Aladdin se quedó varado en el desierto

Sigo convencida de que mi teoría sobre esta nueva etapa de Disney -que les compartí cuando salió Dumbo– se mantiene: innovación y riesgos en clásicos con más de 40 años de antigüedad, y copias cuadro por cuadro para los clásicos más recientes. Aladdin, la nueva entrega de esta serie infernal de remakes y secuelas, se encuentra en un punto medio: la historia es la misma, pero tiene los suficientes cambios de personaje y contexto para que sea atractiva a las audiencias contemporáneas, infantiles y jóvenes. Dirigida por Guy Ritchie y protagonizada por Will Smith, Mena Massoud, Naomi Scott y Marwan Kenzari, este musical de aventuras cumple con entretener pero no ofrece nada extraordinario.

Basada por completo en el filme de 1992, el cual está basado en un cuento popular incluido en el libro ‘Las Mil y Una Noches’, el filme nos presenta a Aladdin (Massoud), un huérfano callejero de buen corazón que se ve envuelto en una aventura espectacular después de que consigue una lámpara mágica. Los ligeros cambios en el guion, realizado por Ritchie y John August, modernizan la historia: además de tener una confidente y amiga, la princesa Jasmine (Scott) tiene sueños propios concretos, mientras que el villano Jafar (Kenzari), hambriento de poder, tiene un interesante pasado que lo acerca al héroe titular. Para bien o para mal, Will Smith roba la atención y domina todas las escenas en las que aparece: su carisma, humor e interpretaciones musicales recuerda a los inicios de su carrera, y quizás sea su nuevo inicio después de una larga pausa dramática. Por otro lado, la gran sorpresa en el reparto es la comediante iraní Nasim Pedrad, quien roba carcajadas con su personaje.

Toda esta caracterización, los escenarios, el bellísimo vestuario y cálida cinematografía se viene abajo con la confusa dirección de Ritchie: reconocido por su ágil estilo y geniales secuencias de acción combinadas con humor -el cual llegó a explotar maravillosamente en The Man From U.N.C.L.E.-, el director inglés no sabe dirigir ni coordinar escenas musicales, y se nota. Le falta energía y movimiento a cada número musical, tanto de las canciones conocidas como de las nuevas, lo cual contrasta grandemente con las escenas de acción. Por otro lado, las mejores películas del director inglés son en las que él tiene completa libertad creativa, cuestión que Disney rara vez permite con sus obras. A diferencia de los calculados experimentos que toman en el MCU, con sus nuevas adaptaciones Disney prefiere arriesgar lo menos posible, mientras actualiza el contexto y quita elementos francamente ofensivos que pasaban desapercibidos al momento del estreno de las versiones originales – en este caso, la letra de la canción ‘Arabian Nights’, que solía contener el verso “Where they cut off your ear if they don’t like your face, it’s barbaric, but hey! it’s home”, y cambiar el harem del inicio por una escuela para mujeres. Nada mal, pero le falta energía y emoción a su adaptación en vivo de Aladdin.

Entretenida, templada y visualmente deslumbrante, Aladdin es una película que promete llevarnos a un mundo ideal pero se queda corto en el camino.

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Acerca del autor

Oraleia    

Snob pretenciosa en recuperación, punk de gustos refinados y valemadrista con corazón. Crítica de cine.


3 comentarios

  • Hola, Oraleia:

    Me resulta curioso qué se entiende por “cambiar elementos ofensivos” ¿que pasaron “desapercibidos”? en el estreno de la original”. Yo tenía nueve años en 1992 y desde la pútrida letra de la canción, el diseño de tooodo (personajes y más) y ya ni hablar de la trama, me resultó de mal gusto y una prueba de “orientalismo” vigorizado. Inadvertido eso para mí y muchos no pasó.

    Ni siquiera cambiar un “harén”( uno que respondía más a la visión “burderil” que los europeos le dieron y no a la real) por una “escuela para mujeres” es un favor. Pareciese que es sumarse al “lenguaje políticamente correcto” que a un verdadero cambio de percepción y verdad histórica, fruto de una labor de investigación seria. Visto el reparto, en el que primó más el estereotipo étnico que otra cosa ( no sabía que todos los de “Medio Oriente” poseen la misma fisonomía, entiéndase, cabellos y tez oscuros, y tú como mexicana debes saber de clichés gringos sobre “otros”), no hay visos de cambio de nada.

    Es cierto, es solo una reactualización de un “clásico” reciente, tan poco substancioso como Dumbo. pero Disney sigue anclado en una mediocridad que tampoco hoy pasará inadvertido para muchos, a pesar de su burda entretención.

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    • Hola Ahed, gracias por tu comentario. Aunque estudié sobre las dinámicas de orientalismo y relación Occidente-Oriente en la carrera, no me adentré en ese tema en particular para esta nota porque no tenía a la mano mis libros sobre el tema. Por lo menos de este lado del globo, y siendo niña en un país donde hasta nuestra propia cultura es vista como “disfraz”, el orientalismo de mal gusto se “deja pasar” porque, vaya, se ve lejano y sin relación con una. Agradezco me hayas compartido tu perspectiva.

      Por otro lado, disfruté mucho de la nota que hizo Roxana Hadadi sobre orientalismo, clásico y contemporáneo, para este nuevo remake, disponible en Pajiba. ¡Saludos!

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  • Gracias a ti, Oraleia, por responderme. Aunque podemos tener puntos de vista distintos al respecto, lo interesante es siempre el intercambio de ideas. Aprecio que consideraras mi perspectiva, de igual modo, reconozco tu punto como muy válido en torno a cómo nos han inducido a “dejar pasar” estos hondos detalles.

    Interesante la referencia que consignaste. Para indagar y acrecentar el bagaje.

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