo, falta de identidad y problemas de comunicación. En ese sentido, el género fantástico traslada algunos de nuestros principales conflictos a escenarios sobrenaturales. Obsession además de representar las emociones humanas de una forma abrasiva y aterradora, funcionan como una especie de fábula o moraleja.

En cuanto a la dirección de Obsesion, el trabajo es excelente, aunque no perfecta. Destaca especialmente el juego de luces, sombras y oscuridad utilizado para representar el estado emocional de la protagonista. Existen pinceladas visuales que demuestran que el director posee una noción clara del lenguaje cinematográfico.
Otro de los pilares de Obsession es la actuación de Inde Navarrete, especialmente porque interpreta dos versiones completamente diferentes de un mismo personaje: la Nikki normal y la “Freaky Nikki”. Cambiar de una personalidad a otra no es sencillo y, sin embargo, ella consigue que ambas versiones resulten fácilmente distinguibles. A través de sus gestos, su lenguaje corporal y su expresividad, le otorga un carácter extrovertido, impredecible y perturbador

Calificación
- Dirección: 2.9
- Guion: 3.3
- Actuación: 1.8
- Valor agregado: 0.5
Calificación final: 8.5/10
Obsession es uno de esos casos en los que un concepto clásico funciona al ser trasladado a los tiempos modernos y reinterpretado desde una perspectiva distinta.

El propio creador de Obsession ha reconocido que se inspiró en un episodio de Los Simpson: La casita del horror II. La cultura no siempre se transmite intacta de una generación a otra. En ocasiones se requiere una adaptación o una ligera modificación para que determinadas narrativas permanezcan vigentes sin perder su esencia original. Ese es su principal mérito: traducir las consecuencias de los deseos egoístas y de la falta de claridad emocional para las generaciones Z y Y. A muchos puristas quizá no les guste esta reinterpretación e incluso podrían considerar que destruye o banaliza el núcleo del relato clásico, sin embargo, existe una realidad todavía más incómoda: la trascendencia cultural de una historia puede perderse de una generación a otra. Es ahí donde los alquimistas narrativos pueden recurrir a la adaptación para preservar ese legado cultural. A veces, el valor de una obra no se encuentra en su innovación o complejidad, sino en su capacidad para comunicar una idea más allá del nicho habitual y llegar hasta quienes todavía no conocen la historia que la inspiró.
PD: Ahora entiendo porque El Genio de Aladdin (Disney) prohibía conceder que una persona se enamorara de otra