Chichis, pelos y coca… la mirada del amor del Soho a la gran pantalla

Dicen que la distancia es el olvido, pero yo no concibo esa razón… mis muy queridos lectores, les saludo nuevamente en este espacio de alfombras suaves, sedas y elegancia que humildemente les dedico con todo mi cariño. Lo sé, lo sé, han sido muchos días, la ausencia ya pesaba, pero luego de la cruda mundialista y otros tantos problemas del corazón, vuelvo para usted con la alegría de quien vuelve a los brazos del verdadero amor. Finalmente llegó el verano, los días de clases se acaban, las graduaciones nos invitan al relajo y la chabacanería y desde luego, llega una época en la que usted como yo sabemos que el buen cine escasea; porque por alguna extraña y estúpida razón, los poderosos y magnates de la gran pantalla piensan que el verano es ideal para ver comedias simplonas, historias de adolescentes calenturientos, señoritas en bikinis y chamacos alcoholizados… eso sí, teniendo la variante de algún monstruo o espécimen que aterrorizará por milésima vez alguna ciudad como Nueva York… y esto es todos los años, tan trillado como poner “las golondrinas” en un acto académico de fin de curso.

Afortunadamente existen pequeñas excepciones, esas gotitas de rocío que todo buen cinéfilo agradece entre tanta porquería, y qué cree, que a mí me tocó la suerte y con todo y que el diluvio universal casi me impidió llegar a mi destino, esta minina sorfeó  los mares de las avenidas y de salto en salto, llegó a la butaca que le ofreció la caricia de su tibieza y 101 minutos de muy buen cine inglés a través de The Look of Love.

Si usted vio The Wolf of Wall Street y le gustó, no dude que amará esta cinta. Una historia basada en la vida de Paul Raymond,(Steve Coogan) personajazo fundamental en la cultura popular del Reino Unido por ser el precursor en el negocio de los clubs de encueratrices en el famoso barrio del Soho, una especie de play boy del viejo continente, un hombre que desde finales de la década de los 50 no conoció los límites de lo prohibido, lo obsceno y/o lo pornográfico, que se acostó con quien le dio le gana, le entró duro al alcohol, el tabaco y otras sustancias pero cuya única debilidad fue siempre su hija Debbie (Imogen Poots).

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Bajo la dirección de Michael Winterbottom Coogan ofrece una buenísima actuación sabiendo imprimir en todo momento veracidad y ese humor british que lo ha caracterizado durante tantos años, permitiéndole apoderarse completamente de todas las situaciones, de todas, salvo donde Poots aparece, pues desde que eso sucede ya nada es igual, la chamaca está exquisita, vamos, yo le creí absolutamente todo y por momentos llega a robarse absolutamente toda la atención.

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¿De qué va entonces esta historia? Pues mire, este padrote de lugares de variedad, revistas de encueratrices y otras tontas monerías, estaba casado con Jean (Anna Friels), una mujer de muy buen ver y que conoció a Paul desde que no era nadie, pero como éste tenía chichis, pelos y todo lo que quería a su alcance, un buen día conoce a una mujer de piernas largas como la cuaresma, una aspirante a actriz llamada Fiona Richmond (Tamsin Egerton) y se enamora perdidamente de ella, por lo que deja de lado a su familia, excepto a su hija Debbie con quien este english mi rey, parece tener una relación sumamente estrecha, y es ahí, en el instante en el que conocemos la historia de esta chica, cuando la película nos entrega sus mejores momentos. Porque si bien eso de saber cómo este hombre se apoderó del Soho, de cómo se tiró a todas las mujeres que quiso y logró el sueño de todo varón, pues como que no es nada nuevo que usted y yo podamos saber, que para eso están muchas otras historias de importantes magnates, hombres de negocios y hasta políticos… la cosa es, que lo fascinante radica precisamente en lo que uno menos se espera, y ya desde ahí valió la pena pagar la entrada. Por qué, porque Debbie es el reflejo de su padre, es el heredero con ovarios, una especie de alter ego del protagonista. Una chica perdida en la ilusión de convertirse en alguien importante como su padre en el medio del espectáculo, que quería cantar, quería triunfar y nunca supo cómo, luego conoció la cocaína y ahí (paradojas del lenguaje) terminaron sus aspiraciones.

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¡Imagínese! Tener como padre a un poderoso chulo, beber champaña para desayunar, gritar a los cuatro vientos en el Soho que ese es su reino, tener una belleza encantadora, talento y no saber qué hacer con todo eso, en plena efervescencia de la vida… en plenos años ochenta, en Londres… ¿Qué me diría si le cuento que una de las escenas más impactantes es la de esta chamaca pidiéndole una raya de coca a su padre justo antes de parir? ¿Verdad que la quiere ver? Le apuesto a que sí.

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Si hay algo que reclamarle a la cinta, eso que no le permite llegar a ser brillante, es que en ciertos momentos la historia decae; no sé si tiene que ver con pasajes del personaje en cuestión que al espectador perfectamente no se podrían haber contado, por ejemplo, todo el rollo entre Paul y sus hijos varones, que finalmente no aportan nada a la historia y quizá, una redundancia en la inercia de los hechos que entiendo, se usó para darle un poco más de duración a un trabajo que ya de por sí es breve.

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Por otro lado, el manejo de los tiempos es de destacar, hay buena música que acompaña todo el viaje y hace de los momentos adecuados algo casi entrañable, repito, casi. Puede que sea la historia en sí misma, o esa cosa tan british que muchas veces cuesta trabajo entender o reírse de su humor; puede también que en determinado tiempo, una vez que somos sorprendidos con la incursión de cierto personaje, sabemos hacia dónde tirarán las cabras y ahí acaban nuestras expectativas; sin embargo, a pesar de estos fallos, la cinta es muy buena, vamos, merece la pena pagar una entrada para verla.

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Finalmente, habrá que hacer algo con la liga de la traducción de títulos de películas en nuestro país. ¿Por qué insisten en querer contarnos toda la película en el título? Qué daño les hará traducir literal, o mejor dicho, de forma precisa. Miren que llamar a la cinta “El rey del erotismo” no es tan descabellado, pero ya nos cuentan la mitad de lo que pasa, nos adelantan los hechos, y no sé usted pero yo estoy cansada de que cuando no es porque nos adelantan los hechos es porque no tiene absolutamente nada que ver con el título, ni con la historia… en fin, buena peli, vaya a verla y no se me vaya a espantar por tanto exceso.

Hasta pronto, queridos.

3/5 Buena

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Cat Movie Lee    


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