Califato de Netflix: Sin Piedad

Nada se puede decir del Estado Islámico (ISIS o DAESH) que no se haya dicho ya. Un reinado de terror en toda la extensión de la palabra y en cuyo nombre se han cometido  indescriptibles atrocidades.

El rostro de Europa ha cambiado desde la llegada de incontables refugiados huyendo de la devastación desencadena por la guerra en Siria. Suecia es la segunda nación, después de Alemania, que más ha experimentado cambios en su sociedad a raíz de dicha crisis demográfica. No es de extrañar que de dicha nación haya surgido la serie “Califato”, que retrata no sólo los horrores desatados por el ISIS, sino que ofrece una mirada íntima a lo que experimenta la sociedad sueca tras el surgimiento de grupos radicales en su territorio.

No entraremos en detalles dado que este es un blog de cine y televisión, no un portal de análisis político, pero es un hecho que la religión islámica se encuentra en el centro de toda clase de polémicas y lo relacionado con ella suele ser tratado con pinzas. “Califato“, una serie sin miramientos ni atenuantes, destaca entonces por su abordaje sin tapujos del radicalismo islámico en una época en la que cualquier crítica o el más mínimo dejo de disentimiento hacia ciertos grupos sociales deriva en ser tildado de “fóbico”.

¿De qué va?

Historias paralelas narran el horror de la vida bajo el DAESH y el peligro que representa para la sociedad occidental, considerada “enemiga”.

  • Pervin (Gizem Erdogan), intenta regresar a Estocolmo desde Al Raqa, a donde llegó junto con su familia seducida por la “gloriosa” vida del Califato.
  • Fatima (Aliette Opheim), es una oficial de policía que investiga un ataque terrorista inminente en suelo Sueco, para lo cual es asistida por Pervin a cambio de su ayuda para volver a Suecia, mientras lidia con un entorno laboral hostil y corrupto.
  • Suelika Wasem (Nora Ríos), adolescente hija de una familia musulmana plenamente integrada a la sociedad sueca, se ha decepcionado del poco o nulo interés occidental por el “verdadero Islam”, lo que la hace blanco de reclutadores del ISIS que se encuentran infiltrados como ciudadanos suecos ejemplares.

Una mirada sin compasión

Dirigida por Goran Kapetanovic, los ocho episodios muestran sin la más mínima concesión la opresión y el terror de quienes viven bajo el yugo del ISIS, además de desplegar los métodos de reclutamiento de los radicales, quienes hábilmente seducen adolescentes cansadas de la “hipócrita” y “racista” democracia occidental.

Apostando por el thriller pero también por la contemplación, sin grandes efectos especiales ni escenas grandilocuentes, ofrece un retrato objetivo del peligro que representan los grupos radicales en sociedades avanzadas, nada habituadas a lidiar con delincuentes de tal grado de peligrosidad.

Sin sesgos ideológicos.

Un logro notable de la serie es presentar los horrores del ISIS dentro y fuera de su territorio alejándose por completo del “buenismo” tan en boga estos días. En ningún momento se intenta blanquear o humanizar a los miembros del DAESH ni justificar sus acciones. No se cae en el discurso barato de señalar a Occidente de ser el culpable de sus atrocidades ni hacerlos ver como víctimas a las que “no les queda más remedio que inmolarse”, dirían los “progres”.

Por otra parte, y es importante señalarlo, no se criminaliza al Islam o a los inmigrantes en general, evitando cualquier dejo xenofobo. El ISIS y sólo el ISIS es el enemigo a vencer, no la migración o la religión islámica, y eso se agradece.

Pero ¿entretiene?

Sin héroes anti terroristas que disparan a la menor provocación ni persecuciones a toda velocidad, la serie logra mantener en vilo al espectador, haciéndolo temer por la suerte de quienes sufren en pantalla, aderezado con actuaciones de primer nivel. Bien puede verse en maratón si se tiene estómago para ello.

¿Hay que verla?

Una serie de calidad que además resulta didáctica y sin discursos ideológicos bobalicones. Un thriller diferente con un tema por desgracia real y palpable y que da una bofetada tanto a los progres buenistas como a los racistas. Esperamos la segunda temporada.

 

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Acerca del autor

Dr. Dark    

Médico de profesión y cinéfilo de corazón. Amante del buen cine y destructor del que no lo es.


1 comentario

  • Soná Montezuma mayo 4, 2020 @ 3:06 am

    Hola, Dark. No me sorprende que te haya gustado tanto esta serie sueca, marca de la casa Netflix, tan pródiga ella en hechuras mal cosidas (“Elite” et al.). Lo digo con conocimiento de causa: en este democrático espacio que es Cinescopia te he visto en más de una vez ventilar tu ideario y obsesiones. Monomanías de marchamo derechista, todo hay que decirlo, que serán siempre bienvenidas y …respetuosa y racionalmente combatidas.

    Está tan desfasada y dirigida con piloto automático la serie que no deja de ser más de lo mismo. Vamos, que se podría decir que la labor de documentación y verismo en cuanto a nombres y conceptos relacionados con el infame ISIS y sus acólitos es ya de antología. Es así como tenemos a un personaje con nombre persa y apellido árabe encarnado por una sueca de origen turco. A otra sueca, ésta de origen chileno, haciendo de “adolescente hija de una familia musulmana plenamente integrada a la sociedad sueca” (¿no consideras un dislate anteponer una religión en vez del origen de la familia de ella para saber sobre su linaje?), dicho así parace una “revelación”, como si no hubiese ciudadanos procedentes de países musulmanes en Europa y plenamente integrados sin alharacas (como los iraníes de Suecia o los albaneses de Suiza, por citar solo unos pocos.Tampoco un dogma es sinónimo de nacionalidad ) y ya ni hablar de la ausencia de víctimas y victimarios del ISIS llegados de rincones del variado mundo islámico y que se escapan de la ya clásica fisonomía somática que nos quieren hacer creer que es todo lo “musulmán”.

    En fin, no nos revela nada nuevo esta tardía aproximación al horror de dichos fanáticos, que entre sus principales víctimas estuvieron las gentes de la región, fueran islámicos o no. Ni hablar ya esos incautos o envenenados europeos (hijos de la inmigración y hasta los mismísimos “nativos”; hombres y mujeres) que se sumaron a la vesania y la ejercieron o padecieron. Como te habrás dado cuenta, unas motivaciones harto complejas, causadas tanto por anomalías de responsabilidad propias como por una fallida integración entorpecida por aquello que señalaste como la “hipócrita” y “racista” democracia occidental, que por más que intenten negarla existe y no por ello debería usarse como excusa. ¿Serán entelequias, pues, todos los John Ausonius, Anders Behring Breivik, Peter Mangs y Tobias Rathjen de Europa? ¿O será que esos otros dementes no suponen otro semillero de odio que igual ponen en peligro la seguridad de Europa? Entérate: ellos también brotaron del seno de eso que calificas como “sociedades avanzadas”.

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