Animal Farm: Un insulto para Orwell y la animación

Siendo fan de George Orwell, decir que estoy decepcionado es demasiado comentario para la adaptación de una de mis novelas favoritas. Estando en una preproducción larguísima, y tras varios cambios de director, estrena “Animal Farm” con muchos problemas narrativos y técnicos. Siendo esta ya la tercera versión del libro (tras las versiones de 1954 y 1999), hay que decir las cosas como son: no sólo es la peor adaptación de las 3 (y fuerte candidata a ser una de las peores adaptaciones de cualquier escrito), sino también una de peores películas animadas de la historia.

Como se mencionó en su Top, el visionario (¿y profeta?) británico es uno de los escritores más difíciles de adaptar en el cine, en gran parte por la falta de comprensión de su obra y la disociación a su visión pesimista en el afán por hacerla más accesible al público (no es de extrañar que las mejores, como “Brasil” o “THX 1138”, sean más inspiraciones libertinas que adaptaciones fieles). “Animal Farm” cae en esos mismos problemas, pero se agravan todavía más por la incomprensión de Andy Serkis, quién funge como director para el proyecto. Hay que empezar por lo más obvio: la novela original la puede leer cualquiera, funcionando como un cuento de hadas que los niños entienden, pero también es complementada por una sátira política que enriquece la lectura del adulto (un libro obligatorio para quienes quieran saber cómo introducir simbolismos en una historia). A sabiendas de esto, la película comete uno de los mayores errores y la razón por la que no funciona: el relato se infantiliza al extremo.

En un intento por actualizar el relato y hacerlo más atractivo a las nuevas generaciones, introduce chistes escatológicos, de pedos y referenciales que no sólo denigran las intenciones iniciales, sino que se alejan todavía más de las intenciones del escritor. De ahí que el tono que pretende establecer Animal Farm la asemeja a cualquier producto genérico, con un ritmo soporífero pese a su corta duración y una narrativa abultada de subtramas sin terminar y cortando personajes que eran de vital importancia en el texto original. La adición de un toque de modernidad (en la forma de una versión femenina de Elon Musk) tergiversa el mensaje original a que argumenta que el socialismo no funciona sólo porque el capitalismo está involucrado en todo.

En circunstancias normales no se debería discutir la calidad técnica de una película animada, pues a estas alturas ya es una obligación que cualquier película animada se vea bien para enfocarnos en la calidad narrativa y no en la repulsión visual que pudiera causar (hasta la vapuleada “The Emoji Movie” entendió esto). Pero aquí es inevitable notar que el estilo da la impresión de estar hecho por los cada vez más comunes filtros y herramientas de inteligencia artificial. De ahí que se asemeje a una película hecha por cualquier maquiladora animada (podría pasar por una producción de Illumination).

Mientras los personajes clásicos se sienten como versiones diluidas de los mismos (Boxer es el que más se acerca al original, pero no acaba de convencer por su personalidad), los nuevos personajes introducidos son sustitutos de otros originales que no tienen carisma ni una personalidad distintiva (no hay razón para cambiar a Muriel y Clover por Carl y Puff respectivamente, mientras que otros como el Granjero Jones y el Cerdo Mayor reducen su rol o son omitidos en su totalidad). Se supone que Lucky representa al espectador y atestigua la corrupción desde adentro, pero es demasiado ingenuo y fácil de convencer, mientras que la versión femenina de Elon Musk que no hace más que quitarle peso a la maldad inherente de Napoleón, por mucho el personaje más afectado al carecer de un verdadero motivo inherente a su necesidad de control y obtención de poder (por cierto, Seth Rogen ya no debe hacer doblaje).

Quitando cualquier sesgo que pudiese tener Orwell, la novela original de Animal Farm trata sobre la tragedia de la naturaleza humana cuando está sometida bajo un poder político inmenso, exponiendo una realidad atemporal y alentando la libertad de pensamiento. No es que la versión del 54 fuera una adaptación fiel, pero al menos comprendía el mensaje que quería transmitir el libro. Esta cosa tira por la ventana y acaba en una nefasta modernización de un relato que no lo necesitaba. Para terminar, por más que Andy Serkis sea un buen actor, como director ha sido una total piltrafa, y con ya 4 proyectos dirigidos fracasados, es necesario preguntar: ¿nos debemos preocupar por la nueva película del Señor de los Anillos, tomando en cuenta que estará a cargo de ella?

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Acerca del autor

Uriel Salvador     twitter.com/UrielSalvadorGS

Escritor, analista, crítico, gamer, investigador, actor (especializado en doblaje), fotógrafo. Pero ante todo, soy un amante del cine.


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