Campeón Gabacho: una victoria por decisión dividida.

La nueva película de Jonás Cuarón, Campeón Gabacho, llegó al Festival Internacional de Cine de Morelia como cinta inaugural, acompañada por su director y de su productor, Alfonso Cuarón. La historia sigue a un joven migrante latino que, en busca de una vida mejor en Estados Unidos, termina enfrentándose a una realidad mucho más compleja y opresiva de lo que imaginaba. A partir de una premisa sencilla, Cuarón construye una historia con elementos de fantasía para hablar de la experiencia del migrante, de la desilusión del sueño americano y de esa deriva en la que puede quedar quien abandona su lugar de origen sólo para descubrir que el destino tampoco ofrece las respuestas esperadas.

Su primer acto es maravilloso. Desafortunadamente, la película parece recibir un golpe de lleno durante el segundo y llega al tercero prácticamente noqueada. Aunque consigue levantarse de la lona, termina ganando apenas en decisión dividida.

Uno de sus mayores aciertos está en el uso del narrador y, particularmente, en el rompimiento de la cuarta pared, con ecos a Scott Pilgrim (2010) o hasta a Malcom in the Middle. Cuarón juega con dos esferas narrativas, una más lírica y otra mucho más literal, utilizando lenguajes distintos para cada una y acercándose a una suerte de realismo mágico trasladado al cine. El recurso funciona, aunque conforme avanza la película comienza a sentirse reiterativo y pierde parte de su encanto inicial.

Paradójicamente, Campeón Gabacho funciona mucho mejor cuando abraza la fantasía, lo caricaturesco y lo imaginativo que cuando intenta aterrizar en la realidad y abordar directamente sus temas sociales. Al llegar al desenlace, el discurso se vuelve más moralino y la historia pierde capacidad para conmover o apasionar respecto al destino de su protagonista. También hay personajes pintorescos y divertidos que aportan frescura, aunque algunos terminan extraviados dentro del guion. El romance, por su parte, nunca termina de cuajar y se percibe más como una herramienta narrativa que como un vínculo capaz de involucrarnos emocionalmente.

En contraste, el reparto es extraordinario. Rubén Blades, Dolores Heredia, Rosario Dawson, Eddie Marsan y Cheech Marin aprovechan incluso sus papeles pequeños para aportar chispa y personalidad. Pero quien realmente se lleva la película es Juan Daniel García Treviño, quien continúa consolidándose como uno de los actores jóvenes más interesantes del cine mexicano. Su interpretación consigue transmitir la frustración, alegría, incertidumbre y expectativa de Liborio con una naturalidad que sostiene buena parte de la película.

En lo técnico, Campeón Gabacho luce un trabajo notable. La edición, particularmente sus transiciones, es uno de sus puntos más altos, mientras que el diseño de arte, el sonido y los efectos visuales se integran de manera orgánica a la narración y hacen evidente el aprovechamiento de su presupuesto. Jonás Cuarón construye una película de marcados altibajos, pero sus aciertos terminan siendo suficientes para mantenerla del lado positivo de la balanza.

 Campeón Gabacho consigue el título, sí, pero después de doce rounds y por decisión dividida. Probablemente encontrará un público joven que conecte con su mensaje y con su peculiar mezcla de fantasía y realidad; para el espectador más exigente, sin embargo, quedará la sensación de haber presenciado una pelea de la que tenía todas las oportunidades de haber sido ganada por nocaut.

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Acerca del autor

Jose Roberto Ortega    

El cine es mi adicción y las películas clásicas mi droga dura. Firme creyente de que (citando a Nadine Labaki) el cine no sólo debe hacer a la gente soñar, sino cambiar las cosas y hacer a la gente pensar mientras sueña.


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