Cristiada: Confrontación simplificada
Realmente sorprende que hayan decidido reestrenar “Cristiada” (originalmente lanzada en 2012), una película que en su estreno fue sumamente criticada porque tomó un evento importante de la historia mexicana y la recreación le quedó demasiado grande a todos los involucrados. Aunque las intenciones son entendibles detrás de la realización, la cantidad de errores e inconsistencias en el metraje hacen que lo más relevante que tiene sea poner las posturas de derecha y pro-religiosas por encima del mérito fílmico. Más allá de cualquier creencia por la que muchos fanáticos religiosos van a querer defenderla, es necesario ver por qué este proyecto fue incapaz de hacerle justicia a un evento trágico (y que por desgracia permanece como una de las películas mexicanas más caras que se han rodado).

Ambientada durante la Guerra Cristera, no es la primera ni la mejor película que se ha realizado sobre el hecho, ya había sido abordada antes con mejores resultados en “Miércoles de Ceniza” y “La Guerra Santa”, la diferencia es que aquí hay más méritos artísticos que históricos o narrativos. Esto es porque aquí aparece el primer error: el director es Dean Wright, que debuta (y se despide, puesto que no ha vuelto a encargarse de otro proyecto después) después de haber sido supervisor de efectos especiales en trabajos como “Titanic”, “Unbreakable”, “Las Crónicas de Narnia” y la Trilogía del “Señor de los Anillos”. Por lo que estamos hablando de alguien que sabe cómo hacer lucir los visuales y lograr que se vean bien, pero nada de saber guiar una historia o desarrollar personajes. Como resultado, se ve bien a nivel estético, pero la dirección plana y el ritmo lentísimo causan una edición irregular con varios momentos muertos que fuerzan todavía más el argumento, lo que impide involucrar al espectador en las situaciones o con los personajes. Para empeorar las cosas, es demasiado larga, fácilmente se pudieron omitir 50 minutos.
En vez de resaltar el conflicto que se da entre la religión y el estado laico y entender por qué ambos lados rayan en el fanatismo y la intolerancia, su tratamiento es sumamente maniqueísta, cursi, sentimentaloide y perenne al quitarle todos los matices a los personajes. Los cristeros son los buenos buenitos y los civiles son los malos malotes (Plutarco Eías Calles parece más el mismísimo diablo que odia todo credo religioso y que despoja a los curas de todos sus privilegios por un ataque de rabia). La distorsión de los hechos tiene el propósito de manipular a la audiencia para confundirlos y hacerles creer sus propios intereses, la credibilidad histórica no vale nada cuando adolece de las mismas inconsistencias que intenta defender (más difícil es creer que la muerte de varias personas fue por la defensa de la libertad y la fe, cuando la verdad es que había intereses menos piadosos).

A esto hay que añadir otro detalle que evidencia por qué pudo llevarse a cabo: pese a ser una producción mexicana, está hablada en inglés. Por lo tanto, da la impresión de que esto fue hecho para impresionar al público gringo o quizás aspirar al premio mayor (meter frases en español en medio de los diálogos en inglés es bastante chocante). Esto explicaría por qué el reparto no encaja con los personajes, por más maquillaje que les pongan, no oculta que ninguno parece mexicano y la producción es más extranjera que nacional pese a lo que diga la ficha técnica (Andy García no tiene nada de regiomontano). Hay escenas y personajes que son irrelevantes para la historia, como la participación de Eva Longoria.
Del reparto lo único que vale la pena mencionar (más como curiosidad que otra cosa) es que ésta es la última aparición de Peter O’Toole, que entrega algunos momentos redimibles y hace que por lo menos los primeros 20 minutos sean tolerables.

Pese a sus buenas intenciones con respecto al tema principal, la trama es superada por sus propias ambiciones, cometiendo errores de los que no puede salir impune. Lo peor es que reaviva otra vez el cansino caso de que los católicos más creyentes la van a defender y tratar como si fueran “buenas” sólo por hablar del tópico (no por nada el catolicismo es la burla de las religiones en el cine, pues se ha demostrado que únicamente sobresale en la sátira, el terror y el épico histórico que involucre a Jesús). Intrascendente y olvidable en casi todos sus apartados, es como si Jerry Bruckheimer hubiera producido una telenovela súper costosa y con una manipulación histórica descarada.