El Practicante: Patético simulacro de suspenso

Si como bien dicen: “la práctica hace al maestro”, definitivamente le va a faltar mucha más experiencia a alguien como Carles Torras para lograr al menos hacer algo decente y poder salir del agujero que Netflix significa para proyectos tan mezquinos como el suyo. Un paraíso fílmico y de distribución para los practicantes, por otro lado quizá sea el objetivo del joven cineasta español pasar todos los días de su existencia en una plataforma que se adapta perfectamente a su último film, un intento de thriller y de suspenso que no solo raya en lo patético, sino que también presenta fallas de índole histriónico lo bastante alarmantes como para procurar acabar con la poca carrera o credibilidad de sus inmiscuidos.

Estrenada el pasado 16 de septiembre dentro del escombro de Netflix, El Practicante nos presenta a Ángel, un paramédico maltratador, celoso y obsesivo que al quedar imposibilitado de movimiento de sus piernas, comienza una debacle emocional y de inseguridad que lo lleva a ser más maltratador, celoso y obsesivo. Y he aquí donde comienza todo el problema del film.

Al parecer de 4 guionistas (incluyendo al propio director), nadie reparó en el pequeño detalle que un personaje como Ángel no solo requiere de estructura, sino también de un cambio o una “metamorfosis” frente al punto de inflexión principal de su trama: el accidente. Esto no solo causa una falta de desinterés por su personaje y su violenta psicología de psicópata, sino que perpetúan dicha falta de conexión durante toda la trama conservando los mismos registros de personalidad antes, durante y después de su accidente. En otras palabras, no existe un por qué el protagonista es así, y mucho menos una evolución creíble de su condición o sustento lógico de las situaciones que está a punto de cometer.

Este tumor narrativo se extiende obviamente hacía los personajes secundarios, sobre todo a la fémina en turno, la novia francesa que pese a todas las señales y el comportamiento más previsible, pasa de ser una ingenua y trágica víctima a una dominatriz vengativa y obsesiva, de nuevo, sin ningún sustento que justifique dicha(s) acción(es).

Por su parte Torras, dentro de este escenario ya revisitado, no aporta nada innovador ni sobresaliente a su relato de secuestro y obsesión, haciendo predecible cada situación consecuente al punto de repetir acciones y por ende diluir cualquier esbozo de supuesto suspenso, el cual queda rebajado a una tortuosa pista musical que para el espectador funge como único elemento de tensión y terror, rezando por qué el director no la vuelva a usar por cuarta, quinta y sexta vez a lo largo de su inadecuada selección (por desgracia esto se repite hasta la escena final).

Finalmente sobre todo los problemas de estructura y desarrollo, las actuaciones brillan muy por encima dentro de este esperpento fílmico, siendo el principal culpable el bien conocido Mario Casas, el cual se avienta un desempeño digno de telenovela latina y de la barra mexicana de programas como “Lo que callamos las mujeres” o “La Rosa de Guadalupe”. En un forzado y sobreactuado intento por dar la credibilidad a su psicópata, el pobre de Casas logra exactamente todo el efecto contrario, convirtiéndose en uno de los villanos machos opresores y  maltratadores peor actuados y más patéticos de los que tenga memoria el cine. No hay química, no hay un registro dramático lógico y mucho menos un sentido de amenaza de parte de su personaje. En una constante presentación de sus carencias histriónicas, como curiosidad habrá que fijarse en la escena del interrogatorio policial, una secuencia de pena ajena incluso para los más bajos estándares de calidad de Netflix.

El Practicante ni siquiera llega a practicar el suspenso o el thriller, siendo una de las peores propuestas de Netflix de este año (y de varios atrás) y una mancha dentro del buen promedio de calidad de las producciones españoles que últimamente han invadido la plataforma. Una razón más para practicar mudarse de plataforma

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Acerca del autor

El Fett   @El_Fett   cinescopia.com

El más realista y cabrón crítico de cine que pueda existir. Ente sin misericordia que tiene el halago de transmitir a los mortales su sentir y sabiduría en el mejor recinto sobre el séptimo arte. Cinéfilo de corazón y crítico crudo por vocación. Alter ego del Licenciado en mercadotecnia y RRPP Oscar M Rodríguez (FB) Sigueme en twitter @El_Fett


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