Digger: El péndulo funcionó ¡Bendito sea Bergman!

Hace un par de años, tanto en este sitio como casi a nivel global en todos los demás medios, pensábamos que el cineasta mexicano, Alejandro González Iñárritu, había perdido literalmente la cabeza al meterse en los aposentos de Ingmar Bergman e incluso declarar con péndulo en mano que el espíritu del legendario maestro sueco había ingresado en su cuerpo. Esta payasada que mostraba signos claros de demencia y/o de cínica promoción, nos llevarían a una muestra patética de pretensión fílmica en la filmografía de “El Negro”, una morbosidad “autobiográfica” sin pies ni cabeza llamada “Bardo” que tenía un único propósito: una auto felación y auto declaratoria cómo el mejor y mayor desentendido cineasta de todos los tiempos.

Pero al parecer, todo era parte de un plan, uno espiritual y fílmico en el que dos almas y estilos se fusionarían para encausar de manera inventiva no solo un vehículo de homenaje referencial al surrealismo sueco, sino también un cuento de horror social americano con el ingrediente mexicano más típico de nuestro cine: el sufrimiento, el reírnos de nuestras desgracias, la sonrisa del pesimismo. Digger no solo es y será por mucho tiempo la película más polémica y polarizada, sino también la obra maestra y cumbre del cineasta mexicano. Pretenciosa, incómoda, es una metaficción que se regocija en todas las formas de arte y por supuesto, una joya adscrita a la historia cinematográfica contemporánea.

Hablar de su argumento nos llevaría innegablemente a revelar su mayor secreto y por ende a posiblemente desmantelar la experiencia del lector. Y es que cuando el misterio, el concepto rector y propio giro de “Digger” resida y dependa de la revelación de su género cinematográfico habla de un nivel de narrativa superlativo, en el que los personajes coexisten e interactúan en pos de dicha manifestación y no viceversa

Si bien todos sus personajes habitan en una peculiar y extraña distopía, de a poco se van revelando pequeñas pistas del origen común de cada uno de ellos, los cuáles en conjunto van desarrollando al principal protagonista de la cinta: el entorno, su universo, y por ende el tono escondido detrás de esta capa que sugiere un falso surrealismo dentro de su propuesta de humor ácido y un discurso socio político que invita no solo a la incomodidad, sino también a la reflexión. Y ese es el valor principal de Digger, pues incluso en su título esconde la misma metaficción de su relato: excavar en una singular puesta en escena para descubrir el misterio de su origen, pero sobre todo el propósito de la doble (¿o triple?) “puesta en escena” de la que estamos siendo testigos

La perforación de estas variadas superficies no solo se da a través del histrionismo cuasi perfecto de su reparto, sino a un uso constante de estilización que nace de dos principales elementos: la de nuevo maravillosa fotografía de Lubezki, un DIOS visual ya confirmado en la historia del cine, y la labor del diseño de producción. Estos dos rubros no son solo excelencias técnicas, sino parte del alma en el desarrollo narrativo de Digger y de su ya mencionado personaje principal: este extraño y desolado universo que esconde un terrible secreto.

Así pues, cada plano de Digger es un cuadro surreal que versa sobre un terror real, repleto de simbolismos y donde incluso el maquillaje y vestuario esconden pistas de la retorcida idealización de Iñárritu, el cual deja escapar aquí su influencia o posesión sueca para hacer referencias y homenajes visuales no solo a Bergman, sino a cineastas más contemporáneos como Roy Andersson y sus estilizados y estáticos cuadros, repletos de grises y blancos que muestran más que pureza, una desolación social.

Y aquí es donde entra la magia de “El Negro”, con esos planos secuencia y dominio de su cuadro actoral, con ideas bien definidas y perfectamente materializadas en cada plano e interacción entre sus personajes, agregando al lenguaje ese tan comentado y polarizado halo de incomodidad que tanto está manifestando Digger en sus primeras proyecciones, cuando se llevan a cabo la realización óptima de un guion que se burla de la política, de la hipocresía social, de la percepción del mundo actual hacía con las figuras del poder, de la falta de presencia de la mujer en un ambiente patriarcal, de la estupidez y la falta de planeación humana, y es que en esta cinta hay un discurso para todo y todos, una pedrada de humor NEGRO y de reflexión.

Oigan… ¿Y Tom Cruise? Sencillamente estamos hablando de la actuación protagonista con la que será recordado y deberá ser condecorado, homenajeado y premiado, quizá no en físico, pero si desde el silencio, desde esa misma incomodidad que causa su personaje meta ficticio, desde la misma hipocresía en esconderse en tendencias “sociales” y “políticas” y no valorar lo que estamos viendo: PURO CINE. Hay un monólogo de 9 minutos que nos deja en claro que Tom Cruise no es solo un actor de acción, sino un histrión capaz de hacer reaccionar a millones de críticos y audiencias, que ya sea en la piel de Digger, o fuera de la misma, es capaz de hacer odiarnos pertenecer a la raza humana, y que con una mirada puede hacernos reflexionar sobre la podredumbre a la que estamos lanzando a la humanidad, día a día, tik tok tras tik tok, litro por litro, carro por carro. Esta capacidad ya la conocía Kubrick o Paul Thomas Anderson, pero Iñárritu la explota y la excava hasta la profundidad. Es un agasajo verlo actuar en cada plano

Pero para todo gran actor, un gran reparto, en especial un John Goodman en una de sus más grandes actuaciones de reparto ¿o que me dicen de una Sandra Huller? La mejor actriz de este 2026 con Digger, Rose, Fatherland y hasta Project Hail Mary ¿Jesse Plemons? Una barbaridad de interpretación, y quizá el elemento actoral en el que más se ancla esa mencionada revelación de género. Todos perfectos eslabones que aportan y encajan perfectamente con la trama, llevándonos a un emotivo y catártico final, repleto por un lado de regocijo, y por otro de tristeza ante una REALIDAD cada vez más cercana

Si, el péndulo funcionó. Digger es la obra maestra de Iñárritu, y a pesar de que ya tenía Amores Perros y Birdman, este es el primer gran paso de El Negro para pretenciosamente alcanzar su meta: SER UNO DE LOS MÁS GRANDES CINEASTAS DE TODOS LOS TIEMPOS ¿Lo conseguirá? Que Ingmar Bergman me le de vida para probarlo

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Acerca del autor

El Fett   @El_Fett   cinescopia.com

El más realista y cabrón crítico de cine que pueda existir. Ente sin misericordia que tiene el halago de transmitir a los mortales su sentir y sabiduría en el mejor recinto sobre el séptimo arte. Cinéfilo de corazón y crítico crudo por vocación. Alter ego del Licenciado en mercadotecnia y RRPP Oscar M Rodríguez (FB) Sigueme en twitter @El_Fett


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