El Infierno: Retrato y unas pinceladas de ficción

Menudo antecedente cinescópico se tiene de ésta última parte de la trilogía de Luis Estrada (La Ley de Herodes-Un Mundo Maravilloso-El Infierno), El Fett no dió su visto bueno. El que escribe acudió por propia iniciativa a verificar los dichos del cazarecompensas y de paso formar una propia impresión de esta reciente entrega del Cine Bicentenario.

El Infierno plantea una historia que comienza en el regreso del Benny (Damián Alcázar) a su pueblo natal, ubicado en algún paraje árido no identificado del país, luego de una larga estancia en el gabacho , encuentra su tierra distinta, arrasada por el narcotráfico. El protagonista descubre los hechos que se desarrollaron en su ausencia, hay reencuentros, desencuentros y apuestas por el bienestar de los suyos.

¿Qué tanto pudo preveer Estrada como para mostrarnos este retrato tan actual de uno de los tantos Méxicos? La historia y sus distintos momentos parecen copia casi fiel de cada nota y reportaje sobre narcotráfico que se publica. Tal parecido no es “mera coincidencia”, sin duda, es un acierto que no dudemos reditue en taquilla, claro está, previó escándalo de su posible reclaficación de C a B.

La pareja de Damián Alcázar en el papel principal y Joaquín Cosío como “El Cochiloco” se reserva como propios los momentos de reflexión que dan esencia al mensaje de esta película. Cosío -recordado como “El Mascarita” de Matando Cabos- nos presenta un personaje fuerte no muy lejano de sus famosas participaciones en cine, es convincente y comienza a robarle el lugar a Jesús Ochoa, como imagen de la corrupción y la pobredumbre del sistema en el cine de nuestro país. Alcázar nos brinda los momentos de comedia y humor negro, además del poco humanismo que se puede encontrar en los instantes mas crudos del filme, un actor de tablas que cumple sin exigirse mucho.

En un panorama general la película es una sátira social y política, donde el discurso de ciertos grupos de poder está presente. Las indirectas no están disfrazadas y las críticas son mas que evidentes. El narco cartel, los levantones, el encobijado, las mutilaciones y demás horrores y episodios de la guerra no escapan al humor negro, que a  momentos causará risa y que en otros enmudecerá por la tensión que se logra.

No hay porque enfrascarse en un debate político, la película no está para rasgarse las vestiduras y es que de un momento a otro no se nos inventan hechos imposibles, es real y es lo que se lee en la prensa y se escucha en las pláticas; el ejercicio de reflexión al que nos puede llevar la obra de Estrada es el mismo que resulta de una lectura de Proceso, o de un análisis de la coyuntura actual del país.

El Infierno no es una película para pasara un rato, es una fórmula ya explorada un par de veces por el director y que ahora concluye -esperemos- en un compilado de hechos noticiosos de tinte rojo convertidos en ficción y humor negro. Ver esta película es la posibilidad de concluir en que el mensaje ya se ha escuchado antes.

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