Ciclo Ghibli: “Ponyo” la mirada tierna del amor

Después del tour de force que implicó para Ghibli en específico la producción de Mononoke, Chihiro y El Castillo Vagabundo, Miyazaki vuelve con una historia más infantil, pero sin dejar de deslumbrarnos con las imágenes y secuencias tan coloridas y mágicas que nos da Ponyo.

En “Ponyo en el acantilado” cómo se le conoció en España, “Ponyo y el secreto de la sirenita” como se le conoció en Latinoamérica o en su título original “Gake no ue no Ponyo”, Miyazaki hace una libre adaptación del cuento de Hans Christian Andersen de “La Sirenita”, que alejándose por completo de la mirada que le dio Disney, con toda la imaginación posible y con cientos de los mejores animadores de Ghibli, nos regala una tierna historia de amor entre una niña pez y un niño humano.

Lo más interesante de la película es como Miyazaki se pone a la altura de estos dos niños; con una historia completamente blanca sin posibles villanos, donde por un descuido de Fujimoto rey del océano y protector del balance qué hay entre la naturaleza y los seres humanos, se escapa una de sus hijas, una pequeña pez con cara de niña, inquieta y con una profunda sed de descubrir nuevas cosas, para esta quedar atrapada dentro de un frasco de cristal que fue arrojado al mar debido a toda la contaminación marítima que existe cerca de las grandes costas y pueblos pesqueros.

Jugando afuera de su casa, en el acantilado cerca del mar, Sosuke, un niño de cinco o seis años, observa a lo lejos el frasco donde Ponyo está atrapada, Sosuke se lanza tras ella y rompiendo el frasco la libera. Con cristales en su mano que le provocan una herida y sangrar, Sosuke sostiene a lo que cree sin vida el cadáver de un pez rojo muy extraño; con el aroma de la sangre en el ambiente, el pez rojo se mueve y con su lengua lame la herida del niño.

Ponyo al haber probado la sangre humana, tendrá la capacidad de convertirse en en una; además de que Fujimoto (padre de Ponyo) tratará de impedir qué su hija se convierta en una humana, al dejarla encerrada en una burbuja mágica, es gracias a las hermanas de Ponyo (también pequeños peces rojos) que ayudan a liberarla, pero con esto Ponyo trae desequilibrio en el balance entre la vida marítima y la humana, provocando un enorme tsunami que acaba por completo con una parte del pueblo, en una de las escenas mejor animadas de la película, llena de emoción y suspenso.

Así Ponyo hace todo lo posible para encontrarse de nuevo con Sosuke, que al ver que este desbalance es provocado por la niña y sus ganas por convertirse en humana, deberá de aceptar a Ponyo tal y como es, como una niña mitad pez y mitad humana, lo cual solo un corazón noble puede hacerlo, y si Sosuke lo tiene ella se transformará en una niña y dejará atrás su magia y sus poderes, de lo contrario ella desaparecerá y se convertirá en espuma de mar.

Y ahí es donde reside el mensaje principal de la película, lejos del mensaje ecológico ya adyacente de la filmografía de Miyazaki, donde el amor, el cariño y la amistad se unen a pesar de las características de unos u otros, es la aceptación hacia alguien o hacia otro ser que no es igual y que a pasar de ser diferentes encuentran un punto medio para subsistir el uno con el otro, pues además del hecho de que Ponyo al convertirse en una niña humana tenía que dejar atrás su magia y sus poderes.

Algo importante para la película es que los niños se comportan como niños, y no como en algunas otras películas donde dotan a los personajes con personalidad y acciones que un adulto tiene. Esto se denota en la inmensa hiperactividad que inunda la sala, cuando Ponyo convertida en niña es acogida en la casa de Sosuke, maravillada por ese mundo nuevo, es curiosa, pregunta por todo, corre y se sube a los muebles de la misma, y luego viendo como estando sentada se queda dormida frente al plato de comida. O la misma personalidad de Sosuke, un poco más tranquilo pero decidido a cuidar de su madre y acompañarla a todos lados, pero con la llegada de Ponyo a su vida, pone todo ese cuidado y preocupación en la pequeña pez, al cuidarla, cambiándole el agua donde la tiene y dándole de comer.

Con un regreso a los orígenes, Miyazaki se deshace de las imágenes producidas por él ordenador, y construye con el uso del 2D todo su relato, cada imagen hecha a mano se siente en cada fotograma de la película, lo bien dibujada y animada que está, sobre todo en las secuencias donde el agua es el protagonista. A su vez, el gran maestro Joe Hisaishi se encarga de orquestar una banda sonora alegre y cálida, con el espíritu de una niñez feliz en busca de mundos nuevos, todo esto se nota en el principal leit motif, que al final le pone letra y es una de las canciones más pegadizas gracias a la alegre tonada que hace que la recuerdes días después de haberla visto.

Si bien muchos tildan a esta película como una obra menor del estudio y de Miyazaki, yo podría decir que a pesar de ser una película con un tono más claro tiene el suficiente poderío visual y argumental para competir con las grandes del estudio, teniendo una vez más a una protagonista que hará todo lo posible para salirse de la norma y cambiar el ritmo de su vida, un viaje del héroe (en este caso heroína) en donde descubrirá qué hay otra forma de vida, y que ella puede convertirse en algo más y cambiar su suerte. Aparte de Fujimoto se nos presenta a la madre de Ponyo, la gran diosa de los océanos, que al contrario de las ideas de Fujimoto, ella está de acuerdo con que Ponyo se convierta en humana.

“Ponyo y el secreto de la Sirenita” sin dudas se pone en segundo lugar dentro de mi ranking personal de Ghibli, siendo una película que en su aparente sencillez y puesta en escena, esconde grandes temas y mensajes que todo niño y adulto debe saber, además de que cuenta con uno de los finales más bonitos de todo Ghibli.

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Acerca del autor

Ivan0     boxd.it/qEKB.

Cinefilo y seriefilo (si es que esa palabra existe) de corazón, realizador frustrado pero la opinión escrita es lo que se me da mejor. Amante de los musicales por muy malos que estos sean cof cof “Cats”, Soy millennial y no tengo problema alguno con eso; y llorar en el cine es la mejor terapia que uno pueda pagar.


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